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Paquito D’Rivera | Clarinetista y saxo, toca el martes en Oviedo con su sexteto

Entrevista a Paquito D'Rivera: “Es torturante que siempre suene algo en la atmósfera, ¿qué tienen en contra del silencio?”

“Cuba es un sitio kafkiano, que en vez de ser un país se ha convertido en una especie de parque temático para turistas de revoluciones ajenas”

Paquito D'Rivera Cariberian Project

Leyenda del latin-jazz, músico de una versatilidad y capacidad infinita, el saxofonista y clarinetista Paquito D’Rivera inaugura este martes el ciclo Vetusta Jazz con una actuación con su sexteto en el teatro Campoamor (Oviedo, 20.00 horas). Junto a él estarán Pepe Rivero (piano), Sebastián Laverde (vibráfono), Reinier Elizarde “El Negrón” (bajo), Michael Olivera (batería), Yuvisney Aguilar (percusión) y Ángela Cervantes.

–Empezó con cinco años y un saxo chiquito que le encargó su padre, ¿qué espera de la música camino de 70 años de carrera?

–Tengo más o menos el mismo entusiasmo por la música (¡o quizás hasta más!) que cuando daba mis primeros pasos. Aún no me he aburrido. Hay gente que me pregunta: ¿Maestro, y usted aún toca? Y yo les digo que cierta vez alguien le preguntó a Celia Cruz que cuándo se iba a retirar y la gran guarachera le contestó: ¿Retirarme de cantar? Pero si de todas formas canto en la ducha; mejor lo hago en el escenario ¡y hasta me pagan!

–¿Cuántas horas ensaya al día?

–No soy muy “practicón”, así que no tengo una disciplina marcada de estudio, aunque de niño estudiaba hasta 8 horas al día. Ahora tengo demasiadas actividades y muy diversas, así que no hay una rutina diaria en mi vida y así me gusta, pues como soy Géminis, me aburre hacer lo mismo cada día.

–¿Hasta dónde podemos mezclar la música? ¿Hemos hecho ya todas las fusiones posibles?

–El “Mulatismo” musical ha sido mi pasión durante toda mi vida. La pureza no me atrae, y lo que toco, compongo o escribo, lo mismo en música que en literatura, un libro... son el resultado, siempre ecléctico, de lo que he vivido, leído y tocado todos estos años. Frecuentemente es sorpresivo lo que me sale o lo que escucho de otros artistas.

–En esos procesos de mezcla surgió el concepto “latino”, pero ¿qué define lo latino, la armonía, el ritmo, el timbre?

–Es una combinación de todo eso. La forma de usar la palabra latino es un disparate, pero el idioma es para comunicarse, y si el vocablo funciona, pues bienvenido sea. Es algo parecido a lo que dijo Herbie Hancock sobre el Jazz: “Algo imposible de definir, pero muy fácil de reconocer”.

Paquito D’Rivera posa con su saxo. | R. Andrew Lepley

–¿Y el jazz? Dice que es un cuento eso de la libertad y la improvisación.

–La libertad no es lo mismo que el libertinaje. Todo debe tener sus reglas para que sea coherente y tenga utilidad y arte.

–¿Qué nos puede decir del sexteto con el que llega a Oviedo?

–El que me organiza esos grupazos maravillosos en España es Pepe Rivero, un Rolls-Royce de pianista, compositor, arreglista, director musical y un banquete de persona. Subir al escenario, y hasta los ensayos con él es siempre una fiesta. Esta vez, además del Negrón, Michael y Yuvisney, he decidido “estrenar” al talentoso vibrafonista colombiano residente en Valencia Sebastián Laverde. Colaboramos durante la pandemia, y disfruté cada nota que tocaba.

–En este festival vendrá Toquinho, le he escuchado decir que le gusta mucho la música brasileña y que la escucha más que la cubana. ¿Por qué?

–La música cubana siempre ha estado a mi alrededor, en el aire, desde mi niñez. Está en mi ADN, pero generalmente no escucho música cubana casi nunca, aunque soy fanático de Bola de Nieve y disfruto cuando suena algo de Rolando Lasserie, Orlando Vallejo, María Teresa Vera, Elena Burke, Beny Moré o Peruchín. Lo que se escucha en casa es casi siempre la emisora clásica, y mi mujer, soprano lírica, escucha jazz. En cuanto a la música brasileira es un gusto adquirido, y desde que escuchaba a mi padre tocar en casa el chorinho Tico Tico de Zequinha de Abreu me enamoré profundamente de la música de ese musicalísimo país, desde Villalobos y Nazareth hasta Jobim, Pixinguinha y Cartola. He compartido mucho el escenario con instrumentistas y cantantes brasileiros. Samba, Bossa Nova y Baião han formado parte de mi repertorio. Es una pena que no tenga la oportunidad esta vez de conocer y escuchar personalmente a Toquinho, a quien he admirado.

–¿Qué piensa del éxito comercial del pop latino, del reguetón?

–Tengo poco contacto con el mundo del pop, pero sé que siempre han surgido artistas de valía en todo género musical. Pop es también lo que hacían con un alto nivel de calidad Lucho Gatica, Chabuca Granda, Pedro Vargas y Los 5 Latinos. En cuanto al reguetón, como no le he prestado demasiada atención, lo único que me desconcierta es que en una región como el Nuevo Mundo, tan rica en los ritmos más variados, complejos y creativos, se hayan conformado con el toque tan simplón y monótono que parece predominar en la mayoría de las piezas de ese género.

–¿Qué piensa de la música electrónica? ¿Qué le parece que las máquinas hagan música?

–La electrónica llegó hace ya muchas décadas para quedarse. Tiene múltiples usos (y abusos) y como en todo, hay gente que la usa con destreza y creatividad sorprendentes. Y en el campo de la llamada “música indirecta” –por ejemplo–, en ocasiones me pregunto cómo es posible que a alguien le paguen para poner en el aire algo tan horripilante. Pero le he preguntado a algunas personas que me han contestado: “Ah, yo ni escucho eso”. Yo en cambio no puedo ignorarlo, y es a veces torturante que tenga siempre que haber algo sonando en la atmósfera. ¿Qué tienen en contra del silencio?

–Dice que la Cuba que añora ya no existe, pero ¿no la lleva dentro?

–Una de las personas que más eché de menos durante años fue a mi abuelo Lino, un hombre dulce y amable, con un tremendo sentido del humor contagioso y entrañable. Pero si abriera su tumba, seguramente lo que encontraría allí no se parecería en nada a mi abuelo. Y parece que mi tierra hoy es algo por el estilo. Por otra parte, ciertamente, dicen que se puede sacar a un cubano (o a millones de nosotros) de Cuba, pero no se puede sacar a Cuba del corazón de un cubano

–¿Ya no piensa en volver?

–Todo exiliado desea regresar alguna vez a su patria, aunque la encuentre destrozada física y psíquicamente. Pero yo, por años, he tenido (y no soy el único) un sueño recurrente y terrorífico de que regreso y después no me permiten salir de un sitio donde ya la gente ni habla igual, y ni siquiera se llaman Alfredo, María Antonia y Juan Pablo, sino Maryibis, Yusneibi, Wimailyx, Diasniurka, y Yamexys. Por otra parte, me niego a pedirle permiso a nadie para entrar –¡y sobre todo salir!– libremente del sitio donde nací y crecí.

–¿Cómo explicar que el régimen siga?

–Cuba es un sitio kafkiano, que en vez de país se ha convertido como en una especie de parque temático para turistas de revoluciones ajenas. A muchos les han sembrado un sentido absoluto de dependencia y un temor a la libertad y a sus consecuencias y obligaciones. Pero algunos, ahora que tienen una cierta facilidad para salir, se van como parafraseando a Kundera, a buscar la vida en otra parte.

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