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La Universidad "puede y debe" mejorar su posición internacional, defienden los decanos

Reducir la carga administrativa en ciencia y contratar más investigadores jóvenes, la receta para que Asturias suba puestos en el prestigioso ranking de Shanghái

Una edición pasada de los Premios Santa Catalina y Santo Tomás en de la Universidad de Oviedo | PABLO SOLARES

Estar entre las 800 mejores universidades del mundo, como acredita el ranking de Shanghái, es una «buena posición» para Asturias, pero no resulta suficiente. Decanos y directores de centros defienden que la Universidad de Oviedo «puede y debe» subir puestos en la clasificación más prestigiosa que mide el nivel investigador de las más de 20.000 instituciones académicas existentes a nivel global. De hecho, la asturiana ya consiguió escalar posiciones –entrando en el top 500– en los años 2019 y 2020. Los responsables académicos llaman a analizar «por qué universidades como las de Vigo, Extremadura, Jaén, La Laguna, Lleida o Murcia están por delante de nosotros», y sostienen que la Universidad de Oviedo debería estar al menos en el puesto 15 nacional, en lugar del 22-30 actual. 

¿Qué se necesita para ascender? Los decanos y directores creen que hace falta una apuesta más decidida por la investigación, que es en lo que se centra el reconocido ranking. Esto es: forjar grupos de investigación de «absoluta excelencia», atraer talento, liberar a los científicos de la mayor parte de sus obligaciones docentes, mejorar su gestión administrativa –hoy en día «muy pesada»– y destinar más dinero a los jóvenes investigadores pre y postdoctorales, que son los que más publican. «Los resultados llegarán a medio plazo, pero remando todos en la misma dirección, es posible. Porque nos guste o no, muchas personas toman decisiones relevantes en base a estas clasificaciones», advierten. Así que hay que ponerse las pilas. 

Juan Carlos Campo, director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, resalta que «estar entre los 800 primeros supone estar en la mitad de la tabla nacional de universidades públicas, lo que no es algo desdeñable». Y más aún teniendo en cuenta que «cada vez hay más competidores y mejores», y que el continente asiático está cogiendo carrerilla. Sin embargo, añade, «la Universidad de Oviedo puede y debe aspirar a más». «Creo que es un objetivo razonable recuperar nuestra situación en el primer cuartil de las universidades públicas españolas y eso viene a llevarnos a estar entre las 500 primeras del mundo», opina. 

Para ello, no hay otra receta que mejorar en investigación, que, según profundiza Campo, «depende de dos cosas: dinero y talento». «En nuestra comunidad se invierte en investigación poco en relación a la media española y no digamos a la europea. Gastar más en investigación implica que las administraciones locales y, especialmente, autonómica aumenten su gasto y establezcan políticas para favorecer la iniciativa privada», destaca, «Atraer y retener el talento requiere ese caldo de cultivo económico, pero también políticas competitivas basadas en el mérito. Recordemos que la Universidad de Oviedo es de las más endogámicas y para estar en primera nunca basta la cantera», reflexiona. 

Para el director de la EPI de Gijón, las universidades españolas están «bien situadas a nivel medio, pero es cierto que falta alguna de élite capaz de concentrar y atraer la creme de la creme». Juan Carlos Campo tira de datos: «Francia tiene 4 entre las 100 primeras de 16 que están situadas en el top 500, Italia 0 de 17, Corea del Sur 1 de 11, Japón 2 de 13, España 0 de 11... Lo que, en relación a la población, no está nada mal». A su juicio, «las alianzas entre universidades para buscar fines mayores son, por principio, positivas»: «Lo interesante es que sean alianzas lleven aparejados cambios estructurales más allá de la ingeniería con los números». 

 Javier Fernández Teruelo, decano de la Facultad de Derecho, la posición de la Universidad de Oviedo en el último ranking Shanghái es buena y no. Por un lado, se explica, «estar entre las 800 primeras habiendo más de 20.000 universidades en el mundo no parece mal lugar, dado que las 1.000 primeras, entre las que está nuestra institución, suponen el 5% del total». Ahora bien –y aquí bien el pero–, Teruelo opina que más que analizar la comparativa global, habría que poner el foco en la nacional. Así, «deberíamos preguntarnos por qué universidades como las de Vigo, Extremadura, Jaén, La Laguna, Lleida o Murcia están por delante de la nuestra, ya que esas sí son universidades con las que podemos y debemos competir». 

Atendiendo a la clasificación de Shanghái, solo hay 11 universidades españolas entre las 500 mejores del mundo. La de Oviedo entró en ese rango en 2019 y se mantuvo en él en 2020, pero en los dos años siguientes volvió a descender. En cambio, otras instituciones, como la de Santiago, menciona Teruelo, han conseguido mantenerse en los puestos altos de la tabla. «La financiación es un factor clave para conseguir estar bien posicionados, aunque no el único. La Universidad de Barcelona, con un presupuesto de ‘solo’ 380 millones de euros se coloca año tras año entre las 200 mejores», expone. Por lo tanto, «para posicionarse bien, en términos realistas, hace falta tener grupos de investigación de absoluta excelencia, con continuas publicaciones JCR (Journal Citation Reports) masivamente citadas. Una apuesta por ese modelo (que sólo daría resultados a medio plazo) supondría renunciar al modelo actual de ‘café para todos’ redirigiendo recursos a las disciplinas con mejores expectativas y liberando a esos investigadores de la mayor parte de sus obligaciones docentes para que se centren en la producción científica de calidad». 

Celestino Rodríguez, decano de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación, sostiene, al igual que el resto de sus compañeros, que estar en el grupo de las 701-800 universidades mejores del mundo «no es una mala posición». Aunque «hay posibilidades de mejora». Sobre todo, a nivel nacional. «Ahora estamos en el puesto 22-30 y yo creo que podríamos estar en el 14-15, porque dentro de las universidades medianas la nuestra tiene historia y un buen poso investigador detrás», indica. ¿Qué medidas habría que tomar? Fundamentalmente dos, según Rodríguez. La primera y la más urgente, «mejorar la gestión administrativa de la investigación». «Hay que facilitar la labor de los científicos, que la gestión no sea un peso añadido para ellos». Y la segunda, elaborar «planes específicos de investigación para cada área, ya que no todas son iguales». 

Rodríguez incide en que hacer una comparación entre las universidades nacionales y las de otros países es complicada por las peculiaridades que tiene el sistema de gobernanza de la universidad española. «Por ejemplo, no podemos contratar a un premio Nobel –que es uno de los aspectos que más valora el ranking– porque no estaría acreditado. Así que veo difícil que España entre en el top 100. Las universidades americanas se dedican a fichar a personas que publican mucho». Dicho esto, Celestino Rodríguez cree que la universidad española goza de «bastante buena salud», teniendo en cuenta que «la investigación recae en pocos, mientras que en EE UU es obligatorio investigar». El decano de Educación invita al sistema público español a «sentarse y pensar hacia dónde queremos ir», porque, advierte, «las privadas nos están comiendo mucho terreno». 

José Manuel Rico, decano de la Facultad de Biología, considera que el lugar que ocupa la Universidad asturiana en el ranking Shanghái es «modesta pero adecuada» atendiendo a los recursos y medios de los que dispone. «Cualquier posición por debajo de los 100 primeros, la diferencia es mínima. Hay un margen de decimales de estar en el puesto 320 al 650. Con lo cual, la Universidad de Oviedo ocupa el lugar de la universidad española, que es una posición mediocre, pero es lo que hay y no podemos pretender estar en la Champions Leage de las universidades», valora. «Lo que sería catastrófico es no estar en el listado», apunta. 

Rico recuerda que el 50% de la puntuación de este ranking se lo lleva tener antiguos alumnos o profesores que sean premios Nobel y tener un nivel alto de citación. Asturias está en el top 800 porque tiene «un número decente de publicaciones» de alto impacto; ni tiene premios Nobel ni puede aspirar a tenerlos. Siendo realistas, el decano de Biología asegura que la Universidad de Oviedo podría mejorar su posición actual, inyectando más dinero en las etapas científicas en las que más se publican, que son la pre y postdoctorales. «Las ayudas regionales Severo Ochoa financian en la actualidad 70 contratos, si queremos estar más arriba, habría que duplicar la financiación», comenta. 

Ángel Martín, director de la Escuela Politécnica de Mieres, opina que «estando en una comunidad con un millón de habitantes, el resultado de la Universidad de Oviedo en el ranking Shanghái es magnífico». «Claro que podemos mejorar, pero eso requerirá un esfuerzo de toda la sociedad: del Principado, de las administraciones locales, de las empresas... Y la sociedad asturiana tiene que creer en el potencial de la investigación y la innovación. A mi me gustaría que esa competitividad que hay en el fútbol se trasladase al ámbito científico», afirma. 

José Antonio Gómez, decano de la Facultad de Filosofía y Letras, es más crítico que el resto de sus homólogos y considera que no es buena la posición la de la Universidad de Oviedo. Para mejorar y ascender, hay que «modernizarse», dice. Esto significa «sacudirse la modorra y autocomplacencia de siglos de inercia. Mejorar la gestión académica, lo que implica tener valor para tomar las decisiones que haya que tomar y que no siempre serán populares. Un poco más de dinero y, sobre todo, pensar en el bien de los demás. Además de todo esto, que no es poco, investigar más, publicar fuera de la ‘parroquia’ y dar mejores clases». Gómez defiende que la Universidad de Oviedo «puede y debe» subir puestos en la clasificación de Shanghái, aunque es consciente de que a corto plazo «le costará». «A medio plazo, y remando todos en la misma dirección, es posible», apunta. Haciendo un análisis más en clave nacional, el decano de los estudios de Humanidades sostiene que «la universidad española no se ha tomado en serio la competitividad (nos guste o no nos guste lo que esto conlleva) hasta hace poco tiempo. Además necesita buena gestión, más presupuesto y, sobre todo, una política de Estado alejada de las luchas partidistas». 

José Antonio Prieto, decano de la Facultad Padre Ossó, considera que estar en el top 800 «no es una buena posición». «Porque creo que toda Universidad debería intentar buscar la excelencia en la docencia, en el profesorado y en la investigación que son indicadores que contempla el ranking de Shanghái. No obstante, si tenemos en cuenta otros indicadores como el tamaño de la institución y/o el presupuesto, es una posición respetable, aunque sigo pensando que debemos aspirar a más", expresa. Prieto apuesta por "una mayor inversión en I+D", aunque reconoce que "esto no es un problema autonómico». «Debe cambiar la concepción de la investigación a nivel estatal. Tampoco debemos obsesionarnos con una posición concreta en este ranking. La Universidad de Oviedo hace bien muchas cosas que, o bien,  no se contemplan o se ponderan ligeramente en el ranking Shanghái, como es la docencia. La docencia debería medirse a través de indicadores académicos del alumnado. En este sentido, la mejor acción para mejorar las clasificaciones sería incorporar medidas asociadas con los resultados de aprendizaje de los estudiantes», profundiza.

Sin entrar en muchos detalles, José Carlos Núñez, decano de la Facultad de Psicología, dice que «obviamente cuanto más arriba estemos mejor, pero tenemos que pensar que somos una universidad pequeña en cuanto a recursos». «Una gran parte del presupuesto de la universidad se va en pagar las nóminas. Además, también parte del presupuesto se va en adecuar infraestructuras a las nuevas circunstancias. Y estos rankings se fijan fundamentalmente en cuestiones de investigación y otras que indudablemente requieren dinero», menciona. Dejando a un lado las estadísticas, la impresión de Núñez es que «el capital humano que tenemos en la Universidad de Oviedo es de lo mejor». De hecho, «no pudo haber cambiado para mal en dos años», señala en referencia al bajón experimentado en 2021 y 2022.

Fernando Alonso, decano de la Facultad de Enfermería de Gijón, tampoco profundiza demasiado en la clasificación de Shanghái, pero sí dice que «se necesitan cambios para mejorar los estudios de Enfermería y nuestra posición entre las universidades españolas». Su receta es «crear las condiciones para tener un departamento de Enfermería, modificar el plan de estudios, mejorar la oferta de postgrado, desarrollar una línea de investigación en cuidados dentro del programo de doctorado de ciencias de la salud e incentivar la carrera docente e investigadora entre los nuevos graduados». 

Francisco Javier Iglesias y el resto de integrantes de la dirección de la Escuela de Ingeniería de Minas, Energía y Materiales de Oviedo sostienen que la posición conseguida por la Universidad de Oviedo es «media» y que el mayor problema es la escasez de financiación. «Hace falta más dinero, contratar buen profesorado y tener buenos departamentos de marketing», rematan. 

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