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DeVito eleva el nivel

La resurrección de la saga "Jumanji" dos años atrás, con una película a medio camino entre el remake y la secuela respecto al filme original de Joe Johnston, fue uno de los pelotazos de la temporada. En plena competencia con "Los últimos Jedi", "Jumanji: bienvenidos a la jungla" logró recaudar más de 850 millones de euros en todo el mundo. Su continuación, "Jumanji: siguiente nivel", aspira como mínimo a reeditar el éxito con un cóctel similar de comedia y aventura, que reduce ligeramente la segunda y potencia la primera, profundizando en los equívocos provocados por la disociación de los roles entre los personajes y sus versiones digitales. Recordemos: en este "reboot" con pretensión de franquicia, el juego de mesa original se transforma en un videojuego que atrapa dentro a los jugadores, asignándoles un rol digital con habilidades (y debilidades) particulares. Desde esta premisa, la incorporación de nuevos jugadores, en concreto dos ancianos atrapados por error en la partida, y el intercambio de roles respecto a la primera entrega, engrasan la mecánica de diálogos y situaciones cómicas que ya tiraba del filme anterior.

Tan predecible como confortable, "Jumanji: siguiente nivel" se beneficia de la buena química entre el cuarteto que encarna los roles digitales de los jugadores, entre los que brilla especialmente una Karen Gillan que gana presencia respecto a la entrega anterior y demanda a gritos empresas de más fuste. Pero la gran aportación cómica viene de una de las nuevas incorporaciones, que con un número muy limitado de minutos en pantalla logra elevar el nivel de la función: se trata del gran Danny DeVito, que con apenas unos planos logra armar a un entrañable viejo cascarrabias, dejando además un poso del que se beneficia especialmente Dwayne Johnson cuando hereda sus poses y tics en el mundo digital.

El "pero" del filme es que Jake Kasdan, impecable tanto en las "set pieces" de acción (llegando a brillar en el ataque de los mandriles) como al filmar los momentos de más comicidad (física o verbal), renuncia a profundizar en esa colisión entre la versión digital (e idealizada) y la real de los personajes, con el trauma consiguiente. Su pretensión es otra: ofrecer dos horas de entretenimiento para un público familiar. Y eso lo cumple con creces.

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