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La corriente más espiritual del arte contemporáneo asturiano: "Los almistas" exponen juntos por primera vez

El comisario Juan Llano Borbolla reúne la obra de los hermanos Chechu y Juan Álava, de Breza Ceccini y de Alberto Ámez en la exposición “El velo y la forma (pintura y razón poética)”, que se inaugura 28 de mayo en la galería Espacio Líquido de Gijón

Por la izquierda Juan Álava, Chechu Álava, Alberto Ámez y Breza Ceccini

Por la izquierda Juan Álava, Chechu Álava, Alberto Ámez y Breza Ceccini / .

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Una cierta corriente espiritual -en parte promovida por “Lux”, el último disco de la cantante catalana Rosalía- recorre la cultura del momento. Quizá sea una moda más. Pero en la pintura contemporánea asturiana hace tiempo que se venía consolidando una genuína búsqueda del misterio. Ahora la exposición pictórica “El velo y la forma (pintura y razón poética)”, que se inaugura el día 28 de mayo en la galería Espacio Líquido de Gijón, hace visible el nexo común entre dos pintores y dos pintoras: Breza Ceccini, Chechu Álava, su hermano Juan Álava y Alberto Ámez. Los cuatro ejercen “una pintura poética, que toca el misticismo, pero no para llegar a dios sino como trascendencia de la realidad”, indica el comisario de la exposición, Juan Llano Borbolla. Sus cuadros transitan entre lo visible y lo invisible, entre la magia y el misterio. La madre de la pintora Breza Ceccini ha creado un nombre que los agrupa y define a la perfección. Son “Los almistas”.

Juan Llano Borbolla comisionó la reciente y exitosa muestra de Alberto Ámez en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Y ahora ahonda en esta difusión del “almismo”. La actual muestra surgió de una idea de Juan Álava y en el despliegue del proyecto expositivo es importante el pensamiento de María Zambrano, que abraza la idea de un espacio entre la realidad ordinaria y otras realidades más elevadas. También el peso del pensamiento sufí, el misticismo musulmán.

“Los cuatro son pintores que tienden un velo que oculta realidades más violentas, las velan con un ambiente de inquietud y desasosiego”, dice Llano Borbolla. Según el punto de vista de este comisario, la tesis que estructura el programa pictórico de estos cuatro creadores asturianos es que “la realidad no debe ser entregada de golpe y porrazo, hay gente que no lo resistiría”, por ello existe “una dialéctica necesaria entre lo que se muestra y lo que se oculta”.

Orfeo, de Juan Fernández Álava, una obra que ocurre en "ese instante en que Orfeo se voltea a mirar a Eurídice y ella vuelve al infierno.  Es un momento de debilidad", dice Llano Borbolla.

Orfeo, de Juan Fernández Álava, una obra que ocurre en "ese instante en que Orfeo se voltea a mirar a Eurídice y ella vuelve al infierno. Es un momento de debilidad", dice Llano Borbolla. / .

Llano Borbolla explica que en la obra de los cuatro “almistas” adquieren importancia “los espacios liminales, lo inefable, lo invisible, lo que no se puede expresar”. Todos se parecen, pero cada uno es distinto. “Chechu, Juan y Breza están más vinculados entre sí. Alberto Ámez se engancha más con realidades más telúricas”, apunta Llano Borbolla. Para cada uno de ellos, el comisario ha destilado una definición de su obra. Juan Fernández Álava es “lo invisible en la quietud de lo cotidiano”, su hermana Chechu encarna en sus lienzos “la mística del tiempo y el aura del retrato”; Breza Cecchini representa “el entrelazamiento del cuerpo con la naturaleza animal” y, finalmente, la pintura de Alberto Ámez es “la estructura de la luz en lo habitable transcendental”. Aunque la exposición nace en Asturias “hay la intención de extender la exposición fuera de la región y con más más artistas y no solo asturianos”, apunta Llano Borbolla.

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