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Lydia Espina López Consejera de Educación del Gobierno del Principado

“Con la Lomloe no habrá aprobado general, tampoco pasará de curso un estudiante con 5 o 6 suspensos, y titular con una pendiente en Bachillerato no será fácil"

“Los alumnos de ahora serán más creativos y tendrán una capacidad de adaptación tremenda, algo que los de la generación EGB no tuvimos”, afirma la máxima responsable de los colegios e institutos asturianos

Lydia Espina en la Plaza de España, en Oviedo. | Valentina Ciuca

Esta semana acabó para Lydia Espina López (Villaviciosa, 1974) su primer curso como Consejera de Educación. Y lo despidió con satisfacción. Desde que se convirtió, el 29 de julio de 2021, en la directora de todos los colegios e institutos de Asturias, esta profesora maliaya dice que ha logrado cumplir sus dos objetivos prioritarios. El primero, combatir la incertidumbre del covid con instrucciones rápidas y claras (a Espina le tocó precisamente gestionar la sexta ola, la más dura para las aulas de la región con récord de contagios). Y el segundo propósito, quizá el más importante, era “recobrar un clima positivo y constructivo” dentro de la comunidad educativa. “Ahora remamos todos juntos”, celebra.

La máxima de Lydia Espina es “resolver, resolver y resolver”. Y eso, confiesa, le quita muchas horas sueño. “Estamos aquí para mejorar la vida de las personas y el sistema educativo. Si no somos capaces de ello, para mí es una frustración tremenda”, admite. Su próximo reto ya está encima de la mesa: implantar en septiembre la nueva ley educativa, la Lomloe, en los cursos impares.

Madre de dos niños en edad escolar y descendiente de profesores, la titular de Educación ha pasado por prácticamente todos los escalafones. Es maestra de Infantil y Primaria, y profesora de Inglés de Secundaria, fue directora del colegio Montevil de Gijón, concejala de Educación en el Ayuntamiento de Villaviciosa y, su reciente ascenso en el Gobierno del Principado, ocupó la dirección general de Planificación e Infraestructuras Educativas. También fue docente interina durante 13 años, preparó a opositores y pasó por las aulas de 17 centros.

–El curso recién acabado bien parecieron dos. Empezamos con mascarillas, patios sectorizados... Y acabamos sin apenas rastro del covid.

–Es cierto, ha sido un año muy complejo y hay que agradecerle el esfuerzo a toda la comunidad educativa. Empezamos las clases en un tiempo más o menos de calma y de repente llegó la sexta ola, que golpeó duramente a los colegios, porque teníamos al alumnado más pequeño sin vacunar. Hubo estrés en el profesorado y también en la propia Consejería. Yo viví la pandemia como directora y quería desde aquí ayudar a mis compañeros en todo lo posible. Pero tampoco nos podíamos anticipar, no podíamos modificar una resolución antes de que lo hiciesen la Intersectorial, el Ministerio o la Consejería de Salud. Aun así, teníamos los borradores y trabajamos sobre ellos para tener preparadas las resoluciones y enviarlas a los centros en pocas horas. Eso no se hizo en ninguna otra comunidad autónoma. Trabajamos de esa forma porque no queríamos que en los centros hubiese incertidumbre, algo que en otros momentos sí que hubo.

Lydia Espina VALENTINA CIUCA

–En ese pico de la pandemia, su Consejería habilitó, sin demasiado éxito, un llamamiento exprés para cubrir bajas de profesores.

–Estoy orgullosa de esa medida. La sacamos adelante por unanimidad, ya que las fuerzas sindicales se unieron de forma sincera a nosotros e hicieron aportaciones muy buenas. El llamamiento no benefició a todos los centros que hubiésemos querido, pero nos dejó una moraleja: pudimos articular en un periodo de tiempo breve un procedimiento que jamás se había hecho en la Consejería, y que a corto plazo nos servirá para mejorar el sistema de adjudicaciones.

–En un mes cumplirá un año como Consejera. ¿En qué ha mejorado el sistema educativo asturiano con su gestión?

–Mi primer objetivo cuando llegué al cargo era recobrar el clima de convivencia que se había perdido, retomar la unidad de equipo, que familias, profesores, fuerzas sindicales y la propia Administración remásemos juntos para mejorar la calidad del sistema educativo. Y yo creo que eso lo hemos conseguido. Con los sindicatos, por ejemplo, hay ahora una comunicación fluida y nos ayudan en el día a día. Aun así, por supuesto que hay fallos. Es imposible en una gestión tan grande no cometer errores, pero aprendemos de ellos. Siguiendo las pautas de la nueva ley educativa, que es cualitativa, se podría decir que mi primer año como Consejera ha ido bien. Hay que seguir trabajando para conseguir el notable o el sobresaliente.

–Ha pasado de gestionar un centro educativo de Gijón a todos los colegios e institutos de Asturias. ¿Cómo ha cambiado su perspectiva?

–La Consejería de Educación es una magnitud muy grande, solo se sabe cuando se vive. Venimos de los centros escolares y no imaginamos cómo es esto. Cuando estás al otro lado, quieres que los problemas se resuelvan de inmediato, sin embargo para que se solucione algo, en la Administración hay que poner en marcha todo un engranaje que tiene que darle rigor a cada movimiento. Y ahora entiendo muchas cosas, como los procesos de contratación o la desgracia que tuvimos con las obras de los institutos Rey Pelayo (de Cangas de Onís) y La Corredoria (de Oviedo). Yo me pongo en la piel de los directores, de los profesores, de los alumnos, de las familias... Y entiendo que digan: “Esto no puede ser”. Claro que no puede ser y esas noches son para mí de no dormir, pero en la Consejería no tenemos herramientas para resolverlo de inmediato. Trabajamos, no obstante, para que esas dos obras estén adjudicadas en diciembre y empiecen en el primer trimestre de 2023.

"Hemos conseguido recobrar el clima de convivencia que se había perdido dentro de la comunidad educativa"

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–En septiembre llega la Lomloe y entre los directores de centros y las familias hay temor a no llegar a tiempo por el retraso de los currículos...

–Sabemos que hay preocupación y lo entiendo, pero el curso empezará en tiempo y en forma. Para eso estamos trabajando. Ya se han dado todo tipo de instrucciones a los centros y los borradores curriculares están colgados en Educastur. Por parte de la dirección general de David Artime se ha hecho un trabajo excepcional con la nueva norma y en un tiempo muy ajustado. Sin los currículos nacionales hubo un tapón ahí que no nos permitió avanzar. Ahora toca implantar la Lomloe en los cursos impares. Creo que es una ley muy positiva, que a medio plazo mejorará mucho el sistema educativo.

–¿Se aprobará a más alumnos?

–Para nada aprobaremos a todo el mundo de manera generalizada. Eso sería hacer un flaco favor al trabajo de docentes durante décadas. Y tampoco pasará de curso un alumno con cinco o seis suspensos. El gran salto ahora es que los profesores tendrán que evaluar por competencias. Esto es: si los alumnos saben o no hacer las cosas que han estudiado; pondremos el foco en los procedimientos, en el saber hacer, porque eso es lo que les van a pedir en un futuro. La parte memorística es importante, no decimos que no, pero la otra también: necesitamos que los estudiantes sepan hacer las tareas que van a realizar.

–¿Cree que saldrán sus hijos mejor formados de la escuela de lo que salió usted?

–Creo que las nuevas generaciones van a tener una capacidad de adaptación tremenda, algo que nuestras generaciones no tenían tanto. A mí me tocó la EGB; era un sistema más orientado al aprendizaje cuantitativo y de contenido puro y duro. Ahora estamos en otro momento. El mundo laboral reclama personas que sean capaces de resolver, que sean permeables, que se adapten, que sean creativos, que trabajan en equipo... Yo creo que nuestros alumnos estarán muy formados en todo esto. A nivel comunicativo, por ejemplo, a partir de ahora se trabajará la parte oral, no solo escrita, y en todas las áreas. También trabajaremos por proyectos, lo que nos permitirá tener estudiantes divergentes y creativos. Desde la Consejería vamos a lanzar un plan formativo muy importante para que los docentes conozcan al dedillo todo lo que nos puede dar esta reforma.

–Hay alumnos que están hoy en el instituto que van a pasar por su tercera ley educativa. ¿Cree que tanta reforma es negativa para los estudiantes?

–Sí, para ellos, para toda la comunidad educativa y para la sociedad en general. Lo ideal es que cualquier ley educativa fuese aprobara por consenso y desde el Partido Socialista lo hemos defendido siempre. No pudo ser, pero es una necesidad.

–¿Qué cambios apreciarán los estudiantes el próximo curso con la Lomloe?

–Depende de las etapas educativas. En Primaria serán pequeños cambios. Por ejemplo, notarán que tendrán una hora más de Inglés en tercero 3.º, que recibirán tres sesiones de Educación Física, y que trabajarán por proyectos sí o sí. Hay muchos centros que ya lo hacían, pero ahora lo harán todos, porque está incluido en el currículo y deberá representar un 20% de la carga lectiva, lo equivalente a un día a la semana. Con ello verán que están haciendo cosas distintas y poniendo en prácticas los conceptos teóricos. A nivel de evaluación, las familias notarán que ya no habrá notas numéricas, porque lo importante no es poner el foco en el 9,7, sino en lo global, en lo cualitativo. Por su parte, en Secundaria volverá la diversificación a 3.º y 4.º, pudiendo los alumnos titular. También cambiarán las áreas y se potenciará la digitalización, que era algo necesario y que podrá llegar a las 14 horas entre esta etapa y la postobligatoria. Por otro lado, en Bachillerato notarán la incorporación de tres horas más de asturiano, la Filosofía como optativa y la nueva modalidad General.

"La parte memorística es importante, pero necesitamos dar un salto competencial"

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–¿Cuántos centros implantarán el Bachillerato General?

–No tenemos la matrícula cerrada, pero, por sondeos telefónicos que hemos hecho, parece que sí se va a implantar en muchos centros. No obstante, este Bachillerato necesitará su tiempo, al ser una novedad. Para empezar, el próximo curso hemos establecido un número bajo de alumnos, solo cuatro, para poder abrirlo. Al año siguiente, lo normal es que ya se apliquen los porcentajes que tienen el resto de ramas. Otra novedad importante de la Lomloe es el Bachillerato a tres años, muy importante para deportistas de alto rendimiento, estudiantes de conservatorio o jóvenes con necesidad específicas.

–¿Es justo para un alumno que se esfuerza y lo aprueba todo que a su compañero de al lado le dejen titular en Bachillerato con una asignatura suspensa?

–Yo creo que es justo. Titular con una materia suspensa se lleva haciendo hace mucho tiempo. Era algo que se solucionaba dentro de los equipos docentes; lo que se ha hecho ahora es darle cobertura legal y organizarlo. Pero hay que explicarlo bien, porque sino parece que aprueban con un cero y no es cierto. Se tienen que dar una serie de condiciones y realmente no es fácil cumplirlas: tener una media entre todas las áreas de 5, haber asistido a clase, haber entregado las tareas del curso, haber hecho los exámenes... Por todo ello, estamos hablando de casos muy concretos. Pero si le da la media ese alumno para aprobar, ¿por qué no? Yo pienso que quienes titulen con una asignatura suspensa son alumnos que han trabajo y se han esforzado, pero que en un área, por algún motivo, no han llegado.

–¿Cómo debería ser la futura EBAU?

–Este tema lo vamos abordar en una sectorial en julio. Mi opinión es que deberá ser una EBAU que vaya en línea con la nueva ley y, por tanto, deberán hacerse exámenes competenciales. Para ello, habrá que coordinarse entre las comunidades, pero respetando la idiosincrasia que cada región tiene y ha tenido siempre. Me preguntan mucho por el Bachillerato General. Yo espero que la nueva Selectividad dé respuesta a ello.

–Los directores de centros de FP celebran el modelo dual intensivo que vendrá con la nueva ley (aún por concretar), pero ven difícil su aplicación en Asturias.

–Nosotros entendemos que si la FP no es dual, no es FP. El octavo plan que pondremos en marcha el próximo curso ya va en la línea de reforzar las prácticas en empresa. Habrá más horas y, encima, por primera vez los alumnos serán becados. Eso es un avance enorme. Pero aparte de la formación, es necesario que los puestos sean motivadores y estén bien pagados. Con esos ingredientes, tendremos facilidad para encontrar trabajadores. La FP ha avanzado muchísimo y el valor que le damos ahora es enorme, aunque falta que la sociedad se crea que la salida profesional de los alumnos de ciclos formativos es excepcionalmente buena; tan buena o más que la Universidad.

–La Consejería preveía una bajada de más de 2.000 alumnos en Infantil y Primaria para el próximo curso. A la vista de las matrícula, ¿ese pronóstico se cumplirá?

–Todavía no tenemos los datos finales, pero es cierto que la caída de natalidad es clara. Ahora todavía tenemos un pico de alumnos que viene de atrás y que afecta a 3.º y 4.º de la ESO. Por eso, hay institutos con muchas dificultades de espacio; hablamos por ejemplo de La Corredoria o del Pérez de Ayala en Oviedo. Sin embargo, esto a corto plazo bajará mucho, porque la natalidad está disminuyendo. Todo ello, hará que podamos trabajar de forma más desahogada, no solo a nivel de espacio, sino de ratios. Es cierto que en algunos centros tenemos que cerrar unidades, aunque también en otros las ampliamos. Lo digo de corazón: para perder una unidad se estudia por activa y por pasiva, y luego todavía se puede alegar. Es una decisión muy medida, lo estudia el servicio y yo después me siento con la directora general y lo miro. Y allí donde hay posibilidad de mantener la unidad, se mantiene. Ante la duda, se mantiene. Los colegios rurales agrupados se mantienen abiertos con cuatro alumnos, y si tienen tres y la dirección del centro es favorable, también permitimos que sigan funcionando.

"El cierre de una unidad por la crisis de natalidad se estudia por activa y por pasiva; y ante la duda, se mantiene"

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–¿Y una solución para no cerrar aulas no podría ser bajar las ratios, como reclaman los directores de centros?

–Nuestra ratio a nivel global es la tercera mejor de España, y si solo contamos a la pública, es la segunda mejor. La ratio de alumnos por profesor es también buenísima: de 10,2 de media, la segunda mejor empatados con Galicia y Cantabria. Para mí 25 alumnos en una clase no son muchos; entiendo que es mejor tener 20, pero, en mi opinión, hay que desligar la calidad educativa del número de alumnos en un aula. La ratio es un elemento más. Está claro que en un grupo de 15 se puede trabajar muy bien, pero también en el de 25 con metodologías activas, aprendizaje por proyectos, docencia compartida, trabajo equipo, nuevas tecnologías... Y hay cantidad de colegios e institutos con ratios bajas. Es en las zonas urbanas donde el número se ajusta más al máximo.

–Los niños cada vez tienen móvil primero y, según alerta una reciente de Unicef, uno de cada tres adolescentes asturianos hacen un uso problemático de internet y las redes sociales. ¿Qué se puede hacer desde los centros educativos para solucionar este problema?

–Nos preocupa mucho este tema. Tenemos que reforzar el plan de formación y eso lo vamos a hacer para el curso que viene. Además, tenemos pensado lanzar una campaña destinada a alumnos para prevenir las adicciones digitales. Ya está esbozada. Los docentes deben trabajar esta problemática de manera transversal en todas las áreas del conocimiento. Porque tenemos que ayudarles a vivir con ello, no podemos taparles los ojos: el móvil, el internet, las redes sociales son parte de la vida; los niños tienen que usarlas de manera responsable y aprender a discernir lo que es saludable digitalmente de lo que no es.

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