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David Alvargonzález, profesor de Filosofía: "Es falsa la idea de que hay que ser siempre tolerante; de otro modo, no habría normas"

Alvargonzález, profesor de la Universidad de Oviedo, publica "Un mapa filosófico del mundo": "El objetivo que persigo con este libro es poner a disposición de los ciudadanos comunes y corrientes un mapa para orientarse en el mundo del presente, un mapa hecho con los métodos de la filosofía académica".

David Alvargonzález, con su nuevo libro

David Alvargonzález, con su nuevo libro / A.D.

Adrián Gordaliza

Adrián Gordaliza

David Alvargonzález (1960) es profesor en la Universidad de Oviedo en las disciplinas de Filosofía de la religión, Historia de la Ciencia y Filosofía de las ciencias humanas. Su último libro "Un mapa filosófico del mundo" (Tirant Editorial) apareció recientemente en las librerías.

-Profesor Alvargonzález, usted lleva 40 años enseñando filosofía en la universidad de Oviedo, ¿qué le ha llevado a escribir ahora este libro?

-El objetivo que persigo con este libro es poner a disposición de los ciudadanos comunes y corrientes un mapa para orientarse en el mundo del presente, un mapa hecho con los métodos de la filosofía académica. Es el mapa que yo soy capaz de hacer en este momento y está redactado para que todo aquel que hable español lo pueda entender. Gracias a la confrontación de unos mapas con otros podemos orientarnos mejor.

-¿Ha cambiado mucho su forma de enseñar en estas cuatro décadas? ¿Han cambiado también los alumnos?

-El mundo ha cambiado mucho en estos cuarenta años, pero los métodos de la filosofía académica siguen siendo los mismos que utilizaron Platón y Aristóteles hace más de dos milenios. Los intereses de los alumnos también han cambiado: cuando yo empecé a impartir clases, todavía no había tenido lugar la caída de la Unión Soviética y estábamos en el primer gobierno del presidente González.

-¿Qué fue lo que le hizo a usted interesarse por la filosofía en su juventud?

-Fue ese mismo interés de orientarse en el mundo que está detrás del proyecto de este libro. El mapa del mundo que yo recibí de mi familia y mi colegio era el del cristianismo, un mapa que comparten dos millardos y medio de personas. En mi juventud, me fui dando cuenta gradualmente de que algunos contenidos de ese mapa no eran verosímiles.

-Su libro no es una introducción a la filosofía ni tampoco un libro de autoayuda, ¿qué es?

-No es una introducción a la filosofía en la que se explique un poco de Platón y un poco de Descartes. Tampoco es un libro de autoayuda con consejos para una vida sana, plena o feliz. Se trata de presentar un mapa de todo lo existente para que el lector se pueda orientar. Luego, él decide a dónde quiere ir, pero para ir a cualquier sitio hay que estar orientado.

-Usted nos propone un mapa para orientarnos en el mundo en el que vivimos, pero ¿a qué escala está hecho este mapa?

-Un mapa de la Tierra está hecho a la escala de las partes significativas más grandes con respecto al todo, en este caso, los continentes. El mapa del mundo filosófico toma la escala de las partes máximas que se pueden reconocer en la realidad, que son lo que se llaman las categorías. Hay unas categorías que marchan con independencia de los hombres (por ejemplo, la categoría física), y otras que dependen de los hombres (por ejemplo, las categorías políticas).

-El cartógrafo de este mapa se declara como “materialista filosófico”, ¿qué significa eso?

-Yo soy discípulo de Gustavo Bueno y el materialismo filosófico que practico tiene esa estirpe, aunque no puede decirse que este mapa lo haya hecho Bueno. El materialismo filosófico se puede caracterizar, de un modo rápido, utilizando negaciones: negación del espiritualismo, del formalismo, del idealismo, del materialismo vulgar, del cientificismo, del escepticismo.

-Se dice muchas veces que pensar es hacerlo contra alguien, pero se olvida que también se hace junto con otros. Usted lo hace “a hombros de gigantes”, ¿no es así?

-Los gigantes con los que debate cualquier sistema de filosofía académica son Platón y Aristóteles, eso es una cosa bien sabida. En mi libro no se cita ningún autor, porque me impuse la disciplina de hablar solo de ideas y no de autores, pero la sombra de esos dos gigantes planea en cada página.

-Da la sensación de que vivimos rodeados de ideas mitológicas que a veces no interesa aclarar porque sirven para justificar cualquier cosa. ¿Se le ocurre algún ejemplo?

-Naturaleza, Cultura, Humanidad, Identidad, Ciencia, Razón, Progreso, Democracia, Pueblo, Espíritu, Inmortalidad, Libertad, Paz. Se podría seguir.

-Usted divide el mapa en dos super-continentes, uno lleno de repúblicas ordenadas (anantrópico) y otro más impredecible y convulso (antrópico). Es una distinción que tiene un recorrido filosófico muy largo, pero ¿qué significa para usted?

-No son supercontinentes. Lo real se puede organizar en categorías, es una rapsodia de categorías: científicas, técnicas, tecnológicas, éticas, políticas, etcétera. Esas categorías son los géneros ontológicos máximos y pueden ser de dos órdenes diferentes según sean o no sean dependientes de los sujetos humanos (y animales). Las categorías independientes son las ciencias naturales estrictas, las dependientes son las categorías del hacer humano, las categorías prácticas.

-Menciona en su libro “el fundamentalismo de la tolerancia”. Es una idea muy interesante, ¿de qué se trata?

-Es una idea perezosa según la cual hay que ser siempre tolerante, pero es una idea falsa porque, en todas las sociedades, unas cosas se toleran y otras no, pues, de otro modo, no habría normas.

-¿Cree usted que superaremos alguna vez la distinción oscura entre derecha e izquierda o realmente no interesa? Las redes sociales parece que están haciendo buen negocio con las polémicas que generan.

-La distinción entre derechas e izquierdas interesa a los que viven de la política, porque son etiquetas de identificación y de propaganda de las organizaciones que se disputan el gobierno del Estado.

-Una de las afirmaciones que hace en el libro es que el mundo no tiene unidad, pero en el debate público constantemente se da por hecha esta unidad cuando se habla del cambio climático, los derechos humanos, la paz mundial, la libertad, el destino de la humanidad, etc.

-El mundo al que va referido este libro no es solo el planeta Tierra, sino más bien algo parecido a lo que llamamos universo. Al universo le trae sin cuidado lo que ocurre en un minúsculo planeta de una de los trescientos mil millones de estrellas que componen una de sus dos billones de galaxias. Ahora bien, si nos referimos al orden de las categorías de la praxis, es donde aparece la idea de Humanidad. La Humanidad no tiene unidad porque no existe una cultura o un idioma universal, y tampoco tiene unidad de acción, porque no existe un gobierno de la Humanidad.

-Otra de las grandes confusiones se da entre la ética, la moral y la política. Mucha gente parece querer hacer política solo con la ética, pero sin saberlo.

-La ética y la política persiguen fines diferentes: la buena marcha de una persona concreta, y la buena marcha de un Estado político concreto. Esos dos objetivos no siempre se pueden armonizar, como ocurre en las guerras en las que el Estado dispone de la vida de sus súbditos.

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