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Víctor Manuel Cantante, publica el triple recopilatorio "Una vida en canciones"

"Tengo seiscientas y me conformaría con sesenta, les canciones buenes son muy cares"

Víctor manuel, en una imagen promocional de su nuevo disco. PACO NAVARRO

Victor Manuel (Mieres, 75 años) vuelve a la carretera –si es que alguna vez aparcó los escenarios– en un momento dulce. Al aniversario vital de tres cuartos de siglo suma la publicación, el próximo 25 de noviembre, del triple recopilatorio "Una vida en canciones", donde repasa grandes éxitos, rescata rarezas y ofrece nuevas colaboraciones de sus clásicos con artistas muy jóvenes. La gira que acompaña este trabajo le traerá a Asturias en dos fechas únicas en el Niemeyer, el 17 y 18 de marzo, un doblete cuyas entradas se ponen a la venta mañana en la web del artista a partir del mediodía.

–Uno escucha una canción y le transporta al tiempo y al lugar donde más la escuchó. ¿Y al compositor?

–Casi todas me llevan al tiempo en que las escribí. Y en este material del recopilatorio casi todo lo que hay soy consciente del momento en que lo hice y por qué, en qué estaba pensando. Ese es el poder que tienen las canciones. El pasado fin de semana me nombraron hijo adoptivo en El Centenillo, en Jaén, y me contaban que si había compuesto allí una canción muy conocida, "Quiero abrazarte tanto", pero qué va, la música la hice en Holanda y la letra, en México.

–¿Le sirve de algo ese poder evocador cuando las interpreta en directo?

–De alguna manera automatizas el trabajo, pero depende del día y las circunstancias. También hay canciones y canciones. Algunas son más superficiales, otras, no.

–No es la primera vez que echa la vista atrás para contemplar su producción.

–Pero nunca de esta manera. Se habían hecho antologías, pero no en las que yo haya intervenido para decir qué canciones y qué versiones debían estar. Es la primera vez. Y sí, es una selección donde está lo más conocido, pero también cosas raras que ni la compañía esperaba que interviniera para lograr que estuvieran aquí. Hay canciones que ni dios se entera que las has escrito, y por algunas tengo un afecto especial. Por eso las incluí.

–¿Por ejemplo?

–Hay una que ya había rescatado que era "Canción pequeña". Son lo que llamo canciones desgraciadas, que no pasa nada con ellas cuando las haces. Hay otras, pienso en "Como los monos de Gibraltar", que me han dado mucho y sin embargo no las canto. O esos juguetes, como "Me gusta saber de ti", que son canciones de tres minutos. Ojalá todas las canciones que hubiese escrito durasen tres minutos. Porque aprietas mucho, condensas, dejas lo esencial. Como en "Mi patria no es la misma" o "Para que te quieran y tú sepas que te han querido", que ahora la he metido de cierre del concierto, que me gusta mucho pero no he cantado tanto. O "No quiero ser militar", que nunca existió, porque la escribí en un momento determinado, como un vómito, y fue la que más problemas administrativos, con la censura, me ha causado.

–En todo caso, en las giras si ha hecho esta reflexión de echar la vista atrás sobre su trabajo.

–Pero cuando voy a empezar una nueva gira al final te centras en lo mollar, lo que quiere escuchar la gente y las guindas, que suele ser lo último que has sacado. Por eso aquí abres el abanico y el cincuenta por ciento de lo que está recopilado hace que no lo canto no sé cuántos años. Pienso, por ejemplo, en "Me’n vaig a peu" con Serrat o el "Ramito de violetas" con Pablito Milanés.

–¿Y qué conclusión saca de todo este repertorio?

–A veces digo, como boutade, que tengo muchas canciones, casi 600, y que con haber hecho 60 sería suficiente. Generalmente escribes de más. Antes era un disco cada año, y 12 canciones, y entraban un aluvión de cosas que a veces merecían la pena y otras, no. En este no hay nada que yo no quiera que esté.

–Sesenta canciones de tres minutos. ¡Ciento ochenta minutos!

–¡Tres horas de repertorio! Eso cuesta mucho. Les canciones buenes son muy cares. Es que a veces uno acierta y luego a la gente le importa un pijo lo que hiciste con tanto esfuerzo y cariño. Y otras la canción menos pensada te da un impulso a tu vida que no te esperas. Ana y yo hemos debido hacer cosas muy buenas en otra vida para que alguien te mande de repente "La puerta de Alcalá" o "Contamíname" cuando estás a punto de acabar la grabación de un disco. Aunque en ese caso sean canciones ajenas.

–¿De las propias, cuáles le sorprendieron y cambiaron la vida?

–Distintas en diferentes etapas, pero la canción que más me sorprendió fue "El abuelo Víctor". Yo no pensaba ni grabarla. Me parecía tan personal, tan íntima… ¡Cómo voy a contar esta milonga en el disco, una cosa del mi güelu! Pero un día se la canté a un amigo que pasó por casa y se puso a llorar. No era capaz de entenderlo. "Ye que yo tengo güelu como tú", me dijo. Luego hay canciones que salen muy fácilmente y se reciben muy bien, como "Quiero abrazarte tanto", no solo aquí, en Chile, México, Argentina… O más tarde, cuando estaba desahuciado por la industria y me presenté con "Soy un corazón tendido al sol" y "Solo pienso en ti". No puedes calibrar la dimensión de lo que puede pasar con las canciones.

–¿"El abuelo Víctor" le enseñó, entonces, a desnudarse un poco más como compositor?

–Todo en ese primer disco del 68/69 pertenecía a un círculo muy íntimo. No pensaba que unos paxarinos podían interesar a alguien más allá del Pajares, pero era lo que decía Juan Cueto, lo glocal. Les canciones escápense de las manos, vuelen y no sabes cuál ye el proceso o cómo abren la cabeza, porque pilla lejísimos. Eso pasa con la música. Escuchas miles de canciones y unas te quedan en el disco duro y otras no.

–¿Cómo fue ese estar desahuciado por la industria?

–En ese momento lo sentía así. Estaba canino, no ganaba nada, no trabajaba o lo hacía solo en cosas muy especiales. Había sido también un poco voluntario. Seis años sin sonar en televisión, metido en demasiados temas políticos antes y después de la transición como para que lo mío no saliera del ámbito de lo transformador. Y en ese momento, el momento de rehacer mi imagen como músico, como cantante y de poder ganar unes perres, fue cuando me puse a escribir "El corazón tendido al sol", en un trance especial.

–¿De qué tipo?

–Nos estábamos cambiando de casa, andábamos Ana y yo un poco desperdigados por apartamentos de la familia y de repente vi una casina muy guapa. Teníamos quinientes mil pesetes en el banco, las dimos de entrada y a continuación me tuve que poner a escribir el disco porque si no no podría haberla pagado nunca. A veces te fuerzas a buscar salidas. Y a veces lo consigues. El cambio de compañía también tuvo que ver con eso. En Polygram ya no me querían. Estaban hasta los cojones de mí, siempre metido en fregaos que tenían poco que ver con la música. En CBS había un presidente maravilloso, Tomás Muñoz, y cuando le presentaron la oportunidad de ficharme dijo: "Si ha escrito ‘Quiero abrazarte tanto’, ‘El abuelo Víctor’ y ‘Canción para Pilar’ no se le ha tenio que olvidar. Es verdad que tú tienes los ingredientes para hacer las canciones, pero cuando me cambié de compañía no las tenía todavía.

–Y de la necesidad salieron esos clásicos.

–Escribí el disco con la convicción de que tenía que gustarle a la gente, pero hay canciones muy raras. Era 1978 y está "La canción de la esperanza", en la que dice eso de "con un voto no cambiamos casi nada" y que han utilizado ahora los que ganaron las elecciones en Chile. Pero tenía, digo, canciones muy rares, "El niño que volaba" o "Pablo y Juana". Pero tenía dos bombas, que eran el "Solo pienso en ti" y el "Corazón tendido al sol".

–¿Cómo las escribió?

–Cuando "Solo pienso en ti" se desencadenó en mi cabeza estaba en Montilla, Córdoba, esperando en un motel para ir a cantar a Aguilar de la Frontera. Cogí en recepción el Diario de Córdoba y había allí una crónica sobre una residencia en Cabra donde convivían discapacitados de ambos sexos y de los problemas derivados. Y una foto con un pie: "Cuando acaban su trabajo, Maryluz y Antonio pasean de la mano por el jardín". Podría llegar al hostal ahora mismo e identificarlo a la primera. "Soy un corazón tendido al sol" es muy optimista pero yo tenía mucho pesimismo dentro. Abarca mucha gente, mucha población. Así son les canciones que funcionen, aunque no sepas cómo hacerlas.

–Pero sí domina los ingredientes, como el cocinero. ¿No?

–Con los años aprendes eso. Antes tiraba muchas más canciones que ahora. Ahora sé el objetivo y en general sé a dónde quiero llegar cuando las empiezo. Así y todo, algunas no salen.

–En este trabajo hay canciones de discos en directo. Usted ha grabado varios. Parece que le gusta el directo, sigue estando a gusto en el escenario.

–Tienes que sonar bien, dejar contenta a la gente y luego vuelves veinte años después y se siguen acordando. Por eso muches de les perres que gasté fue para llevar muy buenos músicos y equipo detrás. Eso el público te lo devuelve. Hay compañeros que están equivocados, que piensan que se puede ir de cualquier manera a tocar.

–En todo caso, le gusta.

–Sí, a mí préstame mucho. El subtítulo de la gira es "el escenario lo cura todo". Lo curable, claro. Es una medicina y yo nunca me he sentido incómodo en el directo. A veces tienes mal sonido, o tienes mal día, pero yo nunca he ido al psiquiatra y eso ye porque canto. Yo, que a veces soy de una timidez casi enfermiza, sobre todo cuando hay mucha gente, siete personas, por ejemplo, con diez mil no tengo problema. Plántome ahí encima y sé cómo tengo que hacer, cómo dirigirme al público. Es el oficio, aprendes a disfrutar con ello y yo disfruto mucho. Hay gente a la que no le gusta ni viajar, ni los hoteles, y sí, ye lo que más te cansa de toda esta historia. pero todo está recompensado.

–Luego hay una serie de versiones con músicos mucho más jóvenes: Rozalén, Dani Martín, Sidonie, Drexler..

–Me da mucha alegría. Es gente a la que sigo aunque a algunos no los haya visto nunca, porque es imposible coincidir con todos. Aprecian mi trabajo y están a favor, no es un encargo. Qué voy a decir. Cuando presenté a Rozalén, en 50 años no es nada, dije "esta ha llegado para quedarse". Desde entonces, cada 14 de septiembre me manda un whatsapp que poner "contigo empezó todo". Son cosas que te enraízan más en la profesión.

–Siempre ha ejercido un poco como "el padrino" de la escena musical para los que venían detrás.

–Siempre que me lo han pedido y he tenido posibilidad he echado una mano. No es eso de "tú me ayudaste a salir". No, yo no ayudo a nadie. Puedo poner una pedalina para que se pongan en pie, pero si no hay talento da igual que empujes que no. Recuerdo a los teloneros en "Mucho más que dos" en el 94 en Gijón. Eran Pedro Guerra y Javier Álvarez. Y cuando salió Pedro y empezó a tocar "Dibujos Animados’’ aquello se venía abajo. ¡Da tanto gusto encontrarse gente con talento!

–Esas nuevas versiones las ha producido Paco Loco. ¿Tiene otros proyectos con él?

–Paco Loco ya ha grabado una nueva versión de "La madre" con Dani Martín. Ahora me dijo que iba a hacer una selección de canciones, aunque dice que hay tantas canciones que va a necesitar ayuda. No está mal tener otra visión radicalmente diferente de lo que son las canciones mías. Puede estar bien. Ha sido muy curioso encontrarme con él después de haber sido yo productor de "Los Locos" desde la Fonográfica Asturiana. No lo he vuelto a ver desde 1983.

–Vuelve con banda a Asturias, al Niemeyer, en la nueva gira, en marzo.

–Sí, y me estaba dando cuenta de que no canto en el Niemeyer desde el año 2011, cuando hicimos el "Vivir para cantarlo". Con Miguel Bosé, con Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat, Ana...

–Y el año lo va a despedir con un concierto sinfónico, como el de La Laboral, pero en Madrid.

–El 21 de diciembre en Madrid, en el Wizink, paselo tan bien en los conciertos de Gijón. Y cuando pienso lo difícil que ye moverte en un concierto de ese tipo y en que lo habíamos hecho hacía 22 años... Es que aquello lo hicimos en unas circunstancias mucho más pobres. Hubo ensayos, pero casi no hubo prueba de sonido ni hubo nada. Fue todo muy improvisado y se grabó el primer concierto que se hizo. Pero la verdad es que hace año y medio uno de los ingenieros de aquel trabajo me dijo que lo había vuelto a escuchar y que aquel disco era la hostia. Le hice caso, lo escuché y volvimos a poner la maquinaria en marcha. Y todo el mundo está encantado.

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