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La Nueva España

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Efectos de la pandemia

El aumento de suicidios pone en guardia a los filipinos de Barcelona

La comunidad pidió ayuda al CAP Raval Nord, que formó a referentes del barrio para detectar las señales de alarma

Seis líderes de la comunidad filipina del Raval que han sido formados en salud mental por el CAP Raval Nord, con Emily Silang en primer plano.

La comunidad filipina del Raval se alertó a mediados del año pasado. En todo 2021, se produjeron cinco suicidios y un intento en personas de esta nacionalidad, cuatro de las cuales residían en el Raval y dos, en Zona Franca. Puede parecer una cifra pequeña, pero el año anterior, en 2020, hubo solo uno, igual que en 2018 y 2017. En 2019 directamente no hubo ninguno. En lo que llevamos de 2022, se produjo otro hace unas semanas.

El empeoramiento de la salud mental es general en la población, pero golpea más fuertemente a colectivos vulnerables como el de los inmigrantesEn los últimos dos años, los centros de atención primaria (CAP) han visto un aumento del 10% de los diagnósticos de salud mental en los barrios pobres, donde hay más inmigración, pese a que en toda Barcelona estos han disminuido, pues la ciudadanía ha consultado menos a sus médicos de cabecera al estar volcados con el covid-19.

Los CAP han visto aumentar el 10% los diagnósticos de salud mental en los barrios pobres, donde hay más inmigración

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En el Raval, esta cantidad de suicidios en un corto espacio de tiempo y en filipinos (hombres, sobre todo) jóvenes y con hijos, levantó todas las alarmas. El Equip d'Atenció i Mediació Intercultural i Sociosanitari (Eamiss), que representa a la comunidad filipina en el Raval, cree que detrás de esta realidad hay un "tema emocional". La salud mental entraña todavía un gran estigma en esta población y pedir ayuda a un psicólogo está mal visto. "No se habla mucho y la familia no te lo explica. Pero creemos que es por la crisis económica", explica Jossie Rocafort, presidenta de Eamiss.

Eamiss, abrumada por esta realidad, pidió ayuda al CAP Raval Nord y juntos montaron un proyecto para prevenir los suicidios entre los filipinos. Se llama 'Impacte d'una intervenció comunitària per prevenir el suïcidi en la comunitat filipina a Barcelona'. En él, un grupo de 10 personas fueron formadas por el CAP, en tres sesiones celebradas entre febrero y marzo, para detectar, desde dentro de la comunidad, quién tiene problemas de salud mental y ofrecer ayuda. Son personas "referentes" del barrio vinculados a asociaciones. Una de ellos es Emily Silang, quien, además de tener una empresa de seguros en el barrio, es miembro de la entidad Philippine Guardians Brotherhood.

"El objetivo es identificar cuándo una persona puede estar presentando señales de riesgo de suicidio. Lo haremos a través de las asociaciones. Les daremos esta información a todos los líderes de la comunidad filipina de cada asociación", explica Silang. Ella atribuye el aumento de suicidios a "razones económicas".

Una sesión de formación del proyecto para prevenir suicidios en la población filipina del CAP Raval Nord.

Una demanda de la comunidad

La enfermera del CAP Raval Nord Rocío Albuixech destaca que, aunque con la pandemia ha habido un aumento de las consultas de salud mental, la idea de crear este proyecto fue una "demanda de la población filipina". Fueron ellos quienes pidieron ayuda al CAP. "Nosotros habíamos visto, sobre todo, más intentos que años anteriores. Pero fue Jossie quien nos preguntó si podríamos hacer algo", dice Albuixech. Los médicos esperan que esta iniciativa de los filipinos, que han pedido ayuda de manera proactiva al CAP, sirva de ejemplo a otras comunidades.

Según ella, especialista en salud mental, el aspecto social es, en los últimos tiempos, el que más factores de riesgo de suicidio está teniendo. "Los filipinos se dedican mucho a la hostelería, un sector que se ha visto muy afectado por la pandemia", añade la enfermera.

"Aquí te puedes encontrar un camarero que en Filipinas es ingeniero. Pero aquí trabajamos en el servicio doméstico o en la hostelería", dice la comunidad filipina

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La formación de estos 10 guardianes de la comunidad filipina consistió en dotarlos de herramientas básicas para detectar señales de alarma en miembros de la comunidad. "Por ejemplo, saber qué preguntar a esa persona que está pasando un mal momento. Muchas veces el suicidio es algo impulsivo, por eso es importante ganar tiempo", señala Albuixech.

La realidad que se esconde detrás de la comunidad filipina es muy parecida a la del resto de poblaciones inmigrantes. "Trabajamos muchas horas. Te puedes encontrar aquí un camarero que en Filipinas es ingeniero. Pero aquí trabajamos en el servicio doméstico, como camareros o como cocineros", explica Rocafort. Hay, continúa, mucha "frustración" en la comunidad; entre otras cosas porque, además de trabajar para subsistir ellos mismos, suelen enviar dinero a las familias que aún viven en su país de origen.

Más vulnerabilidad

La pandemia de covid-19 ha empeorado la salud mental de la población general, pero se ha cebado más aún con la de los grupos vulnerables. Uno de ellos son los inmigrantes. Los diagnósticos de salud mental en los barrios de Barcelona con un nivel socioeconómico bajo han aumentado un 10% en los últimos dos años, según la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (Camfic). Son los barrios donde hay más personas inmigrantes.

La primaria está viendo en inmigrantes muchas depresiones moderadas y ansiedad generalizada, que necesitan tratamiento farmacológico

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"Nosotros, a la hora de recoger los datos, no diferenciamos entre personas migrantes y de aquí. Pero hemos visto que, aunque en Barcelona ha disminuido el registro de diagnósticos de salud mental en los CAP en los últimos dos años -como ha ocurrido con todas las patologías-, en los barrios más pobres, donde hay más personas migrantes, han aumentando un 10%", señala Iris Alarcón, secretaria de la junta de la Camfic.

Los pacientes, explica Alarcón, han consultado menos a su médico de cabecera, de ahí esa disminución de diagnósticos. La primaria ha estado volcada con el covid-19. "Sin embargo, en los barrios con personas migrantes hay más patología y han tenido que consultar más. Sobre todo vemos depresiones moderadas y ansiedad generalizada, que necesitan tratamiento farmacológico", dice Alarcón.

La precariedad vital

El Hospital de Día para adolescentes de la Fundació Sant Pere Claver, donde el 50% de pacientes son inmigrantes, han visto cómo, en lo que va de año, un 65% de sus jóvenes han tenido algún intento de suicidio. Este porcentaje fue del 60% en todo 2021. "En lo que llevamos de pandemia, vemos más intentos de suicidio, sobre todo en chicas. También más trastornos alimentarios, alteraciones del sueño, absentismo escolar, irritabilidad y aislamiento social...", apunta Sònia Soriano, psicóloga clínica y coordinadora de este hospital. 

La institución constata que las "dificultades económicas" aumentan la incidencia de los gestos autolíticos. "Vemos procesos de migración recientes. Son personas que acaban de llegar a Barcelona, hay familias con cargas económicas", dice por su parte Berna Villarreal, trabajadora social y coordinadora del Institut Docent i Recerca de Sant Pere Claver. El entorno (la precariedad laboral, la vivienda) influye, coinciden ambas, si bien lo hacen también otros factores, como la socialización o la falta de una perspectiva de futuro.

El impacto de la pandemia en la salud mental ha sido mayor en las mujeres inmigrantes: ellas han estado en la primera línea de los cuidados y son las que más trabajan en la economía sumergida

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El Programa Atenció a la Salut Mental de les persones Immigrades (Satmi), del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, que lleva atendiendo a inmigrantes desde 1997, también da cuenta de un empeoramiento de las condiciones de vida en los últimos años. "Hay más gente en la calle, más permisos de residencia... Si la pandemia ha impactado en toda la población, imagínate en las personas migradas", apunta la psiquiatra Yolanda Osorio, una de las fundadoras del Satmi.

Satmi atiende a inmigrantes que sufren alguna patología psiquiátrica. "Han pasado viajes muy traumáticos y, una vez que llegan aquí, no tienen acceso a la vivienda ni papeles. Acaban manifestando problemas de salud. Aparecen más sufrimientos mentales y, dentro de ellos, el suicidio", añade Osorio. El Satmi está viendo, sobre todo, cuadros depresivos, somatizaciones y algunos cuadros psicóticos.

Además de en las personas migrantes, el impacto de la pandemia en la salud mental ha sido mayor en las mujeres. Ellas han estado en la primera línea de los cuidados y han tenido una gran sobrecarga de trabajo. Además, las mujeres inmigrantes son las que más puestos de trabajo desarrollan en la economía sumergida. "Con la pandemia se han quedado desprotegidas, sin apoyo económico", dice la directora de la Fundació Surt, Sira Vilardell.

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