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Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja

El tinetense García Fernández de la Plaza decapitó al más temido de los piratas del Mediterráneo tras un combate a espada y recibió los títulos de alférez, noble y capitán

Litografía de Aroudj Barbarroja.

Litografía de Aroudj Barbarroja. / Alicia Vallina

Alicia Vallina Vallina

Alicia Vallina Vallina

Tremecén, a pesar de estar en territorio argelino, era plaza bajo la protección de la corona de Castilla. Su rey se encontraba asediado por las tropas del pirata otomano Aroudj Barbarroja y, tras varios años de arduos enfrentamientos y de solicitar ayuda al emperador Carlos I, el monarca fue cruelmente asesinado junto a un ingente número de hombres, mujeres y niños.

Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja

Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja / Alicia Vallina

Durante un mes de julio de 1518, hace ahora 505, los hijos del fallecido rey pusieron rumbo a la corte de Valladolid para solicitar a Carlos I protección y ayuda frente al despiadado corsario. Tras ser aprobada la asistencia, un ejército de más de mil hombres armados hasta los dientes puso rumbo a Tremecén. Entre ellos se encontraba el valeroso asturiano García Fernández de la Plaza que, tal y como señalan las crónicas, se puso al servicio del marqués de Comares, Diego Fernández de Córdoba. Tras varios hechos milagrosos en los que el asturiano escapó de los turcos haciéndose pasar por uno de ellos, ayudó a defender Bujía, asesinó en la defensa de la plaza de un arcabuzazo a Ilias, hermano de Barbarroja y se dirigió a Tremecén para colaborar también en su defensa.

Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja

Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja / Alicia Vallina

Allí dio muerte a otro de los hermanos del famoso cosario, Khidr, haciéndose con el control de la plaza. Viendo Barbarroja que la situación era ya insostenible, emprendió la huida junto a una treintena de sus hombres. Sin embargo, el valeroso asturiano no estaba dispuesto a dejarle escapar. Tras una intensa persecución, logró acorralarlo en un corral de cabras para, posteriormente, retarle a un combate con la espada. Tras unos buenos mandobles finalmente el tinetense terminó por decapitar al más temido de los piratas del Mediterráneo. Envolvió su cabeza en una aljuba de color carmesí y hasta el mismísimo papa Adriano VI concedió al asturiano el apellidarse Barbarroja como motivo de agradecimiento ante tan valeroso logro.

Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja

Un recuerdo, 500 años después, para el asturiano que dio muerte a Barbarroja / Alicia Vallina

El escudo de Tineo, rematado con corona condal y cuartelado, narra buena parte de esta historia. La cuartela superior izquierda con torre almenada que representa el castillo más antiguo de la localidad, ya demolido hace una centuria. La cuartela superior derecha, con la cabeza de Barbarroja sobre campo de gules, tocada con la media luna sobre el alfanje que le dio muerte rodeada de otras cuatro cabezas de turcos con el lema "Omnia vincit virtus" (la virtud todo lo vence), emblema concedido por la reina Juana de Castilla y su hijo Carlos I por Real Célula firmada en Zaragoza el 25 de noviembre de 1518 y conservada en el Archivo General de Simancas. La inferior izquierda recoge el blasón del convento de Obona y la inferior derecha el de los franciscanos de Tineo. En medio del escudo, león rampante dorado sobre campo de gules.

García Fernández de la Plaza recibió del monarca los títulos de alférez, noble y capitán. Incluso a punto estuvo de ser nombrado gobernador general de Argelia, cargo del que finalmente le liberó el monarca, permitiéndole así regresar a su Asturias natal y adquirir, con el gran botín obtenido en contienda por su heroicidad, el magnífico palacio de Merás, propiedad, por aquel entonces, de la importante familia leonesa de los Quiñones. Como bien recoge el historiador y cronista tinetense Senén González en su obra titulada "Origen y descendencia de la ilustre casa de Merás", García Fernández de la Plaza murió sin descendencia por lo que todos sus bienes, incluido el palacio, fueron heredados por su hermana Aldonza, esposa de Sancho García de Merás, quien lo restaura parcialmente en 1525 (por lo tanto, hacía ya varios años que este había sido edificado).

Lugar de celebraciones y reuniones hidalgas, convertido en casino, en sede del ayuntamiento e incluso en cuartel de las fuerzas nacionales durante la Guerra Civil española, el palacio de Merás es actualmente una magnífico y señorial construcción que se yergue en medio de la villa de Tineo (a pocos pasos del lugar donde el general Rafael del Riego invitó al levantamiento, el 4 de octubre de 1820) gracias a la generosa labor de Benjamín Alba quien, siguiendo los deseos de su padre Valentín, ha logrado que el nombre de García Fernández de la Plaza, después de casi 500 años, sea recordado como el del asturiano que dio muerte al temido Barbarroja.

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