Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La ortografía juvenil en España se come más normas

Los males de la expresión escrita, según expertos de Cuadernos Rubio, pasan por ignorar tildes, signos de puntuación y hasta mayúsculas

El uso incorrecto de la “h”, el mal uso de la “b” y la “v”, el mismo fallo con la “g” y la “j”. Son las faltas más típicas de la ortografía española, a las que se unen algunas más. A la mala utilización del “a ver” y el “haber”, o la falta de diferenciación del “por qué”, el “porque” y el “porqué”, hay que añadirle ahora el olvido de tildes y signos de puntuación y la abreviatura de palabras, a imagen y semejanza de los mensajes instantáneos de texto. Ahí están, según los especialistas de Cuadernos Rubio, las claves del decálogo de faltas de ortografía más frecuentes entre los estudiantes jóvenes.

La editorial valenciana, con 65 años de historia como referente en el repaso lingüístico y matemático a través de sus cuadernillos didácticos, ha hecho pública la guía de las diez faltas ortográficas a las que con más asiduidad se enfrentan sus expertos y pedagogos. Y parece ser que el hecho de que “Olaaa, k tal?”, “te hecho de menos” o “asta luego, bss” sean mensajes cada vez más comunes en las redes sociales y grupos de mensajería instantánea está provocando un nuevo nivel de errores entre los “nativos digitales”.

“Muchos de esos nativos digitales, al no estar tan familiarizados con la escritura a mano, se guían por el código oral, escriben tal y como suenan las palabras. Si a ello le sumamos la inmediatez de la escritura en redes sociales y el uso del autocorrector en los dispositivos digitales, nos encontramos con niños y jóvenes con un dominio menor de las reglas ortográficas”, advierten desde la editorial.

Hay quien dice que la realidad que hay que afrontar en España es que “la ortografía ha muerto”. “Y no lo digo con signos apocalípticos, ni mucho menos. Lo digo casi como una certeza: la ortografía se ha ido ya al garete, sin más”, afirma el catedrático jubilado de Lengua Española, escritor y articulista de LA NUEVA ESPAÑA Francisco García Pérez.

Sostiene García Pérez que tampoco hay que buscarle excusas a esta defunción. Ni la velocidad del “chateo”, ni el formato mínimo de los textos en los dispositivos de mensajería son el argumento idóneo porque sería tanto como ignorar que “hubo otras formas de comunicación entre humanos que también obligaban a resumir”, y que no por ello generaban semejante ataque a las normas. “No me imagino que alguien fuera a mandar un mensaje cifrado diciendo: “Ojo al espía que te va a meter un tiro en la cabeza, porque el espía tiene como norma meter tiros en la cabeza”, y que tuviera por eso más corrección en el texto resumido que en el desarrollado.

“Lo que hay es un desprecio y una ignorancia total. No nos da la gana de respetar las normas de ortografía y eso nos lleva a pensar que estamos en nuestro derecho de poner lo que nos da la gana”, sostiene el escritor. Eso incluye que ni se pongan tildes, ni signos de puntuación, ni mayúsculas en nombres propios. “Todo eso requiere invertir una milésima más de segundo al escribir”, dice García Pérez, para quien “se empieza minusvalorando una mayúscula y se pasa a prescindir de todas las haches; de eso se pasa a abreviar, empobrecer y a arruinar la expresión”.

Y apunta García Pérez que para todo eso hay un gran aliado: la RAE. “No ha habido manera de que sus lexicógrafos simplifiquen las normas; a toda regla ortográfica le han puesto una excepción, más otra excepción, más otra excepción, todas son excepción”, y al final lo que no hay es norma. “Creo que sí que hay un empeoramiento de la escritura. Es bien cierto que las tildes ni existen, por no hablar de los signos de puntuación”, suscribe una profesora universitaria. Que añade por dónde le parece que van más tiros: “Ya nadie escribe a mano, algo que creo que ayudaba a reforzar conceptos; hasta se cogen apuntes de clase a ordenador”.

Compartir el artículo

stats