En Bueu
Una huerta y un corral con frutos de tamaño gigante
Un vecino de Galicia, Jesús Fernández Núñez, recoge calabazas de hasta 1,80 metros

Jesús Fernández con dos de sus calabazas gigantes, en su casa de Bueu. / Gonzalo Núñez
David García
En la huerta y el corral de Jesús Fernández casi todo tiene un tamaño XXL. Grande no, lo siguiente. Para ejemplo sus calabazas, que este año llegaron a medir hasta 1,80 metros. “Porque son curvas, que si no serían tan grandes como una persona”, afirmaba ayer desde su casa en Trasouto, en Bueu (Pontevedra).
Jesús es un marinero jubilado de 77 años que faenó en Malvinas, Canadá o el sur de África. Cuando dejó el mar comenzó a cultivar su afición por la huerta, en la que abundan todo tipo de frutales. En esa plantación este año destacan por encima de todo las calabazas. “Hay de varios tipos y hay una variedad que es la calabaza larga. Pero nunca las había tenido tan grandes como este año. Normalmente miden algo más de un metro y esta vez llegaron a 1,80 metros”, afirma.
Este vecino de Bueu asegura que no ha cambiado de fertilizante, que no es otro que el abono de sus gallinas, y que tampoco ha modificado el sistema de riego. “Tuvo que ser por el tiempo tan seco de este año, supongo que serán cosas del cambio climático”, afirma. Aún así seguro que su buena mano también tiene algo que ver porque no es el único que las cultiva en la zona y nadie más ha recogido semejante cosecha. Sin duda lo mejor es que de estas calabazas no se desperdicia casi nada. “Se aprovecha todo, no como con la butefa. Valen para hacer crema, chulas...”, afirma Fernández.
En su huerto hay 'feixoas', kiwis amarillos, granadas... “Dicen que hay frutales que aquí no se dan, pero creo que ahora mismo en Galicia puede crecer casi de todo”, asegura.
Para el la huerta y el corral son un entretenimiento y una actividad que le ayuda a mantenerse activo y en forma. “Aquí no me aburro nada de nada”, dice con una sonrisa. Y añade que “mientras no me caiga el pelo no se me va la memoria”. En su corral hay gallinas de varias clases. Quizás las más llamativas son las gallinas grandes de Jersey, con un tamaño bastante superior a las autóctonas. “Sus huevos son también más grandes, pero su sabor y el de la carne es prácticamente el mismo”, explica. Las empezó a criar después de que le regalasen un par de huevos y poco a poco se fue haciendo con más.
También cría otra raza de gallinas de ascendencia chilena, que ponen unos huevos con tonos azulados y verdosos. “La única diferencia es que tienen poca clara y mucha yema”, apunta.
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