Valentino muere y nace su leyenda tintada de "rosso"
El maestro lombardo, romano de corazón, amante del mar y de sus perros pugs, aterriza en la historia como el gran artista italiano de la elegancia serena y atemporal

Lucía Feijoo Viera

La alta costura viste de luto. Con la muerte de Valentino Garavani, ayer, en su casa de Roma, a los 93 años, se va el último gran custodio de una idea de elegancia absoluta, artesanal y eterna. Su legado, inmenso, queda inscrito para siempre en la historia de la moda.
Valentino Clemente Ludovico Garavani, nacido el 11 de mayo de 1932 en Voghera, el pueblo de Lombardía donde la caballería del Ejército italiano tiene su capilla, supo desde niño que su destino estaba entre telas. Ayudaba a su tía modista y observaba fascinado el ritual de los cortes y los hilvanados. A los 17 años se trasladó a París para formarse en la École des Beaux-Arts y en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Allí fue aprendiz con Cristóbal Balenciaga, Jean Dessès y Guy Laroche, una formación que marcaría para siempre su concepción de la moda como arquitectura del cuerpo y celebración de la feminidad.

Valentino muere y nace su leyenda tintada de "rosso" / LNE
En 1959 abrió su primer atelier en la romana Via Condotti. Un año después conoció a Giancarlo Giammetti, su socio y compañero, con quien fundó la Maison Valentino. A Jacqueline Kennedy la vistió como primera dama y también para su boda griega con Aristóteles Onassis, en 1968. Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, la princesa Diana de Gales, Gwyneth Paltrow o Naty Abascal, su gran amiga española y musa, formaron parte de un universo feme-nino que encarnaba la elegancia serena y atemporal que él preconizaba. Sus vestidos de novia son auténticas obras maestras. Los de Máxima de Holanda y Marie-Chantal Miller, esposa de Pablo de Grecia, fueron un alarde de exquisitez técnica, con bordados minuciosos que recogen la tradición encajera italiana. En ellos se condensan el lujo silencioso y la perfección técnica.

Valentino muere y nace su leyenda tintada de "rosso". / LNE
El estilo Valentino fue siempre fiel a la alta costura del siglo XX: tejidos nobles, colores intensos –con el rojo ("rosso valentino"), al que dio nombre, como emblema absoluto–, y un respeto casi reverencial por el oficio. Frente al minimalismo andrógino, eligió la elegancia clásica sin rupturas. En 1998 vendió la empresa, aunque continuó al frente de la dirección creativa hasta su retirada definitiva. Su último desfile, en enero de 2008 en París, fue una despedida histórica: una colección de alta costura dominada por el rojo, celebrada como el adiós de un emperador. Roma le rindió homenaje ese mismo año con una gran retrospectiva en el Ara Pacis. Pierpaolo Piccioli y Maria Gracia Chiuri honraron su herencia mientras el maestro vivía un retiro más que activo.
Más allá de la moda, Valentino adorada el arte (diseñó vestuario para ballet), a sus perros pugs (su "familia canina"), viajar, asistir a actos culturales, surcar cada verano el Mediterráneo en su barco "TM Blue" (cita a la que nunca faltaba Naty Abascal) y mantenerse activo en redes sociales, donde le encantaba que lo llamasen Mr. Valentino.

Valentino muere y nace su leyenda tintada de "rosso". / LNE
El velatorio, mañana y el jueves en Roma, en el centro cultural abierto por la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, en la plaza Mignanelli, al lado de la plaza de España, donde se encuentra la columna de la Inmaculada, se prevé multitudinario. El funeral, casi de Estado, será oficiado el viernes en la basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, cerca de la estación Termini. Valentino protagonizó el documental "Valentino: the last Emperor" y apareció fugazmente en "El diablo se viste de Prada". Su firma, además, trascendió la moda con una exitosa línea de perfumes con Puig. Con su muerte, se cierra una era: la de la alta costura tal como la hemos conocido desde mediados del siglo XX.
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