Nela Arias Misson ya tiene obra en Asturias
"Vernissage", fechada en 1966, es la primera creación de la artista cubano-asturiana adquirida por un coleccionista de la región

Nela Arias Misson. / Alicia Vallina
Nela quería que Roland se quedara más tiempo en la première de su exposición. Así lo atestigua el mensaje que, de su puño y letra, dejó escrito la artista, nacida en La Habana y de padres avilesinos, en la trasera de su obra titulada "Vernissage" (Inauguración), firmada en 1966, en uno de los momentos más álgidos de su producción artística.
Por vez primera, un coleccionista asturiano ha logrado adquirir una obra de Nela Arias Misson, la primera pintora de origen latino que participó activamente en el movimiento del expresionismo abstracto de la mano de Hans Hoffman, el gran maestro de esta corriente artística y de la que diría, años más tarde, que fue una "alumna fuera de serie y una artista notable dotada de una alta integridad y de una fina sensibilidad".
"Vernissage" es una obra única, pintada probablemente en España durante la estancia de la artista en Madrid. Llegó en 1965 de la mano de su cuarto y último esposo, el poeta belga Alain Arias Misson (terminarían por unir los apellidos de ambos hasta el final de sus días) para instalarse, primero, en una vivienda en la calle Alcántara (en pleno barrio de Salamanca) y, posteriormente, cerca de la Plaza de Castilla, en la calle Juan Ramón Jiménez. En Madrid, Nela frecuentó los ambientes de vanguardia y entró en contacto con los miembros del grupo El Paso (Antonio Saura, Luis Feito, Manolo Millares, Rafael Canogar, Martín Chirino etc…) para terminar entablando una amistad duradera con el artista Manolo Quejido y con su esposa Marisol, además de con el filósofo y poeta Ignacio Gómez de Liaño. Este definió a Nela como una mujer "alta, de buen tipo, afable y directa a la vez, de pelo caoba, ojos azules y actitud expeditiva".

El cuadro «Vernissage», realizado por la artista en 1966 y que acaba de ser adquirido por un coleccionista asturiano. / Alicia Vallina
La obra que nos ocupa es especialmente única y singular. Participó, y así se recoge en la portada de la invitación a la muestra, en la exposición que la artista celebró en la galería Celbeton de la ciudad belga de Dendermonde, entre el 16 de diciembre de 1967 y el 3 de enero de 1968, siendo admirada y celebrada por todos los asistentes.
La pintura, de unas dimensiones de 129 cm de largo por 58,5 cm de alto muestra, en formato horizontal, a un grupo de seis figuras esquemáticamente representadas en claras formas geométricas, entrelazadas entre sí por una línea continua que parece representar los brazos unidos de todas ellas. Sus circulares cabezas se sostienen sobre cuerpos triangulares de pincelada gruesa y empastada y colores vivos, especialmente anaranjados y rojizos, apoyados en piernas de líneas paralelas (a excepción de la tercera figura a la izquierda del espectador cuyas piernas se muestran trianguladas). El fondo de la composición es de un marrón intenso y uniforme que resalta sobre el conjunto, aportando cierta serenidad y calma a la celebración de las figuras y a la unión del grupo por unos lazos invisibles que no podemos ver pero que, sin duda, intuimos.
Las personas que parecen intervenir en esta "Vernissage" disfrutan del encuentro, de la celebración de permanecer unidas, del goce de la vida y del arte. En una especie de danza ritual, mágica y ancestral, los personajes parecen bailar siguiendo unos cánones, unas reglas y normas predeterminadas que solo ellos conocen y comparten.

La firma de la artista, con la dedicatoria, a Roland, en la trasera de «Vernissage». / Alicia Vallina
Quizá esta obra sea una especie de reconciliación, una especie de homenaje a esas inauguraciones que muchas veces la propia Nela detestaba y al mercado del arte del que nunca fue partícipe. Por eso, el poseer una obra de la artista sea más excepcional que en otros casos. Nela nunca participó del comercio artístico y solo vendía sus obras en contadísimas ocasiones y cuando creía que el comprador era merecedor de poseer sus piezas. En este caso una auténtica joya de coleccionista debido a las escasas obras que de la artista cubano-asturiana pueden encontrarse en el mercado, además de por pertenecer a uno de sus periodos artísticos más productivos y vigorosos. Sus pinceladas poderosas, la calidad de los empastes y de los materiales empleados así lo confirman.
Nela expuso en España solo en dos ocasiones, la primera en la Galería Cult-Art de la madrileña calle de Bravo Murillo entre el 28 de febrero y el 14 de marzo de 1970, y, la segunda, en la galería Céspedes de Córdoba, en abril de ese mismo año. Ojalá no haya que esperar otros 50 años para poder volver a apreciar en España su pintura mistérica, colorista, sutil y de una sinceridad desbordante.
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