Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Actúa hoy en Avilés y mañana en Gijón Luis Piedrahita Humorista

“Tenemos la piel fina e impermeable de las ranas: todo nos molesta y resbala”

“El humor no soluciona los disgustos de la vida, pero hace que todo sea más llevadero; este show es el más divertido que hice”

Luis Piedrahita.

“Es mi palabra contra la mía”. Así se titula el último monólogo del humorista Luis Piedrahita, que traerá a Asturias este fin de semana. Hoy mismo actuará en Avilés, en el Centro Niemeyer (a las 20.00 horas), y mañana lo hará en Gijón, en el teatro de la Laboral (a las 21.00 horas). El coruñés promete “muchas risas”.

–Su nuevo espectáculo ¿es un homenaje a los cabezones, testarudos, tercos...? ¿Somos cada vez más cerrados en nuestras ideas?

–No lo había pensado, pero es cierto. Hay personas en cuya mente siempre es domingo por la tarde: todo cerrado a cal y canto. Sin embargo, el espectáculo habla de un problema distinto. Que nadie está contento con lo que le ha tocado: con su edad, con su aspecto, con su suerte... El show habla de cómo ser más o menos feliz en un mundo en el que nunca estamos contentos con lo que nos rodea.

–¿Qué se encontrará el público? ¿Qué tiene de especial?

–Es un monólogo de humor, de mucha risa. Creo que es el más divertido que he hecho hasta la fecha. A pesar del tema que toca, creo que es el monólogo más optimista que he hecho. Lo escribí con mi gran amigo y asturiano ilustre Rodrigo Sopeña.

–En la descripción del show dice que solo el humor hace la vida soportable. ¿Reírnos es el mejor antídoto contra todo?

–Te diría que sí, pero con reservas. ¿Por qué? Pues porque el humor es perfectamente inútil si uno espera soluciones prácticas a problemas reales. Es decir, el humor no hace que un grifo deje de gotear, ni hace que vuelva la persona amada. El humor no soluciona ninguno de los disgustos que la vida tiene reservados para nosotros. El humor no hace nada de eso, pero el humor es lo único que hace que todo eso sea llevadero.

–¿Pero tenemos la piel fina o hemos aprendido a reírnos también de nosotros mismos?

–Tenemos la piel fina e impermeable como la de las ranas. Todo nos molesta y todos nos resbala, a partes iguales. Si alguien habla de “lo nuestro” nos quejamos, pero si habla de los demás nos resbala. Eso no es sano. Las pieles impermeables llevan a la soledad y las pieles finas acaban quemándose. Si uno se lo toma todo como algo personal acaba quemado. El humor, por lo general, nunca se trata de algo personal. Mi consejo es: ríete de ti mismo y de lo tuyo porque lo tuyo no es solo tuyo, es de mucha más gente, y las cosas no van solo por ti, van por todos nosotros, por todos los que somos mortales, porque tenemos poco tiempo y porque lo mejor que podemos hacer durante ese ratito es sonreír.

–Su especialidad en sus monólogos son las cosas pequeñas y cotidianas que esconden grandes temas y preocupaciones sociales. ¿Cada vez es más complicado escarbar para encontrar esas cosas pequeñas?

–La verdad es que cada vez hay menos cosas. Estamos viviendo la extinción de los objetos. Yo me crie en una época analógica con un cacharro para cada cosa: un cacharro para hacer fotos, otro para hablar a distancia, otro para comunicarse por escrito, otro para apuntar las cosas del día... Antes había infinidad de objetos, uno para cada necesidad. Ahora hay un mismo objeto encargado de satisfacer todas las necesidades, incluso es el encargado de crear necesidades nuevas.

–¿En qué momento más insospechado y raro le sale la inspiración de sus temas?

–En la ducha. En la ducha se me ocurren ideas maravillosas, brillantes y reveladoras, pero ese es el único lugar de la casa en el que no tengo papel y boli y todas las ideas se van por el desagüe. Una vez inventé una vacuna que cura todas las enfermedades del mundo, pero nada.

Compartir el artículo

stats