“Hola, me llamo David y soy autista”: las reivindicaciones de un ovetense que llegarán a la Junta del Principado
La acuciante necesidad de reconocer el trastorno del espectro autista como una discapacidad social

David Fuente, en la pista finalandesa de Oviedo
David Fuente Rodríguez
Este viernes, 18 de febrero, se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger. El trastorno –que con la terminología actual ha pasado a llamarse oficialmente autismo nivel 1– engloba un conjunto de características de funcionamiento distinto al de las personas neurotípicas que estamos acostumbrados a ver y conocer, generando dificultades para encajar o entender los protocolos sociales y adaptarse a una sociedad que no está diseñada para su forma de procesar la información ni de percibir el mundo. El ovetense David Fuente Rodríguez fue diagnosticado hace cinco años. Este viernes acudirá a la Junta General del Principado, con la psicóloga de la Asociación Asperger Asturias, Gema Trelles, a hablar a los diputados de las necesidades y problemas de las personas como él. Un testimonio que plantea en primera persona en LA NUEVA ESPAÑA.
Hola, me llamo David y soy autista.
Me gusta presentarme de esta manera, quizá por ver las caras de desconcierto que pone la gente cuando lo digo, quizá porque me hace gracia ver cómo se quedan petrificados como si estuvieran ante un gran unicornio rosa cubierto de purpurina que habla, o simplemente quizá porque alguien me dijo una vez que lo que no se conoce, no existe. Pues sí, existimos y SOMOS. Y ¿sabéis qué? Estamos entre vosotros: en la cola del supermercado, en la consulta del médico, ese compañero o compañera de la mesa de enfrente de tu oficina... Compartimos el mismo mundo, aunque la mayoría ni siquiera seáis conscientes de ello.
Hace 40 años ya que nací en la heroica ciudad que dormía la siesta, y aquí sigo, desempeñando mi trabajo de administración en un centro educativo público. Todo un “boomer” como dicen los más jóvenes. Casi 5 años han pasado ya desde que recibí mi diagnóstico de la mano de la Asociación Asperger de Asturias: “Síndrome de Asperger, autismo nivel 1 en la actualidad”.
Este próximo viernes, día 18, con motivo del Día Mundial del Asperger (qué feo y qué desacertado eso de decir síndrome), tendré la oportunidad de charlar con representantes de los diferentes grupos parlamentarios que forman la Junta General del Principado de Asturias. Será la ocasión propicia para exponer una de las mayores reivindicaciones de la comunidad autista: la creación de una discapacidad social. Somos personas viviendo en el ecosistema equivocado, en el vuestro, en el que habéis construido solamente por y para vosotros, obviando a todas las demás realidades existentes en el mismo.
En enero de 2021, en pleno aburrimiento pandémico, descubrí que Twitter servía para mucho más que para discutir e insultarse, me encontré con una comunidad de autistas adultos que, desde todas las partes del mundo, reclamaban lo que nos corresponde: que nos dejen SER.
¿Y por qué no sumarme yo también a aquello? La cantidad de mentiras, estereotipos, enfoques y terapias equivocadas que existen ahora mismo sobre el autismo son tantas que quién mejor que los propios autistas en primera persona para cambiar esa visión tan desfasada, errónea y dañina de nuestra realidad. Este mundo me pertenece a mí igual que a ti y tengo exactamente el mismo derecho a que las cosas estén a mi gusto cómo tú a que estén al tuyo. Ha llegado el momento de igualar la contienda.
Fue entonces cuando decidí comenzar un proyecto de divulgación sobre autismo y educación en las redes sociales. Me podéis encontrar en @SoyAspieyque, intentando dar voz a los que no la tienen, colaborando en una maravillosa comunidad que lucha cada día para conseguir que el mundo sea de todos y para todos. Ojalá algún día nadie más tenga que pasar por lo que nosotros, los ahora autistas adultos, tuvimos y aún seguimos teniendo que pasar. Por todos esos niños, por todas esas niñas... es mi obligación moral hacerlo. No todos somos Sheldon Cooper o Temperance Brennan, es más, casi ninguno lo somos pero, aunque lo fuéramos, las dificultades de vivir siendo un gato en un mundo de pájaros son enormes. No me pidáis que píe, no puedo hacerlo, dejadme maullar, soy excelente en ello.
Sí, soy “aspie”, y ¿qué? No tengo orejas de elfo, ni un cuerno en la frente, no me espera la nave nodriza ni cuento cartas al black jack en el “Venetian”. Solo soy un gato al que le obligan a vivir en un mundo de pájaros. La discapacidad social es el primer paso.
(Un afectuoso saludo a todas mis maestras de Lengua y Literatura que siempre me dijeron que redactaba muy mal).
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