Víctor Manuel y Ana Belén despiden al "eterno Pablo", que siempre tuvo gran acogida en Asturias
El autor de "Yolanda" deja en la región un reguero de actuaciones en las que siempre le correspondió el público

Pablo Milanés, durante el concierto de Piedras Blancas del mes de febrero. | Mara Villamuza / Jordi Bianciotto / T.P.
Jordi Bianciotto / T.P.
El suyo fue un canto comprometido con un idealismo político, pero también proclive a la reflexión filosófica y al apasionamiento romántico. Obra troncal en la canción hispana, con sentimiento, refinamiento y hondura poética, la de Pablo Milanés, cantautor fundacional de la Nueva Trova Cubana, que nos dejó este lunes, a los 79 años, en Madrid, tras arrastrar durante años un cáncer en la sangre.
La debilidad de su salud le forzó a suspender, el 12 de noviembre, diversos conciertos. A finales de 2017 se había instalado en Madrid para recibir un tratamiento inexistente en su país. Andaba recorriendo los escenarios con su gira "Días de luz", compendio de cinco décadas de carrera, con la que en febrero actuó por última vez en Asturias, en Piedras Blancas, en un exquisito formato de trío, con piano y violoncelo. Fue el Principado un escenario habitual de Milanés, en solitario o acompañado de su hermano musical, el mierense Víctor Manuel, al que recordó explícitamente en el Valey al cantar "Alga quisiera ser": "Víctor, mi hermano, me pidió que musicalizase uno de los poemas de Ángel González".
El vínculo fraternal entre Pablo y Víctor, al que se sumó Ana Belén, fue subiendo de volumen desde el emblemático concierto de 1994 "Mucho más que dos", junto a Serrat, Sabina y Miguel Ríos, entre otros. De ambos es el disco "En blanco y negro", grabado en directo durante la gira del mismo nombre. "Querido Pablo, ha sido un privilegio conocerte. Hasta siempre. Nos quedó pendiente otra ‘descarga’ en tu casa… Recordando tu último cumpleaños…", escribió Ana Belén en Instagram, junto a unas emotivas imágenes, como una en la que le da un cariñoso beso. En el perfil conjunto de la pareja, una frase: "Eterno Pablo".
Para Milanés el son cubano representaba "la máxima expresión" de la música de su país, y ahí está el origen de su obra, de ese canto con poso revolucionario que, en los años 60 y 70, creció en paralelo a las expectativas creadas por la revolución cubana. De familia humilde, nacido en Bayamo (24 de febrero de 1943), se trasladó a los seis años a La Habana con su madre, Cachita, modista que, ahorrando abnegadamente, le compró su primera guitarra al tiempo que lo mostraba en las radios de la capital. Era visible su don para el canto, que pronto enraizó en la tradición cubana, hasta el punto de que dejó los estudios en el conservatorio porque sus profesores no tenían en cuenta el son y la música popular.
Pasó por diversas agrupaciones y compuso sus primeras canciones, una de las cuales, "Mis veintidós años" (1965), es la semilla de la Nueva Trova. Ahí estaba la síntesis entre la raíz campesina y el influjo urbano del "filin" (revisión del bolero y la canción romántica) con un texto trascendente, de reafirmación individual y esperanza en el ser humano. Aquel era un Milanés veinteañero que se abrió paso atraído por el Centro de la Canción, en la Casa de las Américas.
El trovador se presentó 1976 por primera vez en España y sus visitas se convertirían en habituales mientras su cancionero incorporaba "Yolanda", dedicada a quien había sido su pareja, y madre de Lynn, su primera hija.
El escepticismo político se iba manifestando entre líneas. En el verano de 2021, en plena pandemia, Milanés apoyó las protestas que arreciaban en Cuba. Sus canciones más agitadoras ya no sonaban en sus recitales otoñales: primaba el sentimiento de sus piezas más tiernas, como esa "Yolanda" presta a ser "eternamente" amada.
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