Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Una apacible mirada al pasado en el Museo Etrusco

Una cultura de navegantes y guerreros que vivió en el centro de Italia (Umbría, Toscana y Lacio) entre los siglos VIII y III a. C.Una cultura de navegantes y guerreros que vivió en el centro de Italia (Umbría, Toscana y Lacio) entre los siglos VIII y III a. C.

Una apacible mirada al pasado en el Museo Etrusco

Una apacible mirada al pasado en el Museo Etrusco

María Teresa Álvarez

María Teresa Álvarez

Mis visitas a los museos romanos suelo espaciarlas en el tiempo, porque la ciudad me subyuga y todo mi tiempo es poco para perderme por sus callejuelas, sentarme en alguna de sus recónditas plazas y dejarme impregnar del ambiente que me rodea. Por ello mi cita con el Museo Etrusco se ha ido demorando en el tiempo. Desconozco casi todo de la civilización etrusca, una civilización anterior a la romana y en la que ha influido.

Se sabe que los etruscos vivieron en el centro de Italia (Umbría, Toscana y Lacio) entre los siglos VIII y III a. d.C. Eran grandes navegantes y guerreros. Se dedicaban al comercio. En la documentación consultada sobre la vida de los etruscos, me encontré con un dato que despertó mi simpatía hacia ellos. Se cuenta que las sociedades contemporáneas consideraban a la etrusca, como excesivamente permisiva y libre, por consentir que las mujeres desempeñaran funciones, impensables en otras culturas.

Las mujeres etruscas no eran apartadas de la vida social, como les sucedía a las griegas. Podían participar en los juegos gimnásticos, en los bailes, en los banquetes. Y sobre todo algo que me parece muy importante; las mujeres podían, en el caso de quedarse viudas, asumir la dirección de la familia y ser transmisoras de la herencia.

Predispuesta hacía ellos con estos datos, me encaminé al Museo Etrusco de Roma, que está considerado uno de los mejores del mundo.

El museo no se encuentra en el centro de la ciudad, pero independientemente de su contenido, solo pasear por el claustro, las logias y los jardines de la villa que lo alberga merece la pena el desplazamiento hasta allí.

Villa Giulia, es un hermoso palacio renacentista, mandado construir, en el siglo XVI, por el papa Julio III, según diseño de Gorgio Vasari, y en el que colaboraron los artistas más destacados del momento.

Camino de las salas de exposición pasamos por una especie de logia, toda ella decorada con frescos. El Museo Etrusco alberga miles de objetos localizados la mayoría de ellos, en las necrópolis donde se asentaban los etruscos. Para ellos, el otro mundo, la vida eterna era como un mundo feliz en el que todos estarían contentos, de ahí que, en muchas de sus tumbas, en las caras de las esculturas aparezca una sensación de placidez.

Nos saltamos el orden de la visita para ver cuanto antes el famoso "Sarcófago de los esposos". La escultura que dio pie al título de la famosa novela de José Luis Sampedro "La sonrisa etrusca".

Una apacible mirada al pasado en el Museo Etrusco

Una apacible mirada al pasado en el Museo Etrusco

Se encuentra en la sala doce, y sorprendentemente allí, sentadas en el suelo un grupo de unas cinco chicas permanecen con la mirada fija en el sarcófago de los esposos. Es una urna funeraria hecha de terracota, en la que se guardaban los restos de los difuntos. En la tapa del sarcófago las esculturas de los esposos aparecen abrazados recostados en un kliné, como si estuvieran participando en una cena o en un banquete, probablemente a punto de tomarse una copa de vino. Es una escena cotidiana. Me fijo en sus vestidos y en el tocado de ella, un gorro cónico, conocido como el tutulus. No puedo ver los pies de los esposos, pues esta parte de la tapa se encuentra en restauración, pero, según he podido ver en fotografías, los de ella van calzados con los zapatos, calcei repandi, característicos de los etruscos.

La expresión del rostro de los esposos es de una gran paz y felicidad. Mientras los observo con todo detenimiento, escucho que una de las chicas dice muy bajito algo así como: "Notate che le due figure condividono la scena. È bello vedere come gli etruschi rispettassero le donne". Mas o menos dice que hombre y mujer comparten protagonismo en la escena y que es hermoso ver como los etuscos respetaban a las mujeres.

È vero- dice otra de las muchachas, que añade- Questa scultura mi fa pensare che l’amore è possibile anche in età avanzata, anche quando la morte è vicina.

Estoy a punto de decirles que claro que el amor es posible a cualquier edad y que la vida hay que disfrutarla hasta el último segundo, pero me contengo y las dejo ensimismadas en su contemplación.

Ha sido muy gratificante y estimulante observar el comportamiento de estas jóvenes reflexionando ante el sarcófago de los esposos.

En más de cincuenta salas se muestra el contenido del Museo Etrusco. Salas en las que se exhibe ceramica, estatuillas, hermosas piezas de joyería, candelabros, máscaras, e importantes esculturas de terracota como la del dios Apolo, conocida como el "Apolo de Veyes" o la de la diosa Latona, madre de Apolo y Artemisa, que sostiene al pequeño Apolo en sus brazos. Ambas esculturas son del siglo VI a. C.

Otra de las piezas que reclama nuestra atención es el fragmento de un altorrelieve, también en terracora, del Santuario de Pyrgi. En él se representa a los protagonistas de la tragedia de Esquilo "Los siete contra Tebas". En la escenificación, reflejada en el relieve, podemos ver a Tideo que se encuentra herido y cómo Atenea acude en su ayuda portando una jarra con atanasia. Con la intención de enterarme cuanto antes de lo que pasa en el relato de Esquilo, me dirijo a la salida, pero antes vuelvo a una de las salas para observar una vez más unos curiosos candelabros, que no me importaría tener en mi casa.

En el exterior, en el jardín, me acerco a ver el ninfeo, una especie de monumento dedicado a las ninfas, personalizadas en una fuente. En este caso es la Fontana dell’Acqua Vergine, obra de Vasari, que estaba rodeada de unas hermosas cariátides que sostenían el balcón del primer piso. Y en las logias de los dos pisos que componen el ninfeo había esculturas de mármol. Maravillosas esculturas que hoy no podemos ver, ya que el ninfeo y una buena parte del museo se encuentra en obras.

Al final de nuestro recorrido visitamos el conocido como templo de Alatri, que es una replica del templo etrusco, localizado en el 1882 en Alatri, en la provincia de Frosinone. Fue el fundador del Museo Etrusco, Felice Bernabei, quien encargó su reproducción al arquitecto y arqueólogo, Adolfo Cozza.

El Museo Etrusco, nos ha ofrecido una mirada al pasado. Una mirada, sin duda, interesante y reconfortante.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents