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Educación

Coles que cambian libros por gallinas

El Valle Inclán y el Santa Mariña introducen nuevas metodologías que apartan los ejemplares de texto y apuestan por material manipulativo e investigación

Aula del contexto científico del CEIP Santa Mariña. FOTOS DE PABLO HERNÁNDEZ

En el Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) de Santa Mariña, en Cabral, se dieron cuenta de que sus alumnos aprendían contenidos, pero no sabían leer un horario de autobús en una parada. “No salían preparados para la vida cotidiana”, explica el profesor Alberto Bouzas. Así que apostaron por introducir nuevas metodologías. Ahora, por ejemplo, sus alumnos de sexto de Primaria cuidan de un gallinero y un huerto en el patio, recogen los huevos y las lechugas, los venden a las familias, llevan la contabilidad del “negocio” y, con lo que sacan, se van de excursión. Y, en este escenario, los libros de texto no tienen cabida. No son el único colegio que los está apartando. Esta tendencia también se observa en otros, como el CEIP Valle Inclán, de Lavadores. No les resultan útiles porque “no todo el mundo aprende al mismo ritmo” y buscan personalizar lo máximo posible el aprendizaje. Con estas nuevas formas de enseñar, ambos centros han aumentado matrícula.

En el Santa Mariña ya no usan libros de texto en ningún nivel y en ningún formato –ni papel ni digital–, desde el curso pasado. “Nos encorsetaban, eran un recurso más, pero no eran útiles”, sostiene Bouzas. El cambio más grande lo han hecho de 3º a 6º de Primaria. Los niños no esperan los profesores de las distintas materias sentados en sus pupitres. En vez de por cursos, el colegio ha repartido sus aulas por contextos –el científico, el matemático, el lingüístico y el artístico– y son los alumnos los que se mueven de una a otra.

Alumnos del Valle Inclán en clase con material manipulativo.

La base del trabajo es la investigación. Sobre un mismo tema, el docente les hace varias propuestas y les da las pautas. Por ejemplo, si el objeto de estudio es Australia, en el contexto científico, una de las tareas será sobre su geografía, otra sobre sus animales y otra de construcción de un búmeran. Para resolver los objetivos de conocimiento que les plantea el profesor podrán buscar información en internet –cada niño tiene su tablet– o en los libros de consulta y revistas que tienen en la biblioteca de clase. Usan infinidad de apps para geolocalizaciones, infografías, presentaciones.... Y el trabajo se lo mandan por mail al profesor.

Para completar los contextos y trabajar de forma conjunta todas las materias, también tienen que completar el proyecto de las “cajas de investigación” con temas como Sadako Sasaki, la boba de Hiroshima y las mil grullas que se convirtieron en un símbolo de la paz. “Aprendiendo a investigar les estamos enseñando a seleccionar”, sostiene Bouzas.

Pero no solo trabajan eso. También ponen mucho énfasis en los esquemas mentales, para que organicen la información, y en las habilidades sociales. “Trabajamos en grupos y van cambiando. Juntamos a gente que no se lleva bien, para que aprendan a colaborar y a respetar a todos”, expone. Buscan “competencias y habilidades que les sirvan en etapas posteriores”.

El material es “social”. Lo que adquieren las familias se usa de forma conjunta en el centro. Se han puesto un tope de 50 euros por alumno y el resto lo completa el colegio. El próximo curso esperan extender esta forma de aprender también a 1º y 2º de Primaria, donde ahora trabajan por rincones y proyectos, como en Infantil. “Si no nos diferenciamos, nos morimos”, pensaron cuando implantaron los cambios. Y les está funcionando.

Valle Inclán

En el Valle Inclán también han aumentado la matrícula este curso, –alrededor de un 30%–y la Consellería de Educación les ha concedido tres unidades más. En el centro creen que el cambio de metodología puede tener mucho que ver. Les ha llegado gente de diferentes partes de Vigo. Su nueva directora, Paula Rey Silva cuenta que han iniciado el curso con la intención de eliminar los libros de texto en todos los niveles. Salvo algunas excepciones: los ejemplares digitales de E-Dixgal se mantendrán este año como textos de consulta y en inglés, la docente que da a todo el centro hará una adaptación progresiva.

La eliminación de los libros de texto es una consecuencia de cómo entienden el aprendizaje: cada niño a su ritmo. El objetivo es eliminar la frustración; tanto del que va más lento y no llega, como del que va rápido y se aburre. Los alumnos trabajan con una “hoja de ruta” en la que aparece lo que tienen que aprender a lo largo del curso. Cada día, la profesora se reúne con varios niños y fijan los objetivos para esa semana. “Lo ideal sería personalizar uno por uno, pero no es viable, harían falta más profesores en el aula”, explica Iria Mosquera, coordinadora del grupo de trabajo de metodologías activas. Por ello, organizan actividades o tareas adaptadas a 3 o 4 niveles distintos que se pueden desarrollar al mismo tiempo en la clase.

Subrayan que no son un centro Montessori, sino que usan lo que funciona de cada metodología. Utilizan material manipulativo porque “lo que les motiva más es lo físico, lo palpable”. Y la idea es que todo lo que se pueda lo creen los propios alumnos. También investigan en internet y con la biblioteca de aula, que reponen con libros de base científica. Tratan de que el material salga de partidas del colegio, pero parte lo ponen las familias y piden un cambio en las ayudas para que pueda incluirse.

Con su hoja de ruta, un niño sabe en que punto está de los objetivos académicos que tienen que alcanzar a lo largo del curso y qué es lo siguiente. Si no los logra todos, repetirá, para darle más tiempo para conseguirlo. Pero, tras el verano, no volverá al punto de inicio, sino a donde lo dejó. Las docentes explican que es un sistema “secuenciado y autocorrectivo, que favorece la autonomía y la responsabilidad” y con el que aprenden a “gestionar el tiempo”.

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