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Festival de Cine de Gijón Alejandro Díaz Castaño Director del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX)

"Sería una bendición contar con 400 butacas en Tabacalera para el festival"

"Esta 60.ª edición la celebramos con el mismo entusiasmo que las anteriores; nuestra filosofía es alejarnos de cualquier ‘postureo’"

Alejandro Díaz Castaño, en la Escuela de Comercio de Gijón Ángel González

Finalizada hacer ahora algo más de una semana la última edición del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) su director desde 2017, Alejandro Díaz Castaño (Bimenes, 1979), calcula que la cita de este año se acerca ya a niveles de espectadores previos a la pandemia, apunta a la Tabacalera como posible nueva sede de proyecciones y defiende la importancia del festival como espacio de difusión de las obras de cineastas asturianos. 

–Público y participantes tienen la sensación de que este FICX ha vuelto a la normalidad, al menos, en cuanto a asistentes. ¿Cómo valora esta edición? 

–Aunque aún estamos pendientes de recabar bastantes datos referentes a nuestras actividades complementarias, podemos confirmar que la taquilla ha aumentado significativamente respecto a 2021, y ello nos acerca cada vez más a la situación anterior a la pandemia. Esto es especialmente positivo en un sector, el de la exhibición audiovisual, que es uno de los que más complicado está teniendo recuperar el volumen de actividad anterior a la eclosión de la covid-19.

–Llamaron especialmente la atención las colas en el Jovellanos, inmensas. ¿Se pueden evitar? 

–Es complicado evitar la formación de colas en una sede que alberga hasta a 900 personas cuando los espectadores son plenamente conscientes de que, por respeto al público, no se permite la entrada una vez iniciada la proyección. Ha habido sesiones en las que, cierto es, las colas han sido kilométricas, pero han estado excelentemente gestionadas tanto por parte de nuestro equipo de producción y como por la de la cinefilia gijonesa, educada y respetuosa como pocas.

–Con grandes y pequeñas salas, comentó que parece necesario un espacio intermedio y fijó la Tabacalera como posible opción. ¿Se estudian otras alternativas? 

–Por el momento, y a nivel de espacios públicos, es la opción más interesante que se maneja como próxima incorporación tanto para las sedes del FICX como para la celebración de otro tipo de actividades en Gijón durante todo el año. Sería una bendición contar con una sala de unas 400 butacas en un emplazamiento tan singular como Tabacalera.

–Se han vertido algunas críticas contra una edición que, pese a su 60.º aniversario, no ha presentado un programa muy fuera de lo habitual.

–Bueno, es que celebramos todas las ediciones con el mismo entusiasmo. Este año hemos creado el «Cineclub 60» en colaboración con la Sociedad Cultural Gijonesa, una iniciativa gratuita que empezó con 50 espectadores y acabó con 120 personas viendo «Cuentos de Tokio» de Yasujiro Ozu, y que esperamos que tenga continuidad en 2023. Hemos ayudado también a editar un libro original por primera vez en muchos años, «La estrategia del roble», de Tito Montero, que ha contado también con una maravillosa exposición homónima. Y el FICX ha otorgado un Premio Especial 60.º Aniversario a la gran María de Medeiros, cuya presencia iluminó Gijón durante nueve días. Me parecen cosas muy especiales y, sobre todo, con valor artístico y alejadas de cualquier «postureo», que es nuestra filosofía como festival. 

–Es el primer FICX presencial con las nuevas categorías creadas en 2020 para ordenar mejor la programación. ¿Funcionan? 

–En mis primeras ediciones al frente del FICX triunfaron en la sección oficial maestros incontestables como Hong Sangsoo o Pedro Costa. En estas últimas, y con la nueva división en tres apartados competitivos, se está hablando de títulos como «Rien à foutre» (Julie Lecoustre, Emmanuel Marre), «Metronom» (Alexandru Belc) o «Estertor» (Sofía Jallinsky, Basovih Marinaro), películas que no estaban en el radar ni de buena parte de la crítica ni de las compañías distribuidoras y que están firmadas por cineastas que están llamados a ser los grandes nombres del presente y del mañana. En ese sentido creo que, en efecto, las nuevas categorías están cumpliendo con su objetivo.

–Este festival apostó por la presencialidad, pero mantiene su actividad en Youtube y contenidos audiovisuales diarios en redes sociales. ¿El FICX será ya siempre, de alguna u otra manera, híbrido? 

–Sí, y en realidad ya lo era antes de la pandemia, pues recordemos que la primera colaboración con Filmin tuvo lugar en 2017. Obviamente la edición 100% online de 2020 nos impulsó a desarrollar herramientas digitales de las que estamos obteniendo un gran rendimiento a nivel de contenidos virtuales. Por poner un ejemplo, «les pingarates» están quedando como testimonio y archivo de decenas de cineastas que han pasado por el FICX en los últimos años. Hemos tenido disponibles en streaming algunas películas de la edición, ofrecido ciclos especiales online programados por nosotros y un canal durante todo el año gracias a nuestra fructífera y diría que imprescindible colaboración con Filmin.

–Fran Gayo comentaba que el «Enfants Terribles» de esta edición se ha mimado especialmente y que en «Tierres en Trance» se trata de huir de la «pornomiseria». ¿Cómo ve estos cambios? ¿Habrá otros similares? 

–La idea que tenemos para el festival no pasa por la obsesión en aumentar las cifras: más cantidad de películas, más cantidad de proyecciones, más cantidad de actividades cada año… No, más bien la idea que tenemos pasa por mantener una dimensión similar a la alcanzada este año y continuar cultivando la excelencia, aumentar la calidad de cada una de las secciones y el diálogo entre las distintas propuestas, dotar de sentido y coherencia a todas las actividades complementarias y fomentar nuevas maneras de lograr que público, prensa y cineastas compartan espacios para la reflexión y la creación de sinergias. Convertirnos en una experiencia única que, como ya está ocurriendo, cada vez atrae a más público y a más profesionales de fuera de Asturias.

–Otra apuesta seria es el cine asturiano. ¿Cómo lo ha visto este año? ¿Qué destaca? 

–Cuando llegué a la dirección del FICX nadie recordaba el último largometraje asturiano que había participado en la sección oficial del festival. Desde entonces, todos los años hemos tenido participación asturiana en la máxima competición internacional y a lo largo y ancho del programa. Es uno de los logros de los que más satisfecho estoy: haber creído en el cine hecho en nuestra región y habernos atrevido a darle la cancha que sin duda merece. Este año, por ejemplo, hemos contado con dos extraordinarias películas en sección oficial: «Hilos», de Tito Montero, galardonada por partida doble; y «Contracampos», una obra magistral del buque insignia y «alma mater» del nuevo cine asturiano Ramón Lluís Bande.

–¿Cuáles son las previsiones de distribución de las películas proyectadas? Comentó en la presentación que el visionado de gran parte de los filmes en el FICX sería una oportunidad única. 

–Durante los últimos días del festival varias distribuidoras se pusieron en contacto con nosotros para pedirnos el contacto de películas seleccionadas que no tenían asegurada la difusión comercial en nuestro país. Estas peticiones aumentaron el día de la clausura y en cuanto se anunciaron los premios. Buena parte de las distribuidoras independientes de nuestro país están atentas al FICX para descubrir joyas que posteriormente llevarán a las pantallas o a las plataformas, y es sin duda uno de los principales objetivos que tenemos los festivales hoy en día para resultar útiles a las películas. En 2021 una treintena de títulos fueron distribuidos comercialmente en España tras ser proyectados en el FICX.

–¿Qué supone el nuevo apoyo de la Comisión Europea? ¿Cuál ha sido la cuantía económica aportada? 

–Actualmente el apoyo de la Comisión Europea se renueva cada dos años, y para ello el festival tiene que presentar unas minuciosas memorias de actividad y un detallado proyecto que lleva muchas semanas elaborar. En su última convocatoria, la Unión Europea ha vuelto a otorgar a la trayectoria y al proyecto del FICX la máxima puntuación de todos los festivales españoles de su convocatoria, y una de las más altas a nivel continental, alcanzando el 6º puesto de 97 en el ranking europeo de Creative Europe. La cantidad aportada al FICX por la Unión Europea en su última convocatoria ha sido de 55.000 euros por cada edición, la más alta de toda la historia de nuestro certamen.

–¿Podría hacer una breve valoración de los principales ganadores de esta edición? 

–Resulta complicado valorar solamente las películas premiadas cuando uno está enamorado del conjunto de obras que han concursado en cada edición. Me alegro por cada uno de los títulos galardonados porque, a mi modo de ver, todos ellos tienen algo especial, desde la magistral solidez del «Rimini» de Ulrich Seidl al genuino espíritu punk de «Anhell69» de Theo Montoya.

–¿Qué retos querría plantearse para la próxima edición? 

–Aún es pronto porque, por un lado, no hemos tenido tiempo aún de analizar a fondo datos y encuestas y, por otro, nos gusta ir leyendo siempre la actualidad del audiovisual, de modo que nuestra elaboración de la programación sea lo más orgánica posible, fluya con el «zeitgeist» y se vaya dibujando a medida de que transcurre el tiempo entre cada edición. Pero la idea es seguir trabajando para continuar haciendo de Gijón un certamen único, libre y que no programa cómodamente “lo de siempre”. Sorprender, adelantarnos, arriesgar y no acomodarnos en fórmulas de eficacia probada. Y, muy importante, tener la firme voluntad de ser un festival de filtro y no de acumulación.

–Si tuviese que hacer una lista a los Reyes Magos, ¿a qué cineastas querría traer al FICX en próximas ediciones que se le hayan escapado hasta ahora? 

–Son muchas las figuras que soñamos con traer al FICX. En algunos casos llevamos ya muchos años intentándolo. Como soy optimista por naturaleza y espero que alguna de ellas pueda visitarnos próximamente, prefiero no dar nombres concretos, pero confío en que podamos seguir recibiendo en el futuro a personalidades como Maria de Medeiros o Elina Löwensohn, que dieron brillo, altura y carácter internacional a la edición de este año.

–El próximo FICX será ya después de las elecciones. ¿Ha pensado en si los resultados afectarán al festival o a su cargo? 

–Decía el inmortal filósofo Baruch Spinoza que «un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida». Extrapolando y, posiblemente, denigrando un poco este gran aforismo, diría que nada ocupa menos mi pensamiento que mi propia continuidad. Mientras siga dirigiendo el FICX continuaré trabajando con toda la ilusión y todas mis energías para hacer el mejor festival posible. Cuando deje de dirigirlo, desearé lo mejor a quien me suceda y estoy seguro de que a este grandísimo festival le esperan muchos más años de gloria.

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