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La laguna del “cisne hereje” sigue hediendo

Sobre el caso Otín y las leves sanciones impuestas a dos profesores de la Universidad de Oviedo

Carlos López Otín, en su despacho. | L. Murias

Hace unos meses que mi conciencia, mi acendrado apego a la justicia, mi defensa de los intereses de Asturias y –justo es reconocerlo, por si es factor distorsionador– mi aprecio, admiración y amistad por el profesor Carlos López Otín, me impulsaron a escribir en estas páginas una fábula sobre un «cisne hereje» y una hedionda laguna universitaria.

Hoy ya hay resolución del tribunal universitario que juzgaba las ignominiosas ofensas al profesor Otín, por parte de los ¿señores? Sánchez Lazo y Novelli.

No es que el propio afectado, ni quienes conocemos la maquinaria universitaria, esperáramos algo más contundente. Pero, al menos, sí una condena que obligara a reparación, pues no hay sentencias suficientemente justas si, además de castigo, no conllevan reparación del daño. Y, aquí, ha habido daños, y muy graves. Terribles, en algunos aspectos, para el denunciante, su familia y su trabajo.

El «jardinero mayor» de la laguna universitaria ovetense, Villaverde, (¡qué paradoja!), a lo Pilatos, puede creer que ha cumplido su tarea, con lavarse las manos tras mover tímidamente el desatascador en una de las tuberías que infectaban su feudo. Que no se engañe. Nadie recuerda a Pilatos por sus logros o carrera política, sino solo por su lavado de manos. Y así se escribirá también en esta historia. Que permitiera que dos de los testigos de los acusados fueran también peritos de la causa,ya dice bastante sobre su anunciada intención de hacer justicia, y sobre su petición de calma y confianza institucional reiteradamente usada ante quienes desde la prensa o la sociedad civil asturiana demandábamos rapidez para evitar prescripciones, y ejemplaridad en las sanciones a que hubiera lugar. Uno de esos testigos podrá seguir, aunque señalado, con la única actividad que se le conoce desde hace décadas: ver fluir fondos y sangre de la fiebre hemorrágica de los conejos. Y, la otra testigo, seguirá columpiándose de liana en liana para ver si alcanza un árbol lo suficientemente alto para hacerla visible. Eso es lo que hay en algunas partes de la orilla de esa charca infecta.

La resolución, sobre la que la Universidad, –al menos en las primeras 24 horas–, se ha negado a dar detalle alguno, pese al requerimiento de algunos periodistas (transparencia se llama eso, ¿o simple vergüenza?), admite que lo registrado en la denuncia de Otín contra Sánchez Lazo, es cierto; pero que los hechos han prescrito. Y respecto a la coacción a una testigo, la admite como probada; pero la califica como falta leve por entender que no hubo violencia, por lo que solo lo sanciona como una admonición. La testimoniada violencia verbal, las amenazas, el abuso de posición de catedrático a bedel, o la obligación de que se quitase la mascarilla en plena oleada de pandemia no son, pues, violencia castigable. Pero, al menos, es de esperar que dejen marcado ante la opinión pública a semejante personaje, muñidor de suficientes hilos como para casi librar del todo.

El otro implicado, Novalli, es condenado a dos meses de suspensión de empleo y sueldo, por atentado grave a la dignidad profesional y personal de Otín. Siendo, como es, una sentencia novedosa en una institución tan dada a las endogámicas «tapa-vergüenzas», debería de conllevar –incluso como reparación de daños–, una rueda de prensa del Rectorado para detallar la resolución y, de paso, subsidiariamente, pedir perdón a Otín y darle el apoyo público contundente e inequívoco que hasta ahora no han dado. Porque lo único que hemos visto de acusados y «jardineros» han sido sus partes pudendas al aire. Un aire que, desgraciadamente para Asturias, por cierto, dejará de surcar en breve el cisne hereje, Otín. Y es que ya no es suficiente el hecho de nombrarle hijo adoptivo, como acertadamente hizo el Gobierno del Principado, pues faltan aún muchos apoyos, disculpas y condenas, como por ejemplo las de quienes tutelan desde una Consejería a la Universidad, y que, hasta ahora, están con Pilatos, a la cola del lavabo. El cisne volará pronto. Pero de su majestuosidad tendremos en breve noticias, nuevos descubrimientos y trabajos, que harán relucir más su nombre; pero que relegarán al olvido a la laguna en que nadó durante años.

Una laguna que sigue hediendo.

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