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LXXV Temporada de Ópera
David Menéndez Barítono, protagoniza "Hamlet", nueva producción de la Ópera de Oviedo

"En Hamlet he encontrado un personaje que necesita mucha energía para interpretarlo"

"Lo más difícil de cantar es el silencio: la música te ayuda a interpretar, los silencios tienes que saber mantenerlos"

David Menéndez. Luisma Murias

El barítono asturiano David Menéndez (Castrillón, 1975) protagoniza la nueva producción de la Ópera de Oviedo, "Hamlet", que se estrena en el teatro Campoamor de Oviedo el 8 de diciembre bajo la dirección musical de Audrey Saint-Gil y con Susana Gómez al cargo de la escena.

–Asume por primera vez el rol de Hamlet.

–No solo es un debut en un rol, sino un debut en un repertorio al que no estoy muy acostumbrado. Normalmente canto Mozart, Rossini… Ahora tengo que entrar en el lenguaje del compositor, en la música francesa. He hecho algunas cosas, pero no muchas. Luego, hay una dificultad práctica, que es que las planchas con las que se imprime este tipo de música son antiguas. Por poner un ejemplo, hoy los silencios de una corchea o una negra son dos signos diferentes, pero en las planchas antiguas es el mismo signo cambiado de lado, así que visualmente la lectura de la partitura plantea una dificultad práctica. Hay que trabajar el francés cantado, para que se te entienda y para estar cómodo. A nivel actoral, me he imbuido en la literatura de la época, he leído la obra literaria, he buscado paralelismos con el libreto… Se trata de ver de qué pozos puedo beber para hacer este personaje, en el que el público no está habituado a verme. En Oviedo he hecho personajes de carácter más ligero, con un punto cómico y este es todo lo contrario.

–¿Hay lenguas más musicales que otras?

–Los cantantes somos los únicos instrumentistas que tenemos la capacidad de llegar al público por dos vías: con la música llegas al sentimiento, al alma, y con el texto llegas al intelecto. Si una de esas dos vías falla, el mensaje no llega igual. Es importante que se entienda lo que estás cantando, tener una buena dicción. En el francés la gran dificultad reside en las vocales, que requieren de una buena posición vocal, para tener una buena proyección y que se nos entienda.

–¿Ha buscado una conexión del libreto con la época contemporánea?

–Hay situaciones universales, atemporales: el sentimiento de odio, el amor, una traición es independiente del momento en que se cuente. Uno busca en sí mismo qué reacción ha tenido, cómo se ha sentido cuando le ha pasado algo similar o cómo reaccionaría. Los cantantes tenemos que mirar cómo reaccionaríamos nosotros para sacar el máximo partido actoral a lo que te van a pedir, al margen de la época.

–¿No está todo en el libreto?

–Depende del personaje. No es lo mismo un personaje del que solo conoces la historia contenida en la ópera, el "Don Pasquale", por ejemplo, que un personaje histórico sobre el que hay literatura, escrito a partir de un acontecimiento. Es un error no alimentarte de todo lo que hay en el entorno porque te enriquece, sobre todo, a nivel actoral. Hoy en día es casi impensable plantearte un espectáculo operístico sin que el cantante se meta hasta el fondo del personaje. Los cantantes de ópera somos actores que cantamos. Yo le doy prioridad al hecho de cantar, es necesario hacerlo bien, pero si cantas muy bien y no es creíble falta una parte. Las dos cosas deben ir de la mano.

–Dice terminar agotado en los ensayos de "Hamlet".

–Me he encontrado con un personaje que además de cantarlo necesita mucha energía para ser interpretado. Hay que andar el camino de la mano del personaje y en ese camino hay momentos fuertes, duros, y hay que estar a la altura. En los ensayos no se hace ese camino de manera ordenada: montas una escena del principio después de salir de otra donde estabas intentando matar a tu madre. Eso requiere una concentración mayor y ese esfuerzo te arrasa. Y otra cosa: el personaje está casi todo el rato en escena, cante o no cante, y lo tienes que mantener todo el rato. No es: "No canto, descanso", es: "No canto y estoy". Lo más difícil de cantar es el silencio. La música te ayuda a interpretar, en los silencios tienes que mantener tú la tensión, incluso musical, para que el personaje siga viviendo, no te desconectas.

–¿Cómo es su Hamlet?

–Mi visión del personaje ha cambiado al compartirla con la directora de escena. Mi idea era la de un tipo flojo, muy sometido por su madre, a la que admira y odia en el mismo grado, una madre que le castra y le maltrata por no ser lo que ella quiere que sea. La historia dice que era un tipo gordito, blanquito, moreno… No es la imagen típica de un príncipe. Hamlet no era lo que se esperaba y se lo han hecho saber, y se siente un poco acomplejado. ¿Por qué no lucha por ser el sucesor de su padre? Susana me hizo planteármelo. Aún estoy pensado como plantear el final.

–¿Su Hamlet sería un buen rey?

–Le ha tocado y asume la responsabilidad, pero estoy pensando aún cómo asumir esa aceptación. En Hamlet también veo un tipo con poca capacidad de autocontrol, que se revuelve por dentro. No es frío ni calculador. Es inestable.

–¿Después de “Hamlet”?

–A pesar de las adversidades tengo el año cubierto. Las adversidades a las que me refiero son que, desde que en 2017 debuté en el Bolshoi, todos los años he estado yendo a cantar al de Moscú. Tuve un parón con la pandemia, pero cuando empezamos a viajar regresé y estuve cantado una producción de "Il viaggio a Reims", debuté con el Fígaro de "Las bodas de Figaro". Yo tendría que haber estado allí esta temporada cantando el Leporello de Don Giovanni y haciendo otra el Fígaro y "Il viaggo a Reims". Por motivo obvios está cancelado y parte del año me quedaba colgado, había tenido que haber estado allí casi tres meses. Al final, he podido retomar proyectos que tenía. Nada más acabar aquí, y después de una semana libre en Navidad, me voy a Madrid y canto el 28 de diciembre en el Auditorio Nacional la novena de Beethoven con la Nacional de España y el 2 de enero me incorporo a los ensayos de "Così fan tutte" en Bilbao. He podido retomar el proyecto de hacer el Marcelo de "La Boheme" en Mallorca y estaré en la temporada de zarzuela, ya se verá dónde, pero regreso a Oviedo en el mes de abril. Luego vuelvo a cantar la novena con la Nacional y la Sinfónica de Murcia, con el Coro Nacional, y después me incorporo a los ensayos de "La Boheme" de Emilio Sagi, también como Marcelo, en el Auditorio de Alicante, un papel que me hace especial ilusión.

–¿Qué le llega desde Rusia, a través de los artistas y profesionales con los que ha trabajado?

–Hablo con ellos, pero no entramos en detalles por una cuestión de precaución. La situación que están viviendo no es fácil, les controlan las comunicaciones y las redes sociales. Intento no ponerles en un aprieto.

–La guerra ha interrumpido los circuitos musicales.

–Conseguir un visado para ir a Moscú es complicado. Tienes que viajar a través de otros países, pasar la frontera, que no es fácil. Ya no lo era con el covid. Luego está el bloqueo económico: cómo te pagan, cómo te hacen una transferencia. Cuando yo iba había ucranianos en la orquesta y en el ensemble, que ya no están. Todo se hace con rusos, no hay extranjeros. Es una situación muy triste. A nivel humano es obvio y a nivel artístico había una apertura que ha cesado. Yo he tenido muy buenas experiencias trabajando allí, nunca he trabajado tan duro, pero si tú funcionas ellos responden. Es una pena.

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