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Pasión de gavilanes a ritmo de zarzuela

El estreno del clásico de Jacinto Guerrero, que anoche abrió el Festival de Teatro Lírico Español, entusiasma al público, que llenó el teatro Campoamor

Àngel Òdena, Beatriz Díaz y Carmen Solís, en una escena de “Los gavilanes”. | MIKI LÓPEZ

La pasión de Juan el indiano por la hija de su amor de juventud y la visceral reacción de todo un pueblo contra el deseo antinatura del viejo “gavilán” encandiló anoche al público que llenó el teatro Campoamor para asistir al estreno de “Los gavilanes”, el clásico de la zarzuela debido al talento de Jacinto Guerrero, y que abrió la vigésima novena edición del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo.

La obra se presentaba en el Campoamor con un reparto de quilates. El barítono Àngel Òdena, fresco aún su triunfo en aquel “Nabucco” que abrió la última Temporada de Ópera, encabezaba el plantel construyendo un Juan contradictorio y humano, cautivo de las añoranzas de su juventud y que, como aquel desdichado O’Malley del filme “El último atardecer”, aspira a vencer al tiempo y a sus propias frustraciones conquistando, con su jugosa chequera, a una adolescente. Frente a él, la soprano Carmen Solís daba doliente vida a Adriana, víctima por partida doble de las maquinaciones de Juan y de su propia madre: primero como antigua amante desechada, y luego como madre preocupada por el bienestar de su hija.

El público que llenó anoche el Campoamor para el estreno. | Irma Collín

Beatriz Díaz retornaba al rol de Rosaura quince años después de su primera exploración, logrando dotar al personaje de toda esa efervescencia adolescente que la define, y luciendo una química absoluta con José Bros, el último vértice de este doble triángulo que anida en el alma de “Los gavilanes”, imbuido de su habitual solidez en el templo de la lírica ovetense. Y flanqueando a los cuatro protagonistas, una buena nómina de actores que dotó de gran comicidad diversos pasajes de la obra.

Oviedo Filarmonía, dirigida con buena mano por Miguel Ángel Gómez Martínez, se lució en la interpretación de las hermosas melodías de la zarzuela de Guerrero, que armaron un espectáculo ágil y dinámico, que concentró en hora y cuarenta minutos toda esa historia de amores cercenados y pasiones egoístas, y que se cerró con un teatro rendido, repartiendo ovaciones a todo el reparto. Una celebración con la que el público se reconcilió, también, tras el ya habitual duelo de aplausos y pateos que motivó, antes de la representación, la locución en asturiano.

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