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Asturias exporta talentos

Elvis García anima a impulsar la inversión “con cabeza, enfocada al desarrollo rural”

“Busquemos las fortalezas de la región y explotémoslas con sentido, no buscando ‘Guggenheims’ a corto plazo, que así nos va”

Elvis García, ante la biblioteca principal de la Universidad de Harvard.

Elvis García (Zúrich). Nació en Pola de Lena en 1977. Es ingeniero industrial por la Universidad de Oviedo, máster en Arquitectura por la Universidad Europea, en Ciencias Políticas por la Complutense y master y doctor en Salud Pública por Harvard. Experto en epidemias, colaboró con Médicos Sin Fronteras en conflictos en África y Oriente Medio. Actualmente trabaja en el acceso a vacunas para poblaciones desfavorecidas para la compañía farmacéutica japonesa Takeda.  

Elvis García anima a impulsar la inversión “con cabeza, enfocada al desarrollo rural”

–¿Elvis, por el rey del rock?

–Por lo que tengo entendido, mis padres no tenían pensado nombre de niño porque esperaban una niña. Casualidades de la vida, Elvis Presley falleció al día de nacer yo... y por qué no.

Elvis García se dedica en Zúrich (Suiza) a asuntos de salud global y ha estudiado y trabajado en los centros de referencia mundial dentro de su ámbito: Médicos Sin Fronteras en las ONG, Harvard en el mundo académico, la fundación Bill & Melinda Gates en cuanto a la filantropía, y actualmente Takeda en farmacéuticas.

Conozcamos Zúrich de su mano: “Es un lugar de postal, centro medieval, calles impolutas, el lago, tranvías puntuales, la gente sigue las normas… casi demasiado perfecto, lo que hace que todo sea muy predecible. ¿Esto es bueno o malo? Para el carácter español puede resultar un poco aburrido hasta cierto punto, pero yo he descubierto que hace que los niveles de estrés se reduzcan mucho y que la calidad de vida aumente”.

Subimos al tranvía de la memoria: su infancia en Asturias rebosaba una sensación “de libertad. De aquella te pasabas más tiempo en la calle que en casa y no había demasiadas limitaciones más que tu imaginación. Vamos, una infancia como la de cualquier otro guaje asturiano de hace 30 años en un pueblo de la Cuenca, muy feliz. Con la suerte añadida de que mi familia tenía una panadería donde podía comer todos los bollos preñaos que quisiera. Soy de Lena, de la generación que vivió el cierre progresivo de las minas, que nos dieron mucho pero que quizá también nos quitaron demasiado. Y cuando tuvimos la oportunidad de reinventarnos, gracias a los fondos mineros, en lugar de tener un plan maestro que definiera lo que queríamos ser en el futuro, dejamos que el dinero se diluyera hasta desaparecer y quedarnos como estábamos, y sin minas. Ahora vuelven las subvenciones a través de los fondos europeos de recuperación. Me gustaría creer que hemos aprendido”.

Comenzó a viajar por el mundo “a los 16 años. Esto me sirvió para darme cuenta de que hay vida más allá del Negrón. Tendemos a decir que como Asturias no hay nada, y no voy a ser yo quien diga lo contrario, pero a la vez, salir de aquí te abre la mente, es un intangible que no se aprende en clase”.

¿Y qué se echa de menos? “Parece una perogrullada, pero lo que más se extraña es la gente. No sé si somos conscientes de lo afortunados que somos con el carácter de nuestro pueblo, la cohesión social que se respira y el placer que es simplemente tomarse una sidra en una plaza. Son esas pequeñas cosas que pasan desapercibidas las que hacen Asturias tan especial”.

El mayor obstáculo al salir fuera “es psicológico, el miedo a no estudiar una buena carrera, a no tener un trabajo estable, a irse lejos de casa… Yo estudié Ingeniería en Gijón, leí el proyecto un 22 de diciembre y a finales de enero estaba haciendo las maletas para irme a Liberia con Médicos Sin Fronteras. Jamás trabajé de ingeniero industrial. Y jamás me arrepentí. No solo porque encontré mi vocación, sino porque me ayudó a ver el mundo de primera mano y a relativizar las cosas. Hoy en día, que tenemos la impresión de tener toda la información al alcance de un click, es más necesario que nunca el salir a descubrir el mundo por nosotros mismos”. Y aconseja a quien quiera imitarlo “que no tenga miedo a salir de la región. Que invierta en formarse más allá de la Universidad. Que aprenda idiomas (cuantos más mejor), que aprenda a hablar en público, que se apunte a grupos de debate, de negociación. Hoy en día es necesario tener más competencias que las meramente técnicas. Por desgracia, esos ‘soft skills’ son la gran cuenta pendiente de los profesionales españoles. La buena noticia es que todo se puede aprender”.

Vive “casi a los pies de los Alpes. Y no puedo evitar pensar habitualmente en los paralelismos entre ambas regiones. Algo que me llama mucho la atención es que mientras en Asturias hemos apostado como dogma de fe por la preservación del entorno natural, Suiza ha ido en otra dirección, ha desarrollado el entorno poniendo fábricas y trenes en todos los pueblos, y teleféricos y hoteles en los picos más remotos. Es normal un sábado por la mañana ver a decenas de personas caminando por la calle –equivalente a Uría en Oviedo– con sus equipos de esquiar para coger el tren que te lleva a cualquier estación de los Alpes. Con esto quiero decir que el desarrollo no debe estar reñido con la preservación del entorno natural. Solo hay que encontrar el balance adecuado”.

Cuando se habla del desarrollo regional “enseguida lo conectamos con las nuevas tecnologías y, por supuesto, esto viene de la mano de ‘incubadoras de start-ups’ queriendo emular el concepto Silicon Valley o MIT. En papel suena bien, pero sin una conexión empresa-Universidad que funcione o una coyuntura legal o impositiva que lo facilite, esto es una utopía en el corto plazo. Asturias tiene que explotar lo que tiene: mar, montaña, pueblos, ganadería... Por qué no impulsamos una inversión con cabeza, enfocada al desarrollo rural. Invirtamos en conseguir que la gente se sienta atraída por las zonas rurales. Nos ha tocado la lotería en cuanto a la naturaleza, la comida, la gente… pero preguntemos fuera de España quién conoce Asturias. Estamos errando el tiro”.

¿Volver algún día a su tierra natal? “Seamos realistas, Asturias tiene una buena infraestructura sanitaria, pero carece de grandes organizaciones, compañías o ‘think tanks’ globales que puedan atraer a gente con mi perfil”.

Asturias tiene “una población envejecida y una juventud que emigra para buscar oportunidades fuera. O minimizamos esa fuga de talentos o no habrá futuro. Yo decidí irme pero la gran mayoría se quedaría si se dieran las condiciones necesarias. Busquemos las fortalezas de la región y explotémoslas, eso sí, con sentido, con planes a diez o quince años y no buscando ‘Guggenheims’ a corto plazo, que así nos va”.

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