La socióloga María Ángeles Martínez, premio "Orgullo Rural" 2024 por sus estudios sobre violencia machista en los pueblos

La Fundación de Estudios Rurales le concede el premio en reconocimiento de su extensa trayectoria académica, dedicada al estudio de la violencia de género en el medio rural

Ángeles Martínez a la izquierda, en un acto en Luarca.

Ángeles Martínez a la izquierda, en un acto en Luarca.

Andrés Fernández

La doctora asturiana María Ángeles Martínez, experta en género y violencia hacia las mujeres, va a recibir hoy en Madrid, en la sede del Consejo Económico y Social, el premio «Orgullo Rural» 2024 que entrega la Fundación de Estudios Rurales. Un galardón que distingue el hecho de que en el transcurso de sus investigaciones la asturiana ha dirigido la vista a la violencia machista pero con las particularidades de cómo se vive y cómo se ejerce en el medio rural. 

El galardón, que otorga desde el año 2008 la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) a través de la Fundación de Estudios Rurales, permite destacar «a personas que, por su trabajo y su ejemplo vital en apoyo del progreso del medio rural y la agricultura familiar, son merecedores de reconocimiento y aprecio». En su caso, dicen los promotores sobre María Ángeles Martínez, «desde que estudió Sociología se interesó por la sociología rural, al percatarse de que la mayoría de académicos y estudiantes daban más importancia a la urbana». Reseñan que «la preocupación y su implicación personal por la violencia de género le llevaron a indagar en el medio rural, especialmente al escuchar en una entrevista con una mujer maltratada las palabras ‘¿adónde puedo ir yo?’, frase que dio título a su tesis doctoral».

La galardonada, criada en Luarca y afincada desde hace dos décadas en Oviedo, se mostraba ayer muy agradecida por el premio aunque sostiene que «no trabajo pensando en los reconocimientos, me muevo por una cuestión de activismo social». 

Recuerda que la principal motivación que le hizo adentrarse en este campo de estudio la tuvo hablando con mujeres rurales del entorno del occidente asturiano, donde se crió. Una zona que considera que «es la que más desprovista de recursos está, también la más rural y dónde las tradiciones están más arraigadas». Y en sus conversaciones con mujeres para sus estudios lo que percibía era mucha ocultación de la violencia. «Te dabas cuenta que existía mucha violencia, que no era física, y no la identificaban. Además, muchas mujeres allí no tienen ni carnet de conducir, con lo cual no pueden presentarse en el juzgado para poner una denuncia tan fácil como en las ciudades». 

El principal factor condicionante que ella ha detectado en el transcurso de sus estudios es que se equiparan las situaciones, necesidades y ambientes de las urbes a las rurales. Y se transponen los protocolos, las normas y los modos de hacer. Y nada más lejos. «Los protocolos no pueden ser los mismos y desde la justicia se debería tener en cuenta. Por ejemplo: no tiene sentido poner una orden de alejamiento de un agresor a una víctima de 300 o 500 metros en una aldea». 

La socióloga expone otro ejemplo de caso de violencia rural con sus propios condicionantes: una chica joven de Gijón se ve envuelta, de repente, en una espiral de violencia por parte de su novio, su madre y su suegra. Hablamos de una chica que no provenía del mundo rural, que se había mudado a vivir con su novio a un concejo del occidente, y que se ve ella sola atendiendo a las vacas y a sus suegros. «Se vio cuidando de toda la familia y de los animales, y lo peor es que cuando se dio cuenta de la violencia en la que vivía estaba sin dinero y sin tener a dónde ir». Esa es una realidad muy extrapolable: «Trabajan como burras y luego se encuentran con que no tienen dinero porque estaban atendiendo de las vacas y no han cotizado», cuenta. 

Su última investigación revela una bajada en la edad de las denunciantes, que según explica, tenían antes una media de edad era más elevada, superior a los 40 años. También recalca la socióloga asturiana que, de los últimos 19 casos de asesinatos por violencia de género de este año, nueve fueron en el ámbito rural. 

Algo en lo que siempre quiere incidir María Ángeles Martínez es en reforzar las actuaciones en la sanidad rural, por su importancia en esos ambientes: «La mujer rural a donde más acude es a los centros de salud; ellas no pueden ir a un cuartel o a un juzgado, y debería de haber más protocolos en la sanidad rural para identificar la violencia».

Para la Fundación de Estudios Rurales la investigadora asturiana «es un ejemplo de científica comprometida con el objeto de su estudio. Con ella la sociología, lejos de ser una ciencia fría y enfocada a datos y conceptos, se acerca a las personas, para conocerlas y entender sus realidades para así poder intervenir y afrontar sus problemas».

En el acto de entrega de hoy María Ángeles Martínez será la única de los galardonados que no esté directamente vinculada al trabajo rural. La asociación también ha premiado al agricultor José Delgado, siempre comprometido en la lucha por los derechos de los agricultores; al citricultor Rafa Cervera, que defiende el sector en el mundo de la política, a Manuel Piedra por su trayectoria en la UPA, y a Amador Díaz por su defensa del sector de la patata y sus productores. 

En la entrega de premios estarán, entre otros, el ministro de Agricultura Luis Planas, el presiente del Consejo Económico y Social Antón Costa, o Pepe Álvarez, secretario general de UGT.