Medio ambiente
El cambio climático marca una nueva pauta en el Mediterráneo: o inviernos con muchas borrascas o sin apenas lluvias
Los científicos resaltan una tendencia de "gran variabilidad" meteorológica y que podría dejar fenómenos completamente diferentes de un año a otro
València acumula 10 días de viento fuerte de litoral con ráfagas por encima de los 60 km/h desde principios de año según los registros de la Aemet y seguirá hasta el sábado

Viento en la playa de la Malva-rosa de València este lunes. / Rober Solsona
Lluís Pérez
La concatenación de borrascas desde diciembre en la Península Ibérica está otorgando una elevada inestabilidad climática al invierno en la Comunitat Valenciana. Si el mes de diciembre fue mucho más húmedo de lo habitual, con sendos envíos de mensajes Es-Alert durante los fines de semana del 14 y el 28 de diciembre; el viento está siendo protagonista durante este inicio de año y lo seguirá siendo, como mínimo, hasta finales de la presente semana. Desde principios de enero, la estación de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ubicada en el aeropuerto de València ha registrado 10 jornadas de viento "fuerte de litoral" con ráfagas por encima de los 60 kilómetros por hora. ¿Es consecuencia del cambio climático?
La situación atmosférica "no es habitual"; así lo reconoce el jefe de Climatología de Aemet en la Comunitat Valenciana, José Ángel Núñez, aunque no insólita. El invierno de 2016-2017 fue muy húmedo y, en 2021, se registró un mes muy ventoso, que impacto sobre el hospital de campaña montado en La Fe por la covid y obligó a evacuar pacientes. Fue el séptimo enero con más viento de la serie histórica, cinco posiciones por delante del actual. "Sin duda el cambio climático influye en el tiempo adverso -, añade el representante de la Agencia-. Hay una influencia clara desde hace 10 años en los que estamos viviendo fenómenos meteorológicamente extremos". La dana del 29-O o las semanas de calor persistente en verano son de los dos ejemplos más claros en este sentido. Sin embargo, Núñez se muestra cauto a la hora de cuantificar la responsabilidad del cambio climático en esta radicalización de los escenarios climáticos: "Se necesitan estudios de atribución para saber la relación concreta entre ambos fenómenos y cuantificar el peso o porcentaje del cambio climáticos en esta inestabilidad". En la dana, por ejemplo, se hizo para medir su impacto con un estudio del Servicio de Cambio Climático de la UE que identificó al Mediterráneo como un "punto caliente" en eventos extremos.
La atmosfera es única y las diferentes variables que forman parte de ella -temperatura, mar, suelo, vegetación- influyen en su estado. Si una de ellas cambia, irremediablemente tiene afectación sobre el resto. "No podemos tener una mayor cantidad de energía en la atmosfera -, explica Núñez- y esperar que los registros de precipitaciones sean los mismos". De hecho, en reiteradas ocasiones, los expertos climáticos han asegurado que un mar caliente es un factor que eleva las probabilidades de vivir una dana como la del 29-O, pero que se "necesitan otros ingredientes".

Un vecino observa desde su balcón el desastre tras la dana en el paso a nivel de Alfafar. / José Manuel López
Hacia la imprevisibilidad
A falta de estudios que concreten la relación entre el cambio climático y un invierno de gran inestabilidad como el actual; hay una tendencia clara en el arco mediterráneo: la meteorología transita hacia un contexto "de gran variabilidad" interanual. Así lo constata la investigadora Samira Khodayar y directora del Área de Meteorología y Climatología del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM). "Lo ocurrido este año no implica que los inviernos vayan a ser muy húmedos a partir de ahora -, esgrime-. Pero si nos permite corroborar esta tendencia cambiante, en la que los inviernos más estables y secos se combinarán con otros muy húmedos y de mayor inestabilidad como el actual".
Esta alta variabilidad tiene a priori una consecuencia directa: la dificultad para realizar proyecciones meteorológicas en el medio y largo plazo. Esto es esencial para la gestión de recursos como es el caso de los hidrológicos porque, como comenta Khodayar, "los embalses pueden estar muy llenos un año y prácticamente vacíos el siguiente". Según el último dato ofrecido por la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), sus embalses se encuentran el 57,76 % de su capacidad, cinco puntos por encima del dato del año anterior (51,93 %), pero casi 10 puntos por encima del de hace seis años; en febrero del 20, estaban al 46,30 % de su capacidad total.

Detalle del embalse del Naranjero. Cañón del Jucar. / Foto Estepa.
Inestabilidad hasta el sábado
El viento de poniente reapareció con fuerza desde primera hora de la noche del lunes, cuando se activó un aviso amarillo por parte de la Aemet en el interior de las provincias de Valencia y Castellón, y se intensificará a partir de las nueve de la mañana de este martes. Es entonces cuando el aviso se eleva a nivel naranja por ráfagas que podrían alcanzar los 90 kilómetros por hora; este se mantendrá durante toda la jornada del miércoles en la provincia de Valencia. La inestabilidad meteorológica se mantendrá hasta el sábado, jornada para las que se espera una bajada de las temperaturas con 17 grados de máxima en el litoral y 10 en el interior. A partir del domingo, por fin, la meteorología recuperará cierta tranquilidad.
Pese a la creencia ciudadana, el invierno está siendo "cálido", según Núñez, a excepción de las dos intrusiones árticas, que provocaron un descenso notable del mercurio el día 25 de diciembre y el 6 de enero. Es resultado de la concatenación de borrascas, surgidas por la presencia de una corriente de chorro al sur de las Islas Británicas, cuyo centro se mueve normalmente a la altura de Islandia y que ha desplazado el conocido anticiclón de las Azores.
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