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Veríssimo Serrão: un descubridor de Asturias

El origen del eje intelectual luso-español, prolongado en el tiempo por el profesor Emilio de Diego

La noticia de la muerte de Joaquín Veríssimo Serrão que veo en LA NUEVA ESPAÑA del pasado 4 de agosto, merece una glosa desde Asturias. Había sido yo miembro del Jurado del Premio "Príncipe de Asturias" de Ciencias Sociales en 1995. Lo presidía Manuel Fraga y, en el debate inicial se pensó en el interés de conceder también el galardón a no solo españoles e hispanoamericanos, sino también a todo el mundo ibérico. Recuerdo que lo apoyé y Fraga consideró, porque estaba al tanto de la existencia del mundo intelectual de Portugal, que sería importante, por el proceso que entonces existía hacia la culminación del acuerdo con la Comunidad Económica Europea, el destacar inmediatamente la existencia de una solidaridad peninsular, y quien había manejado ampliamente la labor histórica en este sentido, era un catedrático y presidente de la Academia Portuguesa da Historia, Joaquín Veríssimo Serrão, quien simultáneamente planteaba en sus trabajos multitud de cuestiones relacionadas con España. Éste podría ser el primer premiado portugués. Desde luego me convenció y también, a la inmensa mayoría del jurado. Y por tanto recibió el profesor Veríssimo el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 1995.

Estuve con él el día de la entrega, hablando de multitud de cuestiones, desde históricas -fuimos desde Viriato hasta a lo sucedido en tiempos del general Primo de Rivera para el mayor aprovechamiento posible lusoespañol de las aguas del Duero- a cuestiones no sólo históricas sino también políticas, en relación con lo que Azaña en sus diarios habla en relación con exiliados políticos portugueses llegados a Madrid en la etapa de la II República Española. Y, además, como ya dirigía yo los Cursos de La Granda, impresionado por los planteamientos que escuchaba del profesor Veríssimo, introduje en la conversación a Teodoro López Cuesta, y con las explicaciones que ambos le dimos sobre estos cursos, y el interés que tendría avanzar todo lo posible alrededor de la realidad portuguesa, logramos que nos asegurase que con un amplio conjunto de historiadores e intelectuales de su nación, vendría en el próximo agosto a reunirse con colegas españoles.

Recuerdo que comenzó inmediatamente el profesor Veríssimo a señalarnos los nombres y la importancia intelectual que tenían las personas a las que contaba transmitir nuestra invitación. Así creo que se inició un eje intelectual lusoespañol, en el que actualmente pasa a tener una importancia extraordinaria el profesor Emilio de Diego. Casi inmediatamente recibí una confirmación desde Lisboa, con los nombres exactos que sugería para esa primera reunión, acompañada de un conjunto de volúmenes de esa obra suya, extraordinariamente valiosa en todos los sentidos titulada Historia de Portugal. Su consulta mucho me ha ayudado en mil ocasiones, porque está muy bien orientada y muestra con claridad qué aspectos se derivan de decisiones políticas, de novedades sociales y, no digamos de problemas económicos.

Y desde su primera estancia en La Granda, solo o acompañado de portugueses o españoles, recorrió multitud de lugares de Asturias. Desde La Granda no dejaba de comentar inmediatamente lo que opinaba sobre el intento fracasado, del denominado Alfonso IV, después de haber contemplado sus emblemas y probablemente su sepultura en San Martín, en Salas, o no digamos el paisaje que contemplaba desde el Cabo de Peñas, y no puedo olvidar su reacción extraordinaria cuando visitó la Cámara Santa, pero también su multitud de comentarios, durante mucho tiempo, después de observar en Ensidesa la corriente de acero fundido y los acontecimientos complementarios de este progreso; le impresionó mucho el papel que había tenido la Universidad de Oviedo en el conjunto de las alteraciones españolas del paso del siglo XIX al XX, tras su visita a ella y su conversación con profesores de la misma.

Pero, además, desde La Granda recuerdo que salía andando a contemplar todo el entorno, comentando después paisajes, incluso pequeños hallazgos. Se convirtió en una de las piezas claves, a partir de ese año, de los Cursos de La Granda y así, en el libro reciente de Inmaculada Aladro Majúa, "La Granda (1979-2019)" esto se destaca ampliamente en las páginas 223-225. Como consecuencia de todo ello recuerdo que más de una vez me dijo: "¡Qué maravilla es ésta de Asturias! Lo que agradezco ir un verano y otro a La Granda como centro de algo que ha pasado a apasionarme".

Y nos legó, además, una herencia impagable, porque cuando la enfermedad impidió que viniese a Asturias, hizo que lo reemplazase la que sería su sucesora en la presidencia de la Academia Portuguesa da Historia, Manuela Mendonça. Y eso ha hecho que, no sólo en el ámbito de la Historia, sino desde entonces en multitud de cuestiones variadísimas, en los Cursos de La Granda es Portugal, un año tras otro, algo presente.

Por señalar un dato significativo, este martes, ese gran experto en las apasionantes cuestiones económicas relacionadas con la necesidad imperiosa de no abandonar la línea de una profunda reestructuración industrial que es el profesor Molero, señaló que "nos debe mover también en relación con estas cuestiones que hoy debatimos sobre el cambio radical a dar en nuestra industria, con este dato que debemos tener presente por nuestro papel en la economía europea. Cuando lleguen aquí los portugueses que, herederos de Veríssimo Serrão, acuden todos los años a estos cursos, seguro que nos ratificarán lo que, según datos del Europea Innovation Scoreboar, elaborados para esa institución por la Unión Europea con una síntesis de veintiocho índices, Portugal ha superado a España en temas de innovación y, además su I+D sobre el PIB, el gasto portugués, como indican las cifras de la OCDE es mayor que el de España."

Siguiendo la frase del profesor Veríssimo sobre lo valioso que era descubrir Asturias desde La Granda, pasa a ser también valioso lo que supone descubrir Portugal gracias a la labor iniciada por el profesor Veríssimo y continuada hasta ahora por la profesora Mendonça. Así pues, desde aquél gran historiador, desde La Granda se descubre a Portugal.

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