Riesgos del campo
Primavera y abejas: cómo protegerse de las picaduras y señales de alerta ante una alergia
La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica recuerda la prevención como clave con la llegada del buen tiempo, cuando las abejas son más activas y se pasa más tiempo al aire libre

Las abejas son intimidatorias para muchas personas que temen sus picaduras. / ShutterStock
Se acerca la primavera y las temperaturas comienzan a subir en España. Los fríos del invierno, este último más lluvioso de lo habitual, van quedando atrás y el regreso del sol, el buen tiempo y el calor provoca el despertar de la naturaleza. Las plantas inician su proceso de floración en nuestros campos lo que produce grandes cantidades de néctar y polen, un botín suculento para las abejas.
Estos insectos son de suma importancia para el ecosistema, pues recogen y transportan el polen de una flor a otra, facilitando así la fecundación de las plantas. A pesar de todos estos beneficios, las abejas son intimidatorias para muchas personas que temen sus picaduras, que pueden ser dolorosas para el ser humano. Preocupación mayor padecen quienes sufren algún tipo de alergia a su veneno, que puede provocar reacciones más graves.
Tal y como explica el alergólogo Miguel Ángel Baltasar Drago, esta sustancia venenosa es un compuesto proteico con diversas toxicidades que inyectan en el intruso a través de un aguijón. Esta picadura puede resultar más o menos molesta según la zona y la sensibilidad de la víctima. En casos de sensibilidad extrema pueden producirse un choque anafiláctico, que requieren de atención inmediata, pues de no ser así pueden llegar a ser mortales. Pero, ¿cómo puede una persona saber si es alérgica a la picadura de abeja?
Síntomas de la alergia a la picadura de abeja
Los individuos alérgicos desarrollan anticuerpos contra el veneno que, en posteriores picaduras, en las que se expone de nuevo a esa sustancia, la respuesta alérgica produce síntomas de diversa gravedad. Estas reacciones pueden ser de tres tipos:
Por un lado, las reacciones más habituales son las localizadas, caracterizadas por una inflamación superior a los 10 centímetros de diámetro y dolor en la zona afectada, síntomas que pueden prolongarse más de 24 horas. En estos casos, no suele recomendarse la inmunoterapia y el tratamiento se limita, en la mayoría de las situaciones, a la limpieza de la herida con agua y jabón y la aplicación de frío local para reducir el edema y aliviar el dolor. Solo en episodios más intensos se contempla la administración de antihistamínicos o corticoides.
Menos frecuentes, aunque potencialmente más graves, son las reacciones generales, cuya prevalencia alcanza el 2,3% en la población rural. Según detalla el doctor Baltasar Drago en un informe de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), estas pueden manifestarse con urticaria, hinchazón, dificultad respiratoria, descensos de la tensión arterial e inestabilidad. En los casos más severos pueden derivar en la reacción anafiláctica y el choque anafiláctico. Estos cuadros extremos registran entre una y cinco muertes por cada diez millones de personas al año.
Por último, también debemos mencionar las reacciones retardadas, aún más raras, para las que tampoco está indicada la inmunoterapia.

En la época de verano, con las altas temperaturas, existe una población mayor de abejas. / ShutterStock
La prevención, punto esencial
Más allá de la respuesta clínica y los distintos niveles de gravedad, los expertos subrayan que la prevención juega un papel esencial para evitar problemas, sobre todo, en los meses estivales, cuando hay mayor población de abejas y las personas, menos abrigadas, pasan más tiempo al aire libre y cerca de entornos naturales.
Desde SEAIC, recuerdan que, en la mayoría de las ocasiones, estos insectos pican cuando se sienten amenazados, por lo que recomiendan no acercarse a sus colmenas, no realizar movimientos bruscos o aspavientos si una abeja se acerca y no manipular sus nidos. Estas acciones pueden ser una amenaza para estos animales y provocar un ataque.
También es importante tener en cuenta que las altas temperaturas, los alimentos o bebidas dulces y los perfumes u olores fuertes aumentan su agresividad. En este escenario, el doctor Baltasar Drago llama a evitar comer al aire libre o manipular contenedores de basura, extremar la precaución durante actividades de jardinería y no caminar descalzo o con sandalias. También aconseja no colgar la ropa al aire libre y si lo hacemos, sacudirla bien antes de utilizarla, y no usar prendas holgadas ni de colores llamativos.
Por último, antes de iniciar la conducción de un vehículo, subraya la importancia de comprobar que no haya insectos en su interior y circular con las ventanillas cerradas.
Cómo actuar tras una picadura de abeja
Si, pese a las recomendaciones, la persona ha sido víctima de una picadura de abeja, los expertos recomiendan alejarse de la zona ya que las feromonas de alarma liberadas durante el ataque pueden desencadenar nuevas picaduras. Del mismo modo, aconsejan retirar el aguijón de inmediato, raspándolo suavemente con la uña, un cuchillo o una tarjeta. El uso de pinzas sobre la zona afectada no es recomendable, pues puede favorecer la inyección de más veneno.
Si percibimos cualquier reacción, se debe administrar la medicación previamente indicada por el alergólogo y acudir con rapidez al médico o al servicio de Urgencias más cercano. Tras el diagnóstico, el especialista valorará el tratamiento necesario.
En los casos graves, puede ser necesario el uso inmediato de adrenalina autoinyectable. Retrasar su administración y optar primero por otros fármacos, como corticoides o antihistamínicos, puede tener consecuencias fatales. No obstante, desde la SEAIC avisan de que la adrenalina puede no ser suficientemente efectiva en reacciones muy graves o que el paciente puede haber olvidado llevarla consigo, por lo que este fármaco no garantiza una protección absoluta ante nuevas picaduras.
Como medida preventiva, el doctor Baltasar destaca que el alergólogo puede indicar inmunoterapia específica. Estas son una serie de inyecciones o vacunas antialérgicas que se administran para disminuir la sensibilidad a los alérgenos que causan la alergia. Es el único tratamiento capaz de bloquear los síntomas en caso de futuras picaduras. Las dosis máximas administradas en este proceso suelen ser equivalentes a una o dos picaduras.
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