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Investigadores asturianos descifran el genoma de la medusa inmortal

El estudio, dirigido por López Otín, identifica claves del rejuvenecimiento continuo del animal y permite enfocar nuevas búsquedas frente a enfermedades de la vejez

Por la izquierda, María Pascual, Dido Carrero, Diana Puente, Víctor Quesada, Daniel Maeso, Gabriel Bretones y David Roiz, parte del equipo investigador Irma Collín

Una medusa que mide menos que la uña de un meñique –cuatro milímetros– escondía claves de la inmortalidad que investigadores de la Universidad de Oviedo se han encargado de sacar a la luz. De nombre Turritopsis dohrnii, esa medusa ha sido durante casi cinco años el centro de los desvelos de un equipo dirigido por el bioquímico Carlos López Otín. La revista americana "Proceedings of the National Academy of Sciences" ha publicado hoy los resultados de ese largo trabajo. Se trata de un estudio que descifra el genoma de la medusa inmortal, en el que se definen diversas claves genómicas que contribuyen a extender su longevidad, o lo que es lo mismo, a su continuo rejuvenecimiento, hasta el punto de evitar su muerte.

Por la izquierda, Dido Carrero y María Pascual, investigadoras principales. IRMA COLLIN

Porque esta diminuta medusa es capaz de revertir la dirección de su ciclo vital hasta volver a su estado anterior asexual, llamado pólipo. Así lo demostró en el laboratorio asturiano siendo capaz de resistirse al avance, normalmente sin retorno, del envejecimiento celular y tisular que culmina con la muerte del organismo, en un ciclo típico que comparten la inmensa mayoría de los seres vivos. "Turritopsis dohrnii tiene la facultad de escoger otro camino: revertir su ciclo vital y rejuvenecer", explican desde la Universidad asturiana.

Otín: "Este trabajo no persigue la búsqueda de estrategias para lograr los sueños de la inmortalidad humana que algunos anuncian, sino entender las claves y los límites de la fascinante plasticidad celular"

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El trabajo, asegura Carlos López Otín, "no persigue la búsqueda de estrategias para lograr los sueños de la inmortalidad humana que algunos anuncian, sino entender las claves y los límites de la fascinante plasticidad celular que permite que algunos organismos sean capaces de viajar atrás en el tiempo. De este conocimiento esperamos encontrar mejores respuestas frente a las numerosas enfermedades asociadas al envejecimiento que hoy nos abruman".

"¿Si la medusa es inmortal, nosotros podemos serlo? Es la primera pregunta que se te puede poner delante ante un estudio como este. Pero, como siempre dice Carlos López Otín, tal como somos ahora no podemos. Pero eso no quita para que interpretemos esta investigación como una ayuda para tener más ideas para investigar el cáncer, enfermedades neurodegenerativas, cardiovasculares... todas las que tienen en común que una de sus claves está en el envejecimiento", explica la catalana María Pascual Torner, investigadora postdoctoral del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Unviersidad de Oviedo y primera autora del artículo junto con su compañera Dido Carrero.

Por la izquierda, María Pascual, Dido Carrero, Diana Puente, Víctor Quesada, Daniel Maeso, Gabriel Bretones y David Roiz, parte del equipo investigador. IRMA COLLIN

La secuenciación del genoma de la medusa inmortal, junto con la de su hermana mortal Turritopsis rubra, y el uso de herramientas bioinformáticas y de genómica comparativa han permitido a los investigadores identificar genes amplificados o con variantes diferenciales características de la Turritopsis dohrnii. "Dichos genes están asociados con la replicación y la reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros, la renovación de la población de células madre, la comunicación intercelular y la reducción del ambiente celular oxidativo. Todos ellos afectan a procesos que en humanos se han asociado a la longevidad y al envejecimiento saludable", detallan los investigadores. Además, el intenso estudio de los cambios que se iban produciendo en la expresión génica durante el rejuvenecimiento de la medusa permitió descubrir "señales de silenciamiento de genes mediadas por la denominada ruta ‘Polycomb’ y el aumento de la expresión de genes relacionada con la pluripotencia celular. Ambos son procesos necesarios para que células especializadas puedan diferenciarse y ser capaces de convertirse en cualquier tipo de célula, formando así el nuevo organismo", añaden. Resultados que sugieren, dicen, "que estas dos rutas bioquímicas son mediadoras fundamentales del rejuvenecimiento cíclico de esta medusa".

María Pascual: "parece que los diversos mecanismos que hemos encontrado actuarían de forma sinérgica, como un todo, orquestando así el proceso para asegurar el éxito de su rejuvenecimiento"

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Según María Pascual, parece que "más que existir una clave única de rejuvenecimiento e inmortalidad, los diversos mecanismos que hemos encontrado actuarían de forma sinérgica, como un todo, orquestando así el proceso para asegurar el éxito de su rejuvenecimiento".

El estudio recién publicado está financiado por la UE y el Ministerio de Ciencia y además de las dos firmantes principales han participado en el mismo José G. Pérez-Silva, Diana Puente, David Roiz Valle, Gabriel Bretones, David Rodríguez, Daniel Maeso, Elena Mateo González, Yaiza Español, Guillermo Mariño, José Luís Acuña y Víctor Quesada, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA), del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA) y del Observatorio Marino de Asturias (OMA).

Una camper con laboratorio y otras anécdotas

La inmensa mayoría de los seres vivos, tras el proceso reproductivo, avanzan en un característico proceso de envejecimiento que culmina con la muerte. Pero no es el caso de la medusa «Turritopsis dohrnii», ya que es capaz de revertir ese ciclo y volver a su «juventud». El estudio de esta medusa inmortal captó el interés de los investigadores asturianos, pero no estaba exento de hándicaps. Tantos como muchas otras investigaciones, pero estos no eran pocos.

Y el primero era cómo disponer de medusas para investigar. Dos integrantes del equipo viajaron a Italia, a una de las zonas donde se habían localizado con más certeza, y no se podía ir solo con las ganas y un traje de buzo. «Cuando pensé cómo íbamos a hacer para, si cogíamos algo, poder mirarlo con lupa y estudiarlo bien, la única forma que se me ocurrió fue que teníamos que disponer de una furgoneta camperizada. Y así hicimos. De hecho, montamos un minilaboratorio en la furgoneta y menos mal que lo hicimos, porque el ojo ve lo que ve… pero con el equipo pudimos tener la certeza de que habíamos cogido la especie adecuada», cuenta María Pascual. Otra dificultad venía a continuación. Cómo llevar medusas a un laboratorio pensado, normalmente, para ratones y cobayas. «Sí, eso nos pasaba. Que para medusas no hay nada pensado; pero al final lo conseguimos. Ahí tenemos que agradecer al Acuario de Gijón porque había que hacer un acuario, disponer de agua de mar, saber qué les dábamos de comer… ellos nos ayudaron muchísimo con todo. El cultivo lo tenemos en el Departamento de Biología de Organismos y Sistemas y ahí José Luis Acuña ejerció una buena supervisión, y ahí lo podemos tener. Ahora mismo medusas ya no tenemos en la Universidad, pero algún pólipo sí que queda», añade Pascual. Es la intrahistoria de la ciencia.

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