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María Fernández García Delegada del CSIC en Asturias, directora del Instituto de Productos Lácteos (IPLA) y científica

"La burocracia nos consume: hay que explicar la compra de un reactivo 4 o 5 años después"

“Tenemos que estar orgullosos de nuestros investigadores: la ciencia que se hace en Asturias es puntera, muchos jóvenes de fuera quieren venir” | “Como presidenta del CSIC, Rosa Menéndez ha dado visibilidad a nuestro trabajo”

María Fernández, en su despacho. | Luisma Murias

María Fernández García, la máxima responsable del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Asturias, ha llenado de macetas su despacho de la cuarta planta de la Cámara de Comercio de Oviedo. Tiene una decena de plantas, algunas de ellas florecidas, perfectamente colocadas en el alféizar de un enorme ventanal que da a la céntrica calle Quintana.

–¿A qué están hermosas? Las riego todos los días mientras espero a que arranque el ordenador. Es un poco lento...– afirma entre risas.

Fernández (Gijón, 1967) no es botánica, sino microbióloga. Llegó al Instituto de Productos Lácteos (IPLA) en el año 2000 y desde 2016, además de científica, es directora del centro, que a principios del año que viene se mudará de Villaviciosa a La Corredoria. El pasado 31 de enero, esta bióloga ovetense –aunque nació en Gijón, lleva en la capital desde niña– y madre de tres adolescentes cumplió su primer año como delegada del CSIC en Asturias. Sustituyó en el cargo a Ángeles Gómez Borrego, que se trasladó a Madrid para incorporarse al equipo de la asturiana Rosa Menéndez, la presidenta del CSIC.

–¿Qué balance hace de este primer año como delegada?

–El balance es muy positivo. He subido un escaloncito más: ahora ya no solo tengo una perspectiva como investigadora y como directora de un instituto, sino también una visión más global de todo el CSIC asturiano. En este año hemos tenido la suerte de sacar adelante el cambio de unidad a instituto del centro mixto de biodiversidad de Mieres. Y también hemos aumentado la familia incorporando al Centro Oceanográfico de Gijón y al Instituto Geológico y Minero, con oficina en Oviedo. Tenemos centros con temáticas de investigación muy diversas: desde el INCAR, el Instituto Nacional del Carbón, que fue el primero que llegó a Asturias en los años cincuenta, hasta el IPLA, centrado en los alimentos, y el CINN, en los materiales y la salud.

–¿Qué retos se fija para 2022?

–La misión de las delegaciones institucionales son tres fundamentales. La primera, servir de nexo entre el CSIC central y las comunidades autónomas, de tal forma que haya una comunicación fluida con los distintos centros de investigación, el Gobierno y la Universidad. Esto es algo muy relevante en el caso de Asturias porque, al ser una comunidad pequeña, debemos remar todos en la misma dirección. La segunda, favorecer la transferencia de conocimiento a las empresas. Y la tercera gran pata es la divulgación científica: acercar nuestras investigaciones a la sociedad. Estamos haciendo mucho esfuerzo por llegar a los colegios, a los niños, y trabajar también con los profesores. No se trata de intentar que todos lleguen a ser científicos, pero sí de despertar en ellos el interés y el espíritu crítico.

–¿Tiene alguna nueva iniciativa divulgadora en mente?

–La última Semana de la Ciencia la hicimos en Somiedo a través del Instituto Mixto de Biodiversidad y fue una experiencia estupenda. Queremos seguir apostando en esta dirección y no quedarnos solo en los núcleos urbanos. Por otro lado, llevamos varios años pidiendo un proyecto a la Fecyt –y no tiramos la toalla– para adaptar la divulgación científica a las personas con discapacidad. Por ejemplo, a las que tienen dificultades auditivas. Es un reto que tenemos ahí: hacer la ciencia lo más inclusiva posible.

–¿Cuántos investigadores tienen a día de hoy?

–Somos un total de 244 personas entre personal investigador, técnico y de administración repartidos por seis institutos, que están distribuidos por toda la geografía asturiana: Oviedo, Gijón, Villaviciosa, Mieres, Sotrondio, El Entrego... La plantilla ha crecido en el último año, gracias a varias convocatorias de contratación de personal.

–¿Hay posibilidades de que el CSIC en Asturias siga aumentando?

–Esperamos que sí, siempre que haya nuevos proyectos en marcha. Tenemos encima de la mesa una oferta de empleo público de 350 plazas para todo el CSIC en la escala de científico titular, y contamos con que algunas vengan para Asturias. A finales del año pasado se incorporó al CINN un científico procedente del País Vasco que fue merecedor de una beca ERC (del Consejo Europeo de Ciencia, una de las más prestigiosas). Y al IPLA se ha sumado un investigador del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega. Son semillas que permiten que los grupos crezcan.

–¿Cuántos proyectos europeos tienen en marcha?

–Hay dos o tres en el INCAR, y otro más en el IPLA. Hay que resaltar también que desde el Instituto Nacional del Carbón, la investigadora Clara Blanco coordina una plataforma interdisciplinar sobre transición energética que ha recibido fondos europeos. Son más de treinta grupos de investigación de toda España y, en el marco de esta alianza, se creará una pequeña planta piloto en el INCAR y un hidrogenera (estación de hidrógeno) en la autopista de Oviedo a Madrid.

"Vi crecer como científico al Consejero: es una persona muy trabajadora, entusiasta y que hace equipo; esa filosofía la ha llevado al Gobierno"

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–¿Cree que Asturias es atractiva para los científicos?

–Sin duda es una comunidad muy agradable para vivir. Y si a eso le sumamos que tenemos una masa crítica de investigadores... La gente se animará a venir. Lo que busca un científico es estabilidad a largo plazo, no sirve con captarlo para un año, y de ello son conscientes en la Consejería. La investigación que se hace desde los centros del CSIC de Asturias es puntera; tenemos que estar muy orgullosos de nuestros científicos. En los rankings mundiales aparecen asturianos, como Abelardo Margolles, del IPLA, o Mario Fernández Fraga, del CINN. El tejido está ahí y las posibilidades también. Tenemos investigadores pre y postdoctorales de distintos países interesados en venir a nuestros laboratorios.

–¿Cómo lleva compatibilizar la delegación del CSIC con la dirección del IPLA?

–Los días son largos pero, afortunadamente, en la delegación tengo a profesionales estupendos. Las cosas salen fruto de la colaboración. Y la dirección de un instituto es complicada, laboriosa... Le dedico muchas horas, pero nuevamente no es trabajo de una sola persona, sino de las 62 que hoy componen el IPLA.

–¿Echa de menos los laboratorios?

–Por un lado sí. Por otro, me siento afortunada de poder disfrutar del éxito y del trabajo que hacen otros. Me parece una gran suerte poder conocer de primera mano lo que hacen nuestros investigadores, además en campos tan alejados para mí por mi formación. Aprendo muchas cosas.

–¿En qué ha beneficiado al Principado tener una presidenta asturiana del CSIC (Rosa Menéndez)?

–Creo que nos ha dado mucha visibilidad, porque ella es una asturiana muy orgullosa de su tierra. Y también ha aportado otra visión al venir de un centro de investigación ubicado en la periferia. La vida de los institutos del CSIC del centro de Madrid es muy diferente a la que hay aquí. Por otro lado, a los investigadores Rosa Menéndez ha aportado cordialidad, ganas de hacer, empuje, entusiasmo y trabajo en grupo. Todos sumamos para la gran familia del CSIC.

–Ha compartido laboratorios con el consejero de Ciencia, Innovación y Universidad. ¿Cómo es Borja Sánchez?

–Yo llegué al IPLA en el 2000 y yo creo que fue el año en el que el Consejero inició su tesis doctoral. He tenido la suerte de verle crecer como investigador. Él recorrió todos los pasos de la carrera científica: la tesis, el postdoc, el Ramón y Cajal, la plaza de científico titular... Y también ha vivido en su propia piel los inconvenientes de la carrera investigadora. Presentarse a un montón convocatorias porque no sabes lo que te van a dar y lo que no. El Consejero es una persona muy trabajadora, con un entusiasmo que contagia y de esa gente que hace equipo. Pienso que esa filosofía es la que ha llevado al Gobierno. Y estamos viendo cambios. Pero ya solo tener como Consejero de Ciencia a un investigador es un lujo para el Principado, porque conoce de primera mano las necesidades y los problemas de la investigación.

–¿Cómo valora su gestión? Por ejemplo, una de sus grandes apuestas es crear este año una Agencia de Ciencia.

–El Consejero ha partido de cero con un departamento de Ciencia y eso ya es muy complicado. Pienso que es un éxito que la ciencia forme parte de los debates de la Junta y del Consejo de Gobierno. A partir de ahí hemos visto buenas propuestas, como la necesidad de crear un calendario de convocatorias; algo que él ha sufrido. La Agencia va en esa dirección y en la de optimizar recursos. Somos afortunados.

–¿Qué opinas de la nueva ley de Ciencia, recién aprobada en Consejo de Ministros?

–Demandábamos desde hace muchos años una nueva ley. Nunca nada es perfecto y hay cosas que nos generan más incertidumbre, como ese científico titular que desaparece y se sustituye por un “tenure track”. Tenemos que ver cómo se desarrolla todo. Pero una de las quejas generales del mundo de la investigación es la burocracia, que nos tiene consumidos. Invertimos un tiempo tremendo en cosas que deberían hacerse de manera más sencilla y ágil. Así que si la ley de ciencia soluciona eso, bienvenida sea. La carga burocrática ha crecido tremendamente en los últimos años.

–¿Puede poner un ejemplo?

–La justificación de proyectos. Pasados cuatro o cinco años después de haberlos desarrollado, hacen una auditoría y el auditor no es del mundo científico y te viene con un montón de papeleo. No entiende por qué has comprado esto o aquello. Es un poco agotador. Tienes que explicar hasta por qué compraste un reactivo de 45 euros. Yo entiendo que el dinero público hay que gastarlo bien pero no sé si alguien se ha parado a pensar todo lo que conlleva: cuatro años después hay que justificar un gasto de 45 euros que primero pasa por un administrativo en el CSIC central, luego por otro administrativo en nuestro instituto y finalmente llega al investigador. Si alguien cuida especialmente el dinero público ese es el investigador. Para nosotros es oro y somos los mayores interesados en aprovecharlo al máximo. Creo que la fiscalización es a veces excesiva.

El último gran fichaje para los laboratorios asturianos: un físico del Ikerbasque

Después de recorrer los laboratorios de medio mundo –Alemania, Japón, California, Madrid y País Vasco–, el físico Dimas García de Oteyza ha recalado en Asturias. En concreto, en el Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología (CINN), con sede en El Entrego. García de Oteyza, madrileño de 44 años, es el último gran talento científico que ha captado el Principado. Fue beneficiario en 2014 de un proyecto de cinco años del Consejo Europeo de Ciencia (ERC) dotado de 1,9 millones de euros y tiene publicados más de 90 artículos científicos. Hasta el pasado mes de diciembre fue profesor Ikerbasque –la Fundación Vasca para la Ciencia, que ha logrado atraer a 240 científicos de 30 países– en el Centro Internacional de Física de Donostia. Ahora forma parte de la plantilla del CSIC.

La pregunta es: ¿Qué le ha llevado a García de Oteyza a hacer las maletas y plantarse en Asturias? Con el añadido de que no tiene ninguna vinculación con la región. El físico contesta: “Decidimos mudarnos a Asturias por un cúmulo de motivos laborales y personales de toda la familia. Aunque seamos de Madrid somos unos enamorados de la Cornisa Cantábrica y en concreto en Asturias me pusieron muchas facilidades para dar el paso y traer aquí mi laboratorio”. Lo está montando en el campus universitario de Mieres con ayudas de proyectos nacionales.

¿Qué investigará De Oteyza en el CINN? La síntesis de grafenos funcionales. “Las funcionalidades que buscamos abarcan desde la emisión de luz, a sus propiedades semiconductoras o magnéticas, todo ello dirigido a aplicaciones en sensores, nanotecnología o dispositivos cuánticos”. El físico madrileño opina que “sin duda Asturias puede ser una comunidad atractiva para los científicos”. Y se explica: “Tiene una buena universidad y grupos de investigación excelentes, de reconocido prestigio internacional, en universidad e institutos de investigación. Eso es más que suficiente para actuar como núcleo de atracción de talento, si bien las opciones de crecer científicamente al final requieren y dependen de un esfuerzo económico mantenido en el tiempo”.

Dimas García de Oteyza tiene un curriculum de lujo. Estudió Física en la Universidad Karl Von Ossietzky de Alemania, aunque acabó graduándose en la Complutense de Madrid en 2001. Tras ello, inició el doctorado en la Autónoma de Madrid y acabó realizando el trabajo experimental en el Instituto Max Planck de Alemania. Durante el doctorado hizo una estancia en el National Institute for Materials Science de Japón, a donde volvió en cinco ocasiones más. En su etapa postdoctoral estuvo el Centro Internacional de Física de Donostia, en el Lawrence Berkeley National Laboratory y en la Universidad de California. En 2013 volvió España, a la Universidad del País Vasco, y en 2014 entró en el Centro de Física de Donostia.

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