2023
Alfonso Palacio, diez años haciendo museo
La llegada del historiador del arte a la dirección del Bellas Artes, en mayo de 2013, revolucionó una institución que pasa ahora por su mejor momento

Alfonso Palacio, en una de las salas del museo, en una imagen de archivo. | Irma Collín / Franco Torre

El Museo de Bellas Artes de Asturias pasaba, hace ahora diez años, por uno de los momentos más críticos de sus 43 años de historia. Sin director tras la salida de Emilio Marcos Vallaure un año antes para incorporarse, como consejero de Cultura, al efímero gobierno de Francisco Álvarez-Cascos, y con unas obras de la ampliación al ralentí, la gran pinacoteca regional había cerrado 2012 con apenas 46.803 visitantes, 20.000 menos de los que había llegado a registrar, y las perspectivas tampoco eran nada halagüeñas en esos primeros meses de 2013. En este contexto, agravado además por una convulsa situación política que también alcanzaba al patronato del museo, una comisión de expertos tenía que seleccionar al nuevo director de la institución. El dictamen se conocería el 7 de mayo de 2013, cuando se anunció que Alfonso Palacio era el elegido. Comenzaba el gran cambio del Museo de Bellas Artes de Asturias.
Aquella comisión estaba presidida por Miguel Zugaza, entonces director del Museo Nacional del Prado y hoy al frente del Museo de Bellas Artes de Bilbao, y contaba también entre sus miembros con Manuel Borja-Villel, en la época director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y que acaba de ser nombrado coordinador de la ampliación del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Completaban la comisión Soledad Álvarez (catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo), Consuelo Vallina (presidenta de la Asociación de Artistas Visuales del Principado) y la galerista Gema Llamazares.
Miguel Zugaza retornó días atrás al Bellas Artes, aprovechando su presencia en Oviedo para presidir el jurado del premio "Princesa de Asturias" de las Artes. "Está lleno de novedades", celebra, "es un museo que está constantemente provocando cosas a través de su actividad. Siempre que me acerco al Bellas Artes de Asturias descubro algo nuevo y también aprecio que es un tipo de museo que está afincado en su lugar y que tiene esa presencia tan importante para explicar una visión más universal del arte, lo que hace de ésta una colección maravillosa que se ha ido construyendo con el tiempo. Siento pura admiración hacia el museo, especialmente en esta última etapa que ha tenido un protagonismo muy fuerte de Alfonso Palacio", destaca Zugaza.
Sobre aquel proceso de selección, el director del Bellas Artes de Bilbao recuerda la incertidumbre con la que la comisión afrontaba el proceso: "No se trataba tanto de discutir sobre la idoneidad de Alfonso, sino sobre la dirección que tomaba el museo. En aquella reunión nos faltaba una visión más institucional de la dirección que estaba tomando el museo. Se estaba desarrollando su proyecto de ampliación, pero yo creo que faltaba esa visión".
La candidatura de Alfonso Palacio, en la época profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, recibió el apoyo unánime de la comisión, que valoró especialmente su proyecto global para dinamizar el museo, y el 7 de mayo de 2013 fue ratificada por el patronato del Bellas Artes. El primer reto del nuevo director era culminar esa primera fase de la ampliación, que se había iniciado en 2007 y que, por diversas razones, se había ido dilatando durante varios años.
La obra se inauguró en marzo de 2015, y permitió a Alfonso Palacio dar forma a un recorrido expositivo en el que ya se notaba claramente su mano. La exposición permanente, que oscila entre las 800 y las 807 obras según la rotación, y la estabilización de un espacio para exposiciones temporales en la sala -1 de la ampliación le dieron al museo las bases para potenciar su vertiente expositiva.
En paralelo, Palacio comenzó a nutrir el programa de actividades paralelas. En los años siguientes se lanzaron ciclos de conferencias y se integró de forma regular el cine en la programa del Bellas Artes, pese al handicap de carecer de un salón de actos dentro del propio museo, uno de los "debe" que va a solucionar la segunda fase de la ampliación.
Durante los primeros siete años, Alfonso Palacio tuvo que multiplicarse ante el déficit de personal del museo, ejerciendo de director y conservador. No fue hasta este mandato que se cubrieron las vacantes que arrastraba el museo desde hacía varios años, nada menos que las de dos conservadores y un responsable de programas educativos. Unas incorporaciones que ha permitido desahogar el funcionamiento diario de la institución y potenciar sus programas de actividades, que ni siquiera paró durante la pandemia Una época en la que el Bellas Artes se volcó en las redes sociales, lo que le permitió una recuperación más rápida de sus dinámicas habituales de programación y afluencia de público a medida que se iban retirando las restricciones sanitarias.
En paralelo, Palacio tuvo que afrontar otro reto: la dificultad de incrementar las colecciones en un contexto de austeridad económica que ha llevado al Principado a suprimir las aportaciones presupuestarias para adquirir obra nueva. Sin posibilidad de salir al mercado, Palacio ha logrado acordar diversos depósitos con instituciones y coleccionistas particulares (el último, una obra de Martín Chirino, "Cabeza. Crónica del siglo XX (34). La Florentina", depositada por la Fundación de Arte y Pensamiento esta misma semana), y ha propiciado una renovación continua de obra al implantar el programa "La obra invitada". Mención aparte merece la donación efectuada por el empresario astur-mexicano Plácido Arango, que entregó al Bellas Artes 33 obras maestras de su colección, dando a la gran pinacoteca regional un impulso extraordinario.
Todos estos logros han propiciado una creciente conexión entre el museo y la ciudadanía, reflejada en sus cifras de visitantes (superando los 100.000 en tres de los últimos cinco años, pese a la pandemia) y en el nacimiento de la Asociación de Amigos del Bellas Artes de Asturias. En apenas tres años y medio de existencia, y pese a las dificultades asociadas a la pandemia, la entidad ronda ya los 1.000 asociados, y se ha convertido en uno de los principales apoyos del museo.
Con esta perspectiva, Zugaza no tiene dudas sobre el éxito de la elección que comandó diez años atrás: "Creo que fue acertada, porque Alfonso fue capaz, en muy poco tiempo, de orientar la institución, la misión de la institución, en el momento concreto que estaba viviendo el museo, que era el de su confirmación como uno de los grandes museos históricos que hay en nuestro país. Y logró hacer eso en el momento en el que el museo dispuso ya de esa parte nueva que es la ampliación, sin dejar de atender la conclusión final de ese proyecto, que llegará con la siguiente fase de la ampliación. Creo que es una de sus grandes contribuciones, y ese es el consenso que hay cuando hablas con los colegas de otros museos, con artistas o con personas de nuestro ámbito sobre la derrota que sigue el Museo de Bellas Artes de Asturias, todo el mundo sabe apreciarlo y sabemos qué lugar ocupa y su papel en el mapa de los grandes museos de arte en España. Y creo que esa es una contribución muy personal de Alfonso: este es un gran museo que, en sus 43 años de existencia, se ha ido construyendo de forma muy silenciosa y con un trabajo muy ordenado, y Alfonso lo ha puesto de nuevo a disposición de la sociedad con un dinamismo extraordinario", concluye.
El director del Bellas Artes, Alfonso Palacio, ha seleccionado una serie de obras que marcaron hitos en estos diez años al frente de la institución. Son once obras (una por año salvo el crucial 2020, el año de la pandemia, en el que selecciona dos). Los comentarios son del propio Alfonso Palacio.
2014
Pablo Gargallo. Jeune fille espagnole. 1921.
Extraordinaria obra de Gargallo, artista inédito hasta ese momento en el museo y parte del importante depósito de ocho obras que hizo el Museo Reina Sofía al Bellas Artes ese año con el que mejoró sustancialmente la colección de arte contemporáneo.

Pablo Gargallo. Jeune fille espagnole. 1921. / Franco Torre
2015
Luca Giordano. La Trinidad en la Tierra. Hacia 1692.
Obra clave de este gran pintor barroco italiano, con una iconografía también singular, a modo de representación del importante depósito que Juan Antonio Pérez Simón ha realizado en el Museo a lo largo de los años.

Luca Giordano. La Trinidad en la Tierra. Hacia 1692. / Franco Torre
2016
Fernando Zóbel. Sin título. 1962.
Donada por un particular, obra de Fernando Zóbel, uno de los grandes adalides del arte abstracto español a partir de los años cincuenta, fundador del Museo de Arte Abstracto de Cuenca y a quien el Museo del Prado le acaba de dedicar una gran exposición monográfica.

Fernando Zóbel. Sin título. 1962. / Franco Torre
2017
Francisco de Zurbarán. P. Bustos de Lara. Hacia 1640.
Impresionante cuadro de Francisco de Zurbarán, símbolo de la gran donación de 33 obras realizadas por Plácido Arango a la institución, sin lugar a dudas uno de los grandes acontecimientos de la historia del Museo.

Francisco de Zurbarán. P. Bustos de Lara. Hacia 1640. / Franco Torre
2018
Aurelio Suárez. Lámpara. S.f.
Lámpara decorada por Aurelio Suárez, a modo de representación de las distintas donaciones de obras, objetos y documentos de este importante creador hechas por su hijo Gonzalo Suárez al Museo en los últimos años.

Aurelio Suárez. Lámpara. S.f. / Franco Torre
2019
Herminio. Sin título. 2018.
Importante pieza de Herminio, uno de los grandes nombres de la escultura contemporánea no sólo asturiana, sino también española, donada por el propio autor al Museo.

Herminio. Sin título. 2018. / Franco Torre
2020
Juan Fernández Álava. Le petit hotel. 2017.

Juan Fernández Álava. Le petit hotel. 2017. / Franco Torre
2020
Ángel Guache. Poema geométrico. 1998.
Importante obra de Ángel Guache, adscrita a su serie de los poemas geométricos, que forma parte de lote de 65 obras donadas al Museo en ese año por el propio creador.

Ángel Guache. Poema geométrico. 1998. / Franco Torre
2021
Francisco de Goya. Maja y Celestina en una paisaje de atardecer. 1825.
Maravilloso dibujo de Goya, símbolo igualmente del importantísimo depósito efectuado en el Museo por María Luisa Corrada, viuda del IX Conde de Villagonzalo, de más de medio centenar de obras de los siglos XVII a XIX.

Francisco de Goya. Maja y Celestina en una paisaje de atardecer. 1825. / Franco Torre
2022
Eduardo Chillida. Yunque de sueños III. 1958.
Magnífica pieza de Eduardo Chillida, depositada en el Museo por la Fundación Azcona, que cubre con gran solidez uno de los huecos que tenía la colección de arte contemporáneo de nuestra institución.

Eduardo Chillida. Yunque de sueños III. 1958. / Franco Torre
2023
Manuel Menéndez Entrialgo. El mejor amigo. 1899.
Importante escultura de Manuel Ménéndez Entrialgo, buena muestra, por un lado, de recuperación de patrimonio y, por otro, de la excelente relación de nuestra institución con el Museo del Prado, quien entre 2022 y 2023 ha efectuado en nuestras colecciones 17 depósitos, hasta alcanzar la suma de de 55.

Manuel Menéndez Entrialgo. El mejor amigo. 1899. / Franco Torre
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