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El estreno de la ópera "Lohengrin" en el Campoamor, un heroico y monumental final de fiesta, cosecha una cerrada ovación

La producción que estrenó el teatro ovetense, y que es una coproducción con el Auditorio de Tenerife, apuesta, en la escena, por la simplicidad

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

El público dedicó ayer una cerrada ovación al monumental "Lohengrin" de Wagner en su estreno en el Campoamor, en el último y más ambicioso de los desafíos de la ópera ovetense esta temporada. Stéphanie Müther, Simon Neal, Miren Urbieta-Vega y Samuel Sakker, como Ortrud, Telramund, Elsa y el misterioso Caballero del Cisne, por este orden, compartieron aplausos y bravos con el coro, muy presente en algunos de los momentos más sobrecogedores de la representación. Christoph Gedschold, al frente de la OSPA, y Guillermo Amaya, con su equipo escénico, también se ganaron la aclamación del público, siempre exigente el día del estreno.

"Lohengrin" es, como todas las de Wagner, una ópera monumental, con tres horas de música –más de cuatro de función ayer, incluyendo los dos descansos–, con una música delicada y envolvente, romanticismo en estado puro, y una narración épica, con libreto del mismo compositor, que engrandece una leyenda medieval, la del Caballero del Cisne, y la convierte en un genial artefacto de exaltación nacionalista y de virtudes como el valor y la fe.

La producción que estrenó el teatro Campoamor, y que es una coproducción con el Auditorio de Tenerife, apuesta, en la escena, por la simplicidad. Guillermo Amaya, su responsable, ideó para este "Lohengrin" un espacio fuera del tiempo, inspirado en la Grecia clásica, con una grada semicircular desde la que el coro, que funciona como un personaje más y tiene una intervención destacada, narra y acompaña la acción. En esa misma línea Raquel Porter ha creado un vestuario "art nouveau" para las cantantes femeninas y más marcial, con casacas y capas militares, para los varones.

El decorado es mínimo y los efectos escénicos, como la sorprendente aparición del héroe, se consiguen con elementos muy sencillos –una tela, una pasarela, un arco, una cama, algo de nieve, unas flores– y con unos efectos lumínicos que acompañan el argumento. La escenografía lleva la firma de Pablo Menor, que se ha esforzado en recrear la atmósfera que envuelve cada escena, y de la iluminación se ocupa Ion Aníbal López.

Gedschold dirigió a la OSPA, cuya ejecución fue muy aplaudida. Repite en el Campoamor, con Wagner precisamente: en 2019 estuvo al frente de "El ocaso de los dioses", que obtuvo un memorable éxito.

En "Lohengrin" el Coro Intermezzo, rebautizado como Coro Lohengrin Global Atac para la ocasión y dirigido por Pablo Moras, es casi omnipresente. Domina la escena, sirve de fondo de la acción. Al inicio de la función, a medida que se levanta el telón y se van concretando las siluetas de los cantantes, en medio de la oscuridad, parece que ellos son los espectadores, observando al público congregado en la sala. El coro acomete pasajes grandilocuentes y los espectadores premiaron ayer el desempeño de las voces de Intermezzo con generosos aplausos. También subieron al escenario, en un par de ocasiones, cuatro cantantes de Divertimento, la escuela de música que aporta las voces infantiles a la temporada de ópera ovetense. La aparición de las cuatro chiquillas, con sus vestidos amarillos, tuvo el efecto de una ráfaga de luz en medio de un escenario más bien oscuro.

Los protagonistas de la velada fueron, obviamente, Samuel Sakker, en el rol de Lohengrin, que debutaba en la temporada carbayona, y Miren Urbieta-Vega, en el de Elsa, ya conocida por el público asturiano por sus intervenciones en el ciclo lírico y sobre todo en la zarzuela. Tuvieron como antagonistas a Stéphanie Müther y a Simon Neal, en los papeles de Ortrud y Telramund. Fueron las dos sopranos las que acapararon el favor del público, con sus interpretaciones apasionadas y enérgicas.

Al estreno del último título de la temporada 76.º de la Ópera de Oviedo, con la que acaban las conmemoraciones del 75.º aniversario de la reinauguración del Campoamor, asistió el director general de Acción Cultural y Normalización Llingüística.

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