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Tino Pertierra

Crítica

Tino Pertierra

El abuelo fue pecador

Wilkerson rastrea una oscura historia familiar en el contexto de una sociedad envenenada por el racismo, una denuncia con hechuras experimentales

El cineasta Travis Wilkerson tenía una deuda pendiente con el capítulo más siniestro de su familia. En 1946, recién terminada la II Guerra Mundial, su abuelo mató a un vecino negro en un pueblo perdido en las profundidades de Alabama. El profundo y viejo Sur, un semillero inmenso de racismo en estado duro.

El asesino fue absuelto.

Siete décadas después, su nieto coge la cámara y se lanza a investigar lo que pasó en realidad. No es de extrañar que el documental arranque con unas imágenes de color manipulado de Matar a un ruiseñor, el clásico de Robert Mulligan en el que Gregory Peck encarna a un abogado blanco que es el paradigma de la honestidad sin fisuras, capaz de enfrentarse a los intolerantes aunque eso le enfrente a sus vecinos. Un símbolo del lavado de conciencia de la raza blanca con tintes épicos, según los analistas más críticos con esas edulcoradas visiones de Hollywood.

Wilkerson no va por ahí, claro, aunque su trabajo peque de volcarse en la historia de su abuelo y descuidando la de la víctima y sus descendientes. El resultado es un ensayo autobiográfico con ramalazos de denuncia social que, a veces, pierde fuerza por los esfuerzos evidentes del director por llamar la atención sobre sus formas tirando de fórmulas visuales que están ya demasiado vistas y abusando de una voz en off que a veces subraya obviedades, dicho, eso sí, con una voz profunda y penetrante a lo Orson Welles. Investigación detectivesca, aventura iniciática, brotes experimentales en los que se mezclan imágenes de archivo, películas en super 8, fotos familiares, testimonios a la cámara y letras de canciones que se van pulsando, referencias históricas, doce pantallas divididas... La pregunta que formula el título, en realidad, no es tanto una forma de abrir la investigación privada sobre un abuelo detestable, supremacista, maltratador y de ideas fascistas, como una vía para ampliar la denuncia a toda una sociedad, culpable en última instancia de que personajes capaces de matar a un hombre inocente por el color de su piel se atrevan a hacerlo sabiendo que posiblemente gocen luego de impunidad para irse de rositas. En cierto modo, lo que hace el director es intentar limpiar una mancha que ensucia la historia familiar difuminándola en un contexto más amplio que involucra a todo un país que, entonces y ahora, sigue envenenado por el racismo. Es un documental interesante pero menos de lo que su presuntuoso autor desearía.

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