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Francisco García Pérez

Francisco García Pérez

La Real Academia Española (RAE) dio a conocer el pasado lunes una muestra de la versión electrónica del Diccionario de la lengua española (DLE) que saldrá completo en 2026. Palabras nuevas; remodelación de antiguas; matices aquí y correcciones allá... No parece, como era de esperar, poder ni querer librarse la RAE de su característico tufo (4ª acepción) profesoral o tarimero al explicar el porqué y el cómo de las novedades. Adición de artículo, enmienda de artículo, adición de forma compleja, enmienda de acepción, adición de etimología de artículo, adición de acepción, enmienda de acepción de forma compleja... Es decir, prefiere empaque a popularidad. Prefiere academicismo a calle. Vayamos con las novedades de esta versión resumen 23.8.1 del DLE.

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Ya puede usted afirmar que el Diccionario valida (o sea: no ordena, recoge) palabras tan hermosas como acuícola, que vive en el agua. Igual que el tan otrora frecuentado verbo en Asturias, pero con excesiva marca sexual en la nueva acepción castellana: hablo de cortejar. Mucho me gusta engelante: lluvia o niebla formada por gotas de agua por debajo de cero grados, que se congelan de inmediato al impactar contra una superficie. Cuánto hospedador hay: quien proporciona beneficio a otro en una relación parasitaria. Se incluye la palabra disruptor −que produce interrupción brusca−, pues la disrupción ya la sufrían profes o asistentes a juntas vecinales. Con simpa la RAE avanza, pues nos recuerda un sinónimo que me gusta más: pagadiós. Mi preferida es seléucida, porque no sabía ni de su existencia. Cuarenta y siete palabras para definirla.Ya la incorporo a mis conversaciones de salón.

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También incorpora otras el DLE que me suenan mal (el gusto es mío): archivístico, disciplina tan noble, palabro esdrújulo y esas ies tan juntas... Entra bocachancla y pregunto: ¿No nos arreglábamos con bocazas? Conocíamos el bastorro braguetazo, pero ahora lo acompaña el sinónimo costarricense guapísimo: jaretazo. Tenemos decalaje, pues al parecer no nos arreglábamos con “desfase” ni “desajuste”. Para el producto, me gusta más matarratas que el nuevo desratizador. Y ahora que pocos toman aquel vodka con naranja tan destrozahígados y tan corriente, el DLE acoge destornillador, su nombre:. Noche americana entra: ¿ningún académico conocía la peli de Truffaut del 73 del XX así titulada? Sitio había, pues se presentan ocho entradas para chapa y casi una decena para directo. Y llega la estrella: turismofobia, fobia al turismo masificado. Propongo añadir: “variante de la misantropía”. Y la que más me repele: brutal. Una palabra del latín tardío que designaba al irracional y falto de razón, con lejano origen latino en “brutus”, quien carece de razón, necio, estúpido... ha mudado hoy en “magnífico, maravilloso”: no lo llevo con paciencia. Ya podría la RAE limpiar, fijar y dar más esplendor, caramba.

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Y entran los extranjerismos habituales en el Diccionario, tanto útiles como, de rondón, inútiles: todo muy anglo. Crowdfunding, (no hay quien lo pronuncie españolizado) pues no nos sonaba chachi piruli eso de micromecenazgo o de microfinanciación. Me sorpendió ver drugstore ahora, que apenas quedan. Se valida gif, ese tormento de amiguetes graciosos que nos satura el móvil de mamarrachadas, en plan mailing. Y, claro, hashtag cuya maldición será la de oírse pronunciado siempre con sonoras jotas: [jástaj]. Diga loguearse, que “identificarse” es aldeanote, qué estupidez. La pesadez milenial podría resumirse así: “dícese de la persona talludita que se opone siempre a lo que diga alguien de más edad” (o sea, a un “boomer”). Compraremos en un normalizado outlet para no ser outsiders, para no ir por libre. Piercing, stent y streaming estarán, sí, cobijadas en el nuevo DLE... pero arrastrarán la cruz de los memos: pronunciarse españolizadas [pírsin], [estén] y [estrímin]. Propongo para el entrante prémium la siguiente definición: lo mismo, pero más caro. Como smartphone, que ya se dice [esmárfon] o [esmarfón].

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Y también nos encontramos con las previstas palabras o expresiones curiosas. No se atrevieron los académicos a dar la etimología de ajo y agua como la que es: “A joderse y aguantarse”. Un servidor no tenía ni idea de que besar se degrada de lo hermoso que es a “chocar ligeramente con algo o con otro vehículo”. La biblia es lo que es y es ahora además el antiguo “libreto” de los actores y actrices y directores. Me extrañó la cantidad de crudistas que debe de haber, pues se engorila el DLE con crudismo o crudivorismo: “consumo de productos crudos y sin procesar” y tiro porque me toca con otras variantes. Osa la RAE empero con la etimología de farlopa y no sin cierta timidez: “Quizá del gallego falopa ‘copo de nieve’. Ojo a marcianada, pues abundan los ofendiditos defensores de minorías, y protestarán en favor de mercuriada, venusiada, jupiterada... En fin, que aquí sigue arrasando la neolengua (validada la palabra para el DLE), ese lenguaje intencionadamente desplazado de su verdadero significado para distorsionar la realidad en favor de unos intereses. Por ejemplo, “ajustes” son las reducciones salariales. Seguiremos informando.

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¿Cómo se toma la decisión de que esta palabra entre en el DLE, pero esta otra no? ¿Qué deberá hacer usted si desea convertirse en lexicógrafo o diccionarista y quiere ver coronado su esfuerzo con una entrada en el Diccionario? Fácil no es; pero ¿quién dijo miedo? Les propongo un ejemplo con el neologismo inventado que usé al principio: “tarimero”. Primer paso, búsquele una definición estable y precisa: “Persona que habla de modo grave y sentencioso”. Segundo, extienda todo lo que pueda su uso por el mundo hispanohablante: guasapee con sus parientes y conocidos extremeños, uruguayos o cántabros mencionando “tarimeros” a diestro y siniestro. Tercero, haga de uso corriente “tarimero” por lo menos en un par de generaciones: nietos, hijos… ínsteles a usarla con profusión. Cuarto, mueva influencias para que se use mogollón por escrito y por hablado, y puedan comprobarlo desde la RAE y demás Academias del español. Quinto, rellene el formulario con su propuesta y envíelo a la Docta Casa. Sexto, rece o influya (pleonasmo) para que ningún académico o investigador se oponga con arrojo y mala uva a “tarimero”. A partir de aquí la cosa se le va de las manos: fórmanse comisiones, estúdianse peticiones, trámanse consensos… y a lo mejor consigue que “tarimero” entre en el DLE y le pongan a usted una calle en su pueblo como lexicógrafo o diccionarista. n

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