Opinión
El machismo mata; la indiferencia, también
Un balance institucional y una llamada a la movilización social
Este 2025 nos ha golpeado de frente. En Asturias, tres mujeres han sido asesinadas -Karilenia, Susana y Dolores- y no podemos permitir que nadie lo trate como una cifra más. Fueron asesinadas por ser mujeres. Punto. Asumirlo duele, pero mirar hacia otro lado es aún peor. Cada una de ellas es la prueba de que la violencia machista sigue ahí, que mata sin descanso y que exige una respuesta firme de toda la sociedad. No podemos seguir soportando esta brutalidad en silencio. No podemos permitirnos otra muerte más.
Este 25N, Asturias levanta la voz con un lema que no admite excusas: "Oír, ver y no callar. Rompe el patrón". Una llamada colectiva que interpela a toda la ciudadanía, porque la violencia machista no se explica solo por quien la ejerce, sino también por quien calla, minimiza o duda. Y la indiferencia, ese silencio que a veces pretende proteger, es la que más desprotege.
Este año hemos querido mirar con atención a quienes más tiempo llevan sufriendo en silencio: las mujeres mayores. Muchas vivieron décadas de maltrato escondido bajo la apariencia de normalidad. Denunciar no era una opción; pedir ayuda, casi un tabú. Su generación aprendió a aguantar, no a ser escuchada.
Pienso entonces en Ana Orantes, cuyo testimonio valiente despertó a un país entero. Tenía 60 años cuando la asesinaron. Su voz abrió una puerta que ya no vamos a permitir que se cierre.
En Asturias, los Centros Asesores de la Mujer han atendido este año a 64 mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia. No es solo una cifra: es la prueba de que cuando la red funciona, ellas confían. Y también de que la violencia hacia las mujeres mayores existe, duele y debe visibilizarse.
Desde el Gobierno de Asturias no hemos permanecido al margen. Hemos reforzado la respuesta pública no para generar titulares, sino para sostener vidas. Hemos ampliado las ayudas económicas y las coberturas para garantizar autonomía a quienes deciden romper con el maltrato. Hemos incluido por primera vez apoyos específicos para víctimas de violencia vicaria y para los menores huérfanos hasta los 26 años. Porque la seguridad empieza por tener un horizonte posible.
También hemos fortalecido la Red de Casas de Acogida, incorporando nuevos pisos tutelados y mejorando la financiación para asegurar un acompañamiento integral. La Casa Malva sigue siendo un referente en protección, y medidas como las estancias vacacionales han permitido a muchas mujeres y menores recuperar, aunque sea por unos días, la calma que la violencia les arrebató.
El Centro de Crisis para Víctimas de Agresiones Sexuales ha atendido ya a más de un millar de mujeres y es hoy un modelo para otras comunidades. Allí se acompaña a quienes enfrentan una de las violencias más devastadoras y, a menudo, más silenciadas.
No necesitamos enumerar más: lo esencial es claro. Asturias está reforzando, ampliando y cuidando su red pública porque ahí empieza la libertad de muchas mujeres.
Pero proteger no es suficiente si no prevenimos. Y la prevención nace antes de cualquier agresión: en las aulas, en las miradas, en el lenguaje, en lo que enseñamos y en lo que permitimos.
Por eso impulsamos Coeducastur, que forma a cientos de docentes en igualdad y trabaja desde edades tempranas para desmontar los roles que alimentan la violencia. Cada centro educativo que incorpora esta mirada siembra libertad para la próxima generación.
Y algo fundamental: los hombres también tienen un papel imprescindible. No como aliados ocasionales, sino como parte activa de la solución. Porque la igualdad no es una causa de mujeres: es un compromiso democrático que exige responsabilidad colectiva.
Por eso este artículo no es solo un balance institucional. Es una llamada a Asturias entera:
A quienes escuchan gritos y dudan.
A quienes ven señales y no saben si intervenir.
A quienes creen que "esto no es asunto mío".
La violencia machista encuentra terreno en esos vacíos. Y se detiene cuando la comunidad actúa.
Asturias es tierra de compromiso. Y ante esta violencia que nos hiere, no vamos a ser neutrales. No mientras falte una. No mientras haya una sola mujer sintiendo miedo en su propio hogar. No mientras un agresor crea que el silencio le protege.
Este 25N, y todos los días, Asturias va a ver, va a oír y, sobre todo, no va a callarse.
Vamos a romper el patrón.
Porque la igualdad no es un eslogan: es la base de cualquier sociedad que aspire a ser verdaderamente libre.
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