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Violencia machista

El acoso sexual callejero, un problema social minimizado

Un estudio nacional en el que participa la UVigo constata que afecta a la mayoría de mujeres y que tiene impacto en su libertad y en su integridad física y mental

Manifestación con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género en Vigo.

Manifestación con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género en Vigo. / MARTA G. BREA

Sandra Penelas

"Hay veces que no he salido porque sé que tendré que volver sola". "¿Es que una mujer no puede estar en la playa sola? Se expone y se arriesga"". "Nos dijeron que cuando nos bajáramos del tren nos iban a hacer de todo, que nos iban a violar". Son algunos de los pensamientos y situaciones reales vividas por mujeres de entre 16 y 43 años en distintas ciudades españolas y recogidos en un estudio que constata que el acoso sexual callejero es un problema social que afecta a la inmensa mayoría de mujeres, impactando en su libertad y en su integridad física y mental, pero al que continúa sin concedérsele la importancia que merece.

Las autoras del trabajo, que acumulan una dilatada experiencia en el ámbito de los estudios de género, son Alba Adá Lameiras, doctora en Ciencias de la Comunicación por la UVigo e investigadora en la Universidad Rey Juan Carlos; Rosana Martínez Román, del grupo Salud, Sexualidad y Género de la UVigo; y Andrea Quiñones Ruano, también de la Rey Juan Carlos.

Los piropos, silbidos y miradas lascivas son las manifestaciones más habituales del acoso sexual callejero, que también incluye comportamientos más graves como tocamientos, persecuciones y masturbación pública y al que las investigadoras definen como una "forma estructural" de violencia de género. Sin embargo, la investigación científica sobre este tema en nuestro país todavía es escasa.

Una joven se gira en la calle al escuchar un comentario de un desconocido.

Una joven se gira en la calle al escuchar un comentario de un desconocido. / Freepik

Su trabajo se basa en las entrevistas en profundidad realizadas a 13 mujeres residentes en las localidades de España con mayor incidencia de delitos sexuales según los datos oficiales del Ministerio del Interior (2023): Barcelona, Mataró, Sevilla, Córdoba, Madrid, Valencia, Alicante, Ceuta, La Rioja, Toledo y Burgos. El 78% de ellas eran menores de 25 años por tratarse del grupo más vulnerable.

El objetivo era identificar las diferentes formas de acoso sexual callejero en España y profundizar en cómo las mujeres perciben estas experiencias y la manera en la que impactan en su vida cotidiana. Y los resultados revelaron que todas las participantes sufrieron situaciones que les "generaron inseguridad e incomodidad en el espacio público" como persecuciones, masturbaciones e incluso abuso sexual. Superando así incluso otro estudio reciente que cifra en un 98% el porcentaje de mujeres que han vivido este tipo de situaciones.

Las entrevistadas relatan experiencias principalmente en el transporte público y la calle. Y las sufren especialmente las mujeres jóvenes que son abordadas por hombres desconocidos durante la noche y cuando están solas.

Precisamente, son los desconocidos los principales agresores, "una muestra de poder que perpetúa la hegemonía masculina en el control simbólico del espacio público", destacan la autoras del trabajo que aparece publicado en la revista Comunicación y Género de la Complutense.

Percepción negativa de los piropos

Dentro de las experiencias de acoso, los comentarios sexuales recibidos, en algunos casos intimidantes, fueron recibidos como negativos por la mayoría de entrevistadas debido "a la ausencia de reciprocidad, las intenciones sexuales y al no conocer al autor de los mismos". Lo que confirma, añaden las investigadoras, que continúa siendo una práctica comunicativa abusiva de los hombres hacia las mujeres que perpetúa los roles de género.

Sin embargo, en este punto también destacan que los piropos son vistos de forma positiva cuando provienen del entorno, "mostrando cómo los discursos sociales siguen normalizando este tipo de violencia".

Respecto a las reacciones frente al acoso sexual callejero, las entrevistadas optaron por huir o pasar de largo ignorando al acosador, por miedo a que ocurriese algo más grave, o incluso hacerle frente a través de la confrontación verbal. En el caso de testimonios más graves como persecuciones o un intento de abuso sexual, las mujeres reaccionaron contactando con la policía o algún familiar cercano.

Las emociones más recurrentes tras vivir estas experiencias fueron el miedo a que suceda algo más grave, la inseguridad, el asco y la impotencia.

Renuncian a salir si tienen que volver solas y a vestirse como les gusta

Y a la hora de analizar el impacto en sus vidas, las investigadoras establecen dos categorías, la autoprotección y las limitaciones. En la primera, una de las medidas que más se repite es el uso del teléfono móvil. Y, respecto a la segunda, las mujeres optan por restringir su movilidad y quedarse en casa si saben que van a tener que regresar solas, no visten como realmente quieren por miedo a ser increpadas, cubriendo ciertas partes del cuerpo para evitar miradas y comentarios sexuales, no usan el transporte público a ciertas horas, cambian su recorrido, caminan más rápido o evitan callejones oscuros y sin gente.

Las investigadoras destacan que las reacciones negativas de las víctimas evidencian que "son conscientes de la naturaleza ofensiva e injustificada de la situación de acoso sexual que están sufriendo". Y defienden que el miedo a vivir situaciones de acoso o intimidación en el espacio público "es una preocupación legítima para muchas mujeres".

También apuntan a los estudios que alertan sobre las graves consecuencias que esta violencia puede tener en la salud mental de las víctimas como una mayor auto-objetivización, ansiedad, vergüenza corporal, depresión o trastornos de la conducta alimentaria.

A la luz de los resultados, las autoras del trabajo abogan por abordar esta realidad que las mujeres sufren "de forma constante y habitual" desde la investigación, la educación y el cuestionamiento de las normas sociales "que fomentan y promueven la desigualdad de género en los espacios públicos". En definitiva, reconocer el acoso sexual callejero como una forma de violencia de género "es un paso fundamental para avanzar hacia una sociedad más justa, donde el espacio público deje de ser un escenario lleno de mensajes violentos".

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