A muy temprana edad, Carmen Romeu tuvo claro que lo suyo eran los escenarios. Recuerda sus inicios en Silla, el pueblo de Valencia que fue testigo de su incursión en la música a los 8 años, de la mano del clarinete. De su ciudad natal hasta Roma, donde formó parte del Opera Studio de la Accademia Santa Cecilia y de ahí a conquistar templos nacionales de la lírica como el Teatro Maestranza de Sevilla, la Zarzuela de Madrid e internacionales, como el San Carlo de Nápoles o la Vlamamse Opera de Amberes.

El sábado vuelve al Teatro Campoamor, su casa, esta vez transformado en pasarela de moda -Pasarela Campoamor-, sin perder la esencia de aquella niña que "siempre estaba cantando y bailando".

-Ha pisado el Campoamor en diversas ocasiones como soprano, esta vez el escenario se convierte en pasarela ¿Cómo se siente?

-Pues muy contenta y agradecida. Me encanta desarrollar diferentes artes y creo que la Pasarela Campoamor tiene esto. Tanto Graciela Suárez, como Alicia Suárez Hulton o Beatriz Cabrero, (organizadoras del desfile), crean motivación a partir de ensamblar un conjunto de artes en un marco incomparable como es el teatro Campoamor. Convertir un templo de la lírica en una pasarela donde se concibe el diseño como un arte más es un concepto muy interesante. 

-¿Qué será lo más llamativo del espectáculo?

-No podría quedarme con una sola cosa. Pero diría que la relación con la naturaleza será algo que no deje indiferente a nadie. Estará vinculado a Ofelia en el bosque… creo que unir naturaleza y arte es una de las cosas que más me gustan en la vida. 

-¿Había participado antes en un evento similar, que uniera lírica y moda?

-De estas características no. Es verdad que me gusta participar en actos alternativos a lo que puede suponer el mundo de la ópera porque es una manera de que la lírica llegue a nuevos públicos y creo que una de las labores de los artistas es expandir el arte. En nuestro caso es arte vivo y poder estar en directo en escenarios diferentes hace que esa emoción llegue a gente que, de otra forma, no acudirían a un evento de lírica.

Carmen Romeu

-¿Hay relación entre moda y opera?

-Para mí está todo unido y al final la moda es arte. Nosotros cuando trabajamos en producciones líricas estamos rodeados de figurinistas y sastras que hacen unos diseños increíbles, ya sean de época, contemporáneos, a veces de fantasía… creo que al final todo es arte, no lo puedo concebir como algo diferente. Si te das cuenta, en todas las pasarelas siempre hay música: lírica, moderna… cada una expresa algo. Pero, unir estas artes es lo bonito.

-Usted tendrá un peso importante en la pasarela. ¿Puede adelantarnos algo?

-Solo puedo decir que creo que será un momento muy particular, donde vamos a utilizar música muy conocida dentro de la música clásica, pero le vamos a poner mucha fantasía. Lo concibo más como performance que como un evento puramente lírico. De hecho, me atrevo a decir que habrá una conjunción de artes contemporáneas y clásicas. Estamos trabajando con una creación de Schlesser, de la mano de Alfonso Pérez, director creativo de la marca, así que, creo que el modelaje será una de las cosas con las que me atreva. Habrá una obra de arte, en la que habrá pintura de por medio y hasta ahí puedo leer. (Ríe)

-¿Cómo empezó en la lírica?

-Soy músico desde los 8 años. Empecé con el clarinete y después, cuando se creó un coro en mi pueblo, Silla, Valencia, comencé a cantar ahí, a hacer pequeños solos, a estudiar canto… siempre fui una niña frente a un espejo cantando y bailando. En el canto he encontrado mi lenguaje y mi forma de expresarme.

-Ha estado en Oviedo con producciones como “La del manojo de rosas”, “El barbero de Sevilla” o “La boheme”.

-Creo que es una ciudad donde hay gente que hace mucho por la lírica, que cuida mucho todo lo que engloba el arte. Luego, el Campoamor es espectacular. Me encanta el personal que trabaja allí, son como una familia con la que me siento cómoda y feliz. Volver esta vez haciendo algo diferente es ilusionante, aunque me gustaría regresar pronto a hacer una producción de zarzuela o de ópera. Es como mi casa.

-Ha interpretado a Adina en “L’elisir d’amore", Elena en “La donna del lago”, Desdémona en “Otelo” … ¿Qué le aporta cada personaje?

-He interpretado sobre todo a mujeres, aunque también a algún hombre. Lo importante al final es que son mujeres que viven emociones fuera de nuestro alcance. Son emociones muy extremas como que te asesinen o vivir un amor furtivo. Eso te hace explorar partes de ti y de tu personalidad que en el día a día no tienen opción. Además, ver cómo un compositor ensalza momentos a través de la música es único. 

-¿Hacia dónde dirigirá sus próximos pasos?

-Estoy haciendo un proyecto propio junto al pianista Albert Nieto como homenaje por el centenario de la soprano catalana Victoria de Los Ángeles. Será una serie de recitales dramatizados en torno a su figura que se estrenará en marzo, en el teatro Arriaga de Bilbao.