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Dejar de fumar engorda, pero solo dos kilos con el método de la Universidad de Oviedo

Un programa para fumadores con sobrepeso, que forma parte de un estudio de adicciones, minimiza el riesgo de renunciar a la deshabituación o sufrir recaídas por el efecto sobre la figura

¿Dejar de fumar engorda? Los estudios dicen que sí; que la persona que deja el tabaco coge de media cuatro kilos. Pero no siempre: habrá quien hasta pierda algún kilo y quien, lamentablemente, engorde más de diez. Ante eso la Universidad de Oviedo está testando, con éxito, un programa de deshabituación tabáquica entre población fumadora obesa o con sobrepeso, y está comprobando que con pautas conductuales y sin medicación se puede rebajar mucho esa media de engorde. Algo importante si se tiene en cuenta que el miedo a engordar es una barrera para dejar de fumar, y más en mujeres con insatisfacción corporal.

“A día de hoy aún estamos analizando los resultados de trabajo con 120 fumadores con sobrepeso, pero la retención en el programa es buena, dejan de fumar en un gran porcentaje y, en cuanto al peso, estamos en un incremento en torno a 2 kilos. Así que concluimos que las personas que dejan de fumar con este programa parece que incrementan el peso, pero en una cifra inferior a la que normalmente se encuentra en estudios previos”.

Lo explica Gloria García Fernández, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, que junto con Andrea Krotter Díaz, investigadora del Grupo de Conductas Adictivas, contaron sus logros en la primera sesión del ciclo de conferencias “Adicciones en la sociedad actual: un mismo problema y distintas poblaciones”.

Por la izquierda, Gloria García y Andrea Krotter. | Irma Collín A. Rubiera

Su intervención, en una charla titulada “¿Dejar de fumar engorda? Mitos y realidades”, abordó precisamente la relación que existe entre fumar y la regulación del peso y la alimentación, y añadió los logros del proyecto de investigación en la que está inmerso el grupo de adicciones asturiano desde hace dos años, con financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Asegura Gloria García que es sabido que el tabaco influye en que las personas fumadoras pesen, de media, “un par de kilos menos que si no fumasen”. Se presupone que tiene que ver con el hecho de que el tabaco suprime el apetito y también hace que el metabolismo vaya más rápido. Pero mirando a quienes dejan de fumar y cogen muchos kilos de más, entonces se piensa que “hay otros factores que influyen: que usaban el tabaco para suprimir el hambre, que dejar de fumar les provoca ansiedad y lo palíen con la comida…”, encadena García.

Lo cierto es que son muchos los fumadores para quienes el tema de los kilos es disuasorio a la hora de dejar su adicción. Por eso se pensó en comprobar la eficacia de un programa de deshabituación completamente psicológico, sin fármacos ni sustitutivos, de los conocidos como de reducción gradual de la ingestión de tabaco. Dura ocho semanas y al paciente se le dan pautas para reducir de forma gradual el consumo de cigarrillos. Hasta ahí, nada nuevo. La novedad que incluyeron los investigadores de Oviedo es que “el programa lo hemos adaptado a población con sobrepeso y añadimos un plan de mejora de alimentación y de ejercicio físico, también graduales, que permiten que revisemos que el fumador está más activo, lleva una dieta mediterránea y distingue cuándo se está haciendo una ingesta por hambre, de cuando la hace por un componente emocional o porque tienen mucha comida apetecible cerca. Es así como intentamos evitar picoteos y atracones. Son todo pautas conductuales”, explica Gloria García.

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