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Asturias exporta talentos

Bueno Hudson: "Hay que hacer un esfuerzo en términos de promoción exterior"

"Hay que mimar a la juventud, promover que salga al extranjero a especializarse, asegurando que pueda volver y formar a otras generaciones"

Richard Bueno Hudson.

Richard Bueno Hudson (Nueva York). Nacido en Leicester en 1963, es licenciado en Filología por la Universidad de Oviedo y realizó estudios de posgrado en Oviedo y Aston. Ha sido subdirector académico del Instituto Cervantes y ha trabajado en los centros de Chicago, Nueva York y Mánchester. Desde 2019 dirige el Instituto de Nueva York. Es sobrino del filósofo Gustavo Bueno e hijo del neurocirujano Fernando Bueno Martínez. 

Ante los ojos de un niño que crecía, "Asturias era enorme, inabarcable: mar, ríos, lagos, montañas, bosques, campo, ciudad, todo un paraíso. Se tardaba una eternidad en ir de un sitio a otro: las carreteras y los vehículos de antaño estaban a otro nivel. Recuerdo ir a Madrid por el Alto del Padrún. ¡Una proeza!".

Bueno Hudson: "Hay que hacer un esfuerzo en términos de promoción exterior"

La Asturias de la infancia de Richard Bueno Hudson, director del Instituto Cervantes de Nueva York, era la Provincia de Oviedo, su nombre oficial entre 1833 y 1983. Recuerda "entrar en las sidrerías y ver cómo esparcían serrín por los suelos, y a los grupos de personas arrimando con el pie el barril de sidra recortado para escanciar sus propios culinos. Eran tiempos de vasos de sidra compartidos. Oye, y tábamos tos más sanos que nunca, ¿nun ye así? Entre mis primeros recuerdos está la osa ‘Petra’ en su jaula del Campo San Francisco, ausente ya desde 1976; también un Oviedo sin peatonalizar; una plaza de la Escandalera sin estacionamiento subterráneo, se aparcaba alrededor y entonces se llamaba Plaza del 27 de Marzo, debido a los escándalos producidos en las manifestaciones de ese día en 1881 por los trazados del ferrocarril en el puerto de Pajares, ya de aquella...". Recuerda "la construcción de la autopista ‘Y’, cordón umbilical que de modo equitativo uniría Oviedo-Gijón-Avilés el 14 de febrero de 1976".

Recuerda "una foto con un Rey Mago en Botas, el establecimiento, no el atuendo; una comilona en el buffet libre de Galerías Preciados que haría pasar vergüenza a cualquier padre; un test psicotécnico en el colegio Gesta de Oviedo, cuyos resultados sigo esperando, y las excursiones a la ‘iglesia redonda’, los miércoles de ceniza, en donde nos daban una bolsa de plástico con una naranja, un bollo suizo y un trozo de chocolate para después de la misa, me imagino que por ir en ayunas".

Recuerda sabores, recuerda olores: "Muchos de ellos inseparables". Que le transportan en el tiempo: "Es una manera muy barata de viajar. El olor a sidra escanciada en los bares de hoy me sigue llevando a la infancia cuando la olí por primera vez; los barquillos del parque con los barquilleros y sus contenedores metálicos rojos con ruleta como válvula de apertura de donde salían los tesoros crujientes con miel; les casadielles que tomábamos en la Facultad con el carajillo para entrar en calor y superar la siguiente clase; los oricios en los mesones de la costa; el tocinillo de cielo de Grado; el queso azul de los bocatas del colegio; les castañes pilongues y las castañeras en invierno camino de la Facultad".

¡Ah! "Y la hierba recién segada los fines de semana en escapadas familiares al campo".

Todo ha cambiado desde entonces "enormemente, pero reconozco que descubrir las diferencias cada vez que regreso me hace seguir perpetuamente enamorado de Asturias y de su gente".

Esta Asturias ha aprendido de sus errores "bastante bien, aunque sugiero alguna cuestión: Venderse más internacionalmente. Mimar a la juventud. Promover que salga al extranjero a especializarse, asegurando que pueda volver y formar a las nuevas generaciones. Tratar de que los protagonismos entre las grandes ciudades no mermen el crecimiento de la comunidad autónoma".

Vayamos a su primera experiencia viajera: "Un colegio inglés había organizado un viaje de estudios a Francia, y el profesor de Francés había fallecido súbitamente. Un cúmulo de coincidencias hizo que yo fuera el intérprete de francés e inglés en ese viaje. Me impresionó lo bien organizados que estaban y el sentido de respeto por el otro, a la autoridad y a la jerarquía de los estudiantes, la organización y el trabajo metódico. Lo que más me sorprendió es que el profesor fallecido se llamaba Richard Hudson, y que su teléfono era 850 860, y el mío, 850806".

¿En qué debería invertir Asturias? "En infraestructuras y en presentación pública. Para ser concreto, nos falta ese AVE que llegará pronto y permitirá competir con otros destinos del país. Continuidad en vuelos a otras capitales del mundo. Si a eso le añadiéramos transmitir que somos una región de altísima calidad de vida para vivir, y más proyectos de turismo de experiencias, cultural y gastronómico, lo tendríamos todo".

Hay experiencias que marcan: "Enseñar en un colegio público en Los Ángeles, California, a familias sin recursos, con grandes problemas raciales, de drogadicción y violencia, me dio las mejores tablas para aprender a adaptarme a las circunstancias y a valorar éxitos y fracasos. En otro ámbito, impulsar proyectos de gestión internacional modificando mi papel y posición para tratar de llegar a consensos con diferentes países, instituciones o corporaciones. Saber ceder para progresar". La pandemia le recordó "la importancia del factor humano en los equipos".

Es muy fácil presumir de Asturias desde el exterior: "Somos imbatibles en calidad de vida, en la amabilidad y belleza del paisaje, en gastronomía, y en el trato de la gente. Desde dentro sabemos que hay que hacer un esfuerzo en términos de promoción exterior".

¿Lecciones que podemos aprender de otros países? "Infinitas. Tanto las que seguir como en las que no caer. Recordemos lo que nos decía el bueno de Plinio el Joven: ‘No hay libro tan malo que no sirva para algo’. Aquí va una: siembra hoy y recoge mañana".

En términos generales, a los políticos "les diría que pensaran en que el futuro de una comunidad autónoma va más allá de cuatro años. Arreglar las deficiencias de comunicación nos dará la adecuada visibilidad. El resto ya lo tenemos".

Lecciones para aprendices de vida: "Todo es posible si uno tiene sus objetivos bien definidos y tesón para conseguirlos, porque la ilusión y la energía que pondrá en la defensa y consecución de esos objetivos se reflejarán en cualquier entrevista o entorno laboral. Hay que ir poco a poco, hay que trabajar mucho, formarse muy bien para ser competitivo, darse batacazos, no obsesionarse con un puesto de trabajo concreto porque puede ir cambiando con el avance de la vida, y dirigir los esfuerzos al concepto del proyecto".

Siempre conviene recordar que "no es mejor el que más sabe ni el que más tiene, sino el que mejor hace uso de los recursos que tiene a su alcance".

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