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Crítica

Pus verdades

Sobre la obsesión de una parte de la sociedad norteamericana de echarse en brazos conspiranoicos se pueden hacer películas altisonantes, graves y malhumoradas (en la línea de un Oliver Stone o un Michael Moore, ya sabes) o adoptar formas más sencillas y tonos de voz más bajos. Como Sword of trust, que dibuja en 88 escuetos minutos un retrato más guasón que colérico de esa América profunda(mente reaccionaria) que suele votar a Donald Trump y está abonada al canal contaminado de las noticias falsas, enferma de esa "verdad" manipulada que supura el pus del engaño.

Lynn Shelton, de probada experiencia en lides televisivas, aprovecha la prestancia de un reparto sin fisuras, con el siempre certero Marc Maron al frente, y visualiza sin complicarse la vida un guión habilidoso y cargado de detalles afilados que transcurre en pocos escenarios (incluido uno harto claustrofóbico, equivalente al encierro que sufren tantos inmigrantes acorralados) y en los que el cruce de disparos verbales no deja títere con cabeza. Juega la película la baza de mostrar situaciones grotescas y con un punto grotesco que, lo vemos cada día en los telediarios, parecen sacadas de la actualidad. Es una película modesta de alcance limitado y su mensaje se queda algo corto, con un desenlace delirante que no funciona, pero tiene gracia.

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