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La ópera invisible, cabeza de cartel: el homenaje de la temporada a los abonados y profesionales

La temporada lírica de Oviedo homenajea en los afiches de sus títulos a los abonados y profesionales anónimos que hacen posible que el espectáculo cobre vida en el Campoamor

Detalle del cartel de "Norma". Opera de Oviedo / Muel de Dios

Cuando uno piensa en la Temporada de Ópera de Oviedo, viene a la cabeza Ermonela Jaho interpretando “un bel di, vedremo” en “Madama Butterfly”, a Stuart Skelton claudicando en el segundo acto de “La valquiria”, a Óliver Díaz dirigiendo a la orquesta desde el foso o a Emilio Sagi presentando uno de sus innovadores, desafiantes, montajes. Pero más allá de intérpretes, compositores y tenores, existen figurantes, teloneros o acomodadores para que el público, como receptor último, pueda colarse en el París de 1840 que retrata “La Bohème” o en la oscura mente de Lucrezia Borgia. A estos operarios, en ocasiones invisibles, ha querido rendir homenaje la nueva temporada de la Ópera de Oviedo, que coincide con su septuagésimo quinto aniversario. “La dama del alba”, “Norma”, “Don Giovanni”, “Hamlet” y “Ernani” son, por orden de estreno, los títulos que componen la oferta y para su promoción la Fundación Ópera de Oviedo ha elegido a seis personas anónimas vinculadas a la temporada. Son los rostros que representan a esos engranajes invisibles pero imprescindibles que hacen posible el milagro de la Ópera de Oviedo.

El fotógrafo Muel de Dios realizó los retratos para los carteles de esta campaña, tomando como modelos a cuatro trabajadores de la Fundación (más el marido de una de ellas) y un abonado de la temporada. Seis personas poco habituadas a las cámaras y con un ilustre personaje que interpretar, unidas por la pasión por la música. “Todas la imágenes tienen alguna pista escondida que habla sobre la labor que desempeña cada uno”, explica De Dios. Él, acostumbrado a elegir a quienes pasan por su objetivo, aceptó sin dudarlo al conocer que en esta ocasión los elegidos eran personas anónimas pero íntimamente involucradas con la temporada. “Se trata de una sesión que pasará a formar parte de su historia personal. Llevo muchos kilómetros de recorrido en esta profesión y sé que lo más importante es que se sientan cómodos”, asegura el fotógrafo, quien planteó cada una de las sesiones –que les llevaron horas, con muchos flashes y una buena sesión de vestuario y maquillaje–, como si se tratase “de un juego”. Así es como se consigue lo mejor de cada persona, asegura el fotógrafo, un retratista que, como los mejores pintores, es capaz de capturar el alma del modelo con su objetivo.

Cristina Langa subió por primera vez a las tablas del Campoamor con tan solo seis años, cantó con el coro Divertimento en una zarzuela y partir de ahí el espectáculo la “enganchó de por vida”. Ahora tiene 25, dirige la coral infantil en la que comenzó, culmina la carrera de piano, cuenta con su propio abono y es mecenas al igual que su madre. El lunes se vio en carteles y marquesinas de autobuses como una “Dama del alba” versión gato de Schrödinger, viva y muerta a la vez; al menos así es como ella preparó su personaje: “Me leí la obra antes de ir a Gijón a ver a Muel. Es un papel muy ambiguo y así quise representarlo en las fotos. Él hizo el resto y fue muy fácil”, cuenta sobre el primero de los títulos que llegarán al escenario. “Cuando me contaron la idea me pareció maravilloso. Es dar a conocer todo lo que hay detrás de la ópera, todo lo que implica”.

Cristina Langa, en el cartel de "La dama del alba". Ópera de Oviedo / Muel de Dios

Después llega la sacerdotisa “Norma”, con su alter ego Irene Argüelles. Primero fue figurante en “Rigoletto” y “Las bodas de Figaro”, y tanto le gustó que decidió permanecer cerca del escenario: trabaja como acomodadora desde hace más de tres años. Un empleo que le permite,siempre que puede, presenciar las funciones una y otra vez: “La ópera me encanta y esta temporada tengo que verla entera”, asegura. No se lo pensó dos veces ante la propuesta, cuando Celestino Varela, director general de la Ópera de Oviedo, le ofreció participar. Creyó, reconoce, que sería “un proyecto más pequeño” y al verlo hecho realidad el impacto fue de grandes dimensiones. Muel le contó por teléfono la idea y ella se dejó hacer encantada: “Ha sido realmente cómodo”.

Irene Argüelles, en el cartel de "Norma". Ópera de Oviedo / Muel de dios

“Don Giovanni” pasea por Vetusta sin que nadie haya reparado en su presencia. Marcos Carreño es avilesino de origen y médico de profesión. Sin embargo, por una temporada será ese Don Juan basado en “El burlador de Sevilla”. Es abonado a la Temporada de Ópera desde hace más de una década y al principio dudó ante la idea de verse retratado por las calles de Oviedo, pero “le debía tanto a la ópera” que solo podía responder que sí a esa deuda de años de emociones. Rompió la timidez, escuchó la obra durante varios días consecutivos en casa, para después presentarse en el estudio con su mejor mirada de conquistador y una galantería de época. ¿El resultado? Una anécdota que guardar para la posteridad; aunque por ahora ni sus familiares le han recocido. La promoción era un secreto el conquistador mantuvo: “Todo sea por la música”.

Marcos Carreño, en el cartel de "Don Giovanni". Ópera de Oviedo / Muel de Dios

Hamlet y Ofelia están casados. Son Irene Vuelta y Borja Fernández. La primera trabaja en las oficinas del Campoamor; el segundo se dejó embaucar por su esposa. Vuelta siempre fue una apasionada del género, realizó las prácticas en la administración del teatro y en cuanto tuvo la oportunidad de volver no dudó en hacerlo. “Creo que la ópera es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida”, y esta será la primera que vea “Hamlet” de viva voz. La idea de enseñar lo que se encuentra entre bambalinas y hace posible que siga el show, animó a la pareja a lanzarse al proyecto: “Antes de ir al estudio nos informamos de todo, aunque el fotógrafo ya tenía los personajes interiorizados en su cabeza y solo hubo que seguir sus instrucciones”.

Irene Vuelta y Borja Fernández, en el cartel de "Hamlet". Ópera de Oviedo / Muel de Dios

“Ese malencarado de barba y chistera soy yo”, afirma Mariano Rodríguez sobre “Ernani”. Empezó descargando camiones de material para los espectáculos y terminó como maquinista de telón en el año 98. Desde entonces ha viajado por diferentes plataformas para dar vida a las narraciones, aunque se queda con el Campoamor: “Llevo aquí media vida y es increíble el equipo técnico que tiene”. Cuanto más trabaja más le apasiona la ópera: “me gusta atender durante las funciones”, cuenta, aunque no lo hace desde la posición más adecuada. En esta ocasión tendrá la suerte de ver la versión operística de Verdi “a estrenar”, ya que es la primera vez que se representa en el casi un cuarto siglo que lleva abriendo y cerrando cada función.

Mariano Rodríguez, en el cartel de "Ernani". Ópera de Oviedo / Muel de Dios

Si se encuentra con una de estas caras, fíjese bien porque esconden los detalles que hacen posible celebrar casi un siglo de eventos. Objetos, que en épocas de Shakespeare o Victor Hugo eran inimaginables y hoy dotan al público de representaciones inolvidables. Simples, pero con una característica función: una linterna, un carné de socio, una teléfono móvil, un diapasón y las cortinas de un telón. Son objetos que revelan al modelo tras la máscara, a esas personas anónimas pero imprescindibles para que la Ópera de Oviedo haya alcanzado su 75.ª edición. Y todas las que vendrán.

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