"Touchdown" de Bad Bunny en las barbas de Trump, la histórica actuación en castellano del cantante puertorriqueño en el descanso de la Super Bowl
Un show con un mensaje de orgullo latino que resonó ante más de cien millones de espectadores y que encendió al presidente de Estados Unidos

Bad Bunny, durante su actuación en el descanso de la Super Bowl. | ADAM HUNGER

"Buenas tardes, mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio y si hoy estoy en el Super Bowl es porque nunca dejé de creer en mí". Con estas palabras inició Bad Bunny, el artista latino más laureado, su actuación en el descanso del partido grande de la liga profesional de fútbol americano, la NFL. Un recital que pasará a la historia por haber utilizado en todas sus canciones el idioma castellano. Pero no solo por eso: Bunny cogió el balón ovalado bajo el brazo e hizo una carrera imparable en las mismas narices de Donald Trump, que el acabar el partido escupió fuego en sus redes sociales contra el puertorriqueño. La bofetada del artista latino al presidente de Estados Unidos en el icónico Levi’s Stadium fue sonora y la escucharon más de 100 millones de espectadores. "Touchdown". Un golazo por toda la escuadra, traduciendo a nuestro fútbol el tanteo del fútbol americano.
Benito Antonio Martínez Ocasio escribió el domingo una de las páginas culturales más significativas de la década. No se trató solo de un set de canciones ni de una muestra de ritmo urbano: fue una declaración de identidad, historia y pertenencia que desbordó el formato tradicional del show musical de la Super Bowl, y lo convirtió en un baluarte cargado de simbolismo.
Bad Bunny empezó su con su éxito "Tití me preguntó", transformando el terreno de juego de los gladiadores acorazados de Seattle y New England en una escena vibrante inspirada en la vida cotidiana boricua —con elementos como carretas de piragua, plantaciones de caña, puestos callejeros — mientras caminaba entre sus bailarines de blanco impoluto.
La presencia de Bunny en ese escenario —el mayor escaparate musical del año en Estados Unidos y uno de los más vistos del planeta— no fue simplemente un hito artístico: fue un acto de representación histórica para millones de latinos y hablantes de español, y un gesto profundamente cargado de significado en un momento de polarización social y política en EE UU.
Bunny fue el primer artista latino en solitario en encabezar este anual espectáculo y lo hizo interpretando la mayor parte de su repertorio en español, algo sin precedentes en los más de 50 años de historia del evento. Invitados como Lady Gaga y Ricky Martin enriquecieron un contexto que se extendió más allá de lo musical y tocó la fibra de la memoria colectiva de varias generaciones.
El cierre de su actuación fue tan simbólico como emotivo. Sosteniendo un balón de fútbol americano que llevaba inscrito "Together we are America" (Juntos somos América), Bad Bunny pronunció palabras que resonaron más allá del estadio: "God bless America", mientras enumeraba con orgullo cada uno de los países del hemisferio —desde Canadá hasta Argentina, Chile, Colombia o Venezuela— y los nombres eran acompañados por banderas de distintos países americanos portadas por los bailarines . La gigantesca pantalla detrás de él proyectó el mensaje "The only thing more powerful than hate is love" ("Lo único más poderoso que el odio es el amor"), una frase que sintetiza la intención explícita de su discurso: incluir, no excluir.
Este clímax no fue un detalle menor: representó una expansión deliberada del imaginario de "América", más allá de los límites geopolíticos de Estados Unidos. Cabe interpretar esta valiente puesta en escena como una invitación a derribar fronteras en torno a la identidad nacional para valorar el aporte de comunidades diversas.
El cabreo del presidente
El mensaje de Bad Bunny no podía pasar desapercibido. Donald Trump lanzó una crítica enérgica tras la actuación a través de las redes sociales, describiéndola como "absolutamente terrible", "una afrenta a la grandeza de Estados Unidos" y "uno de los peores espectáculos de medio tiempo de la historia". A la vista de sus palabras, lo que estaba en juego no era solo el gusto musical, sino lo que el espectacular montaje representaba: una ruptura con lo que él y sus seguidores consideran los valores tradicionales norteamericanos.
"Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo", escribió Trump, extendiendo su crítica más allá de lo musical hacia lo cultural y lo lingüístico. Para el presidente y muchos de sus seguidores, lo ocurrido en Santa Clara fue una contestación directa a la narrativa cultural que ellos promueven: una América monolingüe, homogénea culturalmente y anclada a un concreto ideal tradicionalista.
La controversia provocó en las horas siguientes debates más amplios en los medios de comunicación de Estados Unidos, sobre qué significa ser estadounidense en una nación cuya composición lingüística y cultural está en transformación constante. Para muchos conservadores, la elección de un artista que canta casi exclusivamente en español y que ha sido crítico con la administración Trump —especialmente en temas migratorios y de políticas de control fronterizo— fue vista como una provocación.
Más allá de las tensiones, es innegable que la actuación de Bad Bunny marca un punto de inflexión simbólico: un artista latino, cantando en español, usando la música y el espectáculo para hablar de unidad continental, identidad y herencia cultural, sobre el escenario más visible del entretenimiento estadounidense. Lo que podría haber sido solo un concierto se transformó en un espejo de las fracturas y aspiraciones de una nación en transformación. Para bien o para mal, según la óptica sea republicana o demócrata.
Por cierto, Seattle salió vencedor del partido de audiencia planetaria frente a New England por 29-13, dominando al rival con una defensa implacable. Lo que se dice "una gozadera".
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