Millás enciende la pasión por la lectura: "Leer hace mejor el mundo que vivimos"

El escritor presenta ante un público entregado "Solo humo" y ensalza el papel de los libros: "He sobrevivido gracias a ellos, me han salvado"

Juan José Millás, firmando ejemplares. | Irma Collín

Juan José Millás, firmando ejemplares. | Irma Collín / Tino Pertierra

Tino Pertierra

Tino Pertierra

La novela "Solo humo" incendia las redes lectoras porque Juan José Millás sabe como prender el fuego de la hoguera común con las palabras, las compañeras que cada vez mandan más sobre él. Y así lo demostró ayer en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, llena hasta los topes de millasianos a tope. Como dijo el periodista de este diario Javier Cuervo, es un escritor que da mucho trabajo a sus lectores. Las cifras son elocuentes: 45 libros, más sus abundantes trabajos en periodísticos.

Juan José Millás. | Irma Collín

Juan José Millás. | Irma Collín / Tino Pertierra

Millás, que confesó estar intimidado por su presencia hoy en el XI Encuentro de Clubes de Lectura de Asturias en un abarrotado recinto ferial de Mieres, a las 11 de la mañana, explicó antes que nada y antes que nadie lo que "un lector por responsabilidad", un concepto "muy misterioso porque lleva una carga simbólica fuerte. Tiene que ver con los cuentos de la tradición oral. No sabemos cuándo se inventaron. No existía la escritura, solo personas que por las noches se sentaban alrededor del fuego a contarlos, y han atravesado los siglos inexplicablemente. ¿Se sentaban por gusto? No, por responsabilidad. Lo pasaban bien porque eran buenas historias, pero también les contaban lo que se encontrarían al día siguiente al salir a la vida".

Eran "representaciones mentales. Como esos mapas de los hoteles en los que hay un punto rojo: usted está aquí. Te inquieta, y esa sensación de extrañeza es útil. Enseña algo fantástico: la representación existe. Estás aquí pero también está tu representación. En dos sitios a la vez. Los cuentos te dicen: estás aquí y fíjate que te identificas moralmente con la madrastra. Te permiten hacer autocrítica. Y es maravillo que sea inconsciente. Nos vemos reflejados, de ahí su éxito. En realidad, los cuentos son los que nos han inventado. ¿Cómo es posible que cinco páginas venidas del fondo de los siglos se sigan contando hoy? Cualquier escritor sensato daría una mano por hacer eso con solo cinco páginas".

Hablando de mutilaciones canjeables: "La historia de la Torre de Babel si no conoces la Biblia puedes pensar que ocuparía muchas páginas, y sólo ocupa 15 líneas. Cualquier escritor daría los dos brazos por conseguir algo así".

¿Cuál era la pregunta? Millás puede estar aquí y dos frases después puede irse allí. Y perforar la realidad: "Leer hace mejor el mundo que vivimos". Imaginemos –Millás siempre invita a hacerlo– que "tomo una pastilla contra la migraña y que les quite la migraña a todos ustedes. O al revés. Eso pasa con la lectura. Y no es necesario que haya mucha gente lectora". ¿Ah, no? "Lo necesario es que haya una masa crítica para trasladar a la gente que no le lee los valores de los libros. Piensen en el Quijote. Es importante que no se reduzca esa masa. Voy en el tren leyendo y estoy mejorando la realidad".

Próxima estación: "He sobrevivido gracias a los libros. Me han salvado". Pero, insiste, "no hay que empeñarse en que todo el mundo lea. La mayoría de los padres se lamentan de que sus hijos no leen. Yo digo que es un deseo falso. Para que un adolescente lea tiene que estar mal. Si un matrimonio ve que su hijo de 15 años no se está preparando para salir un sábado por la tarde y se queda a leer ‘Crimen y castigo’... Algo va mal. A mí cuando me preguntan por qué leo respondo: porque no estoy bien. Yo era un chico desgraciado con 14 años. Pero mucho. Y me hice lector por casualidad". Muchas vocaciones, dijo, se fraguan durante una enfermedad: de lector, de escritor, de sacerdote...

Usted está aquí y Millás nos lleva allí de nuevo, o al revés. "Había una biblioteca pública a la que íbamos a quitarnos el frío, como no había mucho que hacer tiré de un libro, era ‘Cinco semanas en globo’, de Verne. Qué perturbador es el encuentro con la lectura. Me abrió el mundo encerrarme en aquella canasta voladora. Y luego cayeron más Vernes. ¿Qué es el viaje al centro de la tierra sino un viaje al interior de uno mismo?"

La lectura como refugio. Y aventura: "No me interesa un safari a África, prefiero meterme bajo la cama de mis padres, o de cualquiera. Yo, encantado. Ahora ya no hay camas que dejen hacerlo, quizá porque es un lugar muy peligroso". Millás acepta que hay muchas clases de lectores, y no siempre tiene que darse un efecto traumático para crearlos, "me recuerda cuando éramos jóvenes y nos metíamos en un piso a fumar canutos y siempre había alguien que decía ‘pues a mí no me hace nada’. Claro que los demás sí nos dábamos cuenta de que sí se lo hacía". Pues eso, que "la lectura es un sacramento. Quien se hace lector, aunque pasen años sin leer no importa, su mirada sobre la realidad la tiene, y es distinta".

¿Cuál era la pregunta? Tampoco importa. "Un libro no cambia el mundo, pero los libros han cambiado el mundo. El conjunto de ellos ha formado la Historia, sería impensable sin Dante, Cervantes, Shakespeare... Los que no leen son lectores pasivos a su pesar por lo que les transmitimos los que sí lo somos".

Está leyendo un libro sobre sueños lúcidos: "Aconseja que en la vigilia hagas pruebas para saber si estás dentro de un sueño o no. Hay una fantástica que acabo de hacer ahora: te miras las manos y con el índice de una intentas atravesar la palma de la otra. Si lo consigues, estás soñando". Después de pasarse al mundo subatómico y definir el pensamiento como una perturbación porque no tiene masa, confesó que lleva días con una foto para inspirarse en una colaboración periodística: "Una ciudad ucraniana con cinco muertos tirados aquí y allá. No me salía nada, pero ayer me llegó la frase para arrancar: estos muertos son la calderilla de la guerra".

En los últimos tiempos ha sido "atacado por la vejez. Se parece mucho a la adolescencia porque no controlas del todo tu cuerpo. John Cheever escribió en sus diarios que en la madurez hay misterio y confusión. Así podría empezar el diario de un adolescente. Ahora soy más consciente de mi relación con la escritura, es más fluida. Tengo menos control sobre las palabras, me interesa menos lo que quiero decir con ellas y más saber lo que quieren decir ellas, dejar que hablen por mí". Y que enciendan el fuego.