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“La inmersión digital de los jóvenes es intensiva y masiva, y eso es un riesgo”, avisan expertos

El estudio de Unicef sobre el impacto de la tecnología en la adolescencia deja la alerta de que “la supervisión familiar no está funcionando”

El uso de móviles por parte de los jóvenes ha aumentado con la pandemia.

Dicen en Unicef de Asturias que pocos trabajos han realizado que hayan causado tanto revuelo “y del que hayamos tenido tanto retorno” como el estudio sobre el impacto de la tecnología en la adolescencia, cuyos datos desagregados y referidos específicamente a los usos de los jóvenes asturianos presentaron el martes en Oviedo.

Advierte la investigación que uno de cada tres adolescentes asturianos hace un uso problemático de internet y de las redes sociales, y que uno de cada cinco podría tener un cierto enganche a los videojuegos. Que el 89% de los adolescentes se conecta a internet todos los días, que el 98% está registrado a una red social y que casi el 40% ha recibido alguna vez mensajes de contenido erótico-sexual, y solo el 32% de los padres ponen límites o normas al uso de internet y/o las pantallas.

La investigación se planeó como un estudio “para comprender y avanzar hacia el uso saludable de las TRIC, que son las tecnologías de la información y la comunicación con el añadido de la R de las relaciones, que han cobrado gran importancia en nuestras vidas digitales” indica Pablo Suárez, de Unicef Asturias y uno de los que han trabajado en profundidad el estudio en su vertiente regional.

Suárez recalca que si algo se ha visto con la investigación en la que participaron más de 50.000 jóvenes españoles de 11 a 17 años –lo que la convierte en el mayor estudio de esta temática llevado a cabo en el país–, de los cuales casi 1.500 eran asturianos, es que la inmersión digital de los adolescentes, o lo que es lo mismo, su uso de las tecnologías digitales, es “masivo, intensivo, y eso por sí mismo contribuye al riesgo”.

Porque otra constatación clara es que “tanto como se ha avanzado en el mundo real en sociedades como la española en el reconocimiento y cuidado de los derechos de los niños, pero no hay un reflejo igual en el mundo digital. Ahí no estamos teniendo en cuenta esa protección de sus derechos. Las familias nos cuidamos mucho de que nuestros hijos aprendan pronto a nadar o les enseñamos seguridad vial, por poner un ejemplo, pero les dejamos solos ante un mundo complicado como es ese; con tanta aportación positiva como claroscuros”, afirma Suárez.

A un ejemplo aún más contundente recurrió José García Fanjul, decano del Colegio Oficial de Ingenieros en Informática del Principado de Asturias, en la presentación del estudio: “Nadie deja de advertir a sus hijos de que no se habla con desconocidos ni se interactúa con quien no se conoce por la calle, pero esa certeza no la tienen los jóvenes en las relaciones que establecen en entornos digitales. Creo que no llegamos a comunicar de manera fehaciente a los menores que si alguien les pide datos personales por las redes no pueden darse”, sostuvo Fanjul.

A la vista de los resultados, desde Unicef se recalca que “la lucha contra el acoso escolar y el ciberacoso –que dicen sufrir uno de cada tres adolescentes– debe ser una prioridad. Y es necesario además reducir las preocupantes cifras de ‘sexting’ o ‘grooming’ que se han visto”. Suárez asegura que ante todo eso “la supervisión de los padres no parece estar funcionando, y no creo que sea por falta de voluntad”.

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