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Mar Norlander

Crítica / Música

Mar Norlander

La conciencia sobre el cambio climático clausura el LEV

El estreno en España de la performance “The End of the World” en el Teatro Jovellanos clausuró el ciclo de conciertos del Festival Internacional de Creación Audiovisual (LEV) de Gijón, poniendo un plus de calidad a la edición de este año. La performance es ideada por el pianista ucraniano Lubomyr Melnyk junto con el colectivo “SPIME.IM” de Turín, que se encargó de la parte electrónica y visual, y la violonchelista canadiense Julia Kent, a la que tuvimos ocasión de ver en ediciones pasadas del LEV. La propuesta es un mensaje sobre la necesidad de dejar de utilizar la electricidad para acabar con el calentamiento global, siendo una de las causas principales el uso de la energía nuclear, tal como nos advertía Melnyk en su presentación inicial.

La obra va transitando por diferentes partes bien equilibradas, comenzando con sonidos minimalistas en arpegios de piano y melodías con notas largas del chelo, mientras las imágenes nos sitúan en medio de bosques frondosos y paisajes naturales. Se van incorporando sonidos electrónicos que poco a poco empiezan a intoxicar esos verdes naturales, hasta llegar a una segunda parte en la que la destrucción comienza a asomar, muy bien representada por la simbiosis entre sonido e imagen. Los sonidos de explosiones alternando con silencios, sobre imágenes de mapas y gráficos temporales a modo de flashback que van y vienen, recordando a la audiencia que las advertencias sobre lo que está pasando no son nuevas, intensifican las sensaciones de una butaca bien repleta.

Después del primer caos, el chelo monta una base creando loops en pizzicato para desgranar melodías con el arco, alternando con sonidos y ruidos electrónicos que nos acercan más a la destrucción con nuevos mensajes de advertencia. Macrociudades iluminadas como símbolo del progreso en contraste con los bosques, glaciares y mares se empiezan a desfigurar al mismo tiempo que se escuchan sonidos de bombas y texturas muy densas hasta que captamos la guerra, el fuego y la destrucción, representado por pixeles negros y grises que lo devoran todo.

Los artistas juegan con la saturación del sonido y los silencios para causar terror. Y empieza la cuenta atrás una y otra vez, representada por líneas azules que se van convirtiendo en intensos rojos hasta que saturan toda la pantalla, como símbolo de la contaminación.

Pero Lubomyr Melnyk, a pesar de su origen ucraniano y de la constatación del horror que vive su pueblo, es optimista y deja para la última parte un mensaje de esperanza. Para ello contó con la voz soprano de Laura Cotarelo que interpretó dulcemente unos versos luminosos sobre una intensa luz naranja de fondo, a modo de sol. Melnyk termina el espectáculo con múltiples arpegios dulces de piano y logra el doble objetivo de la performance: concienciar al público sobre el cambio climático y, sobre todo, disfrutar de un buen espectáculo, ya que, recordando sus palabras iniciales, la música también es para divertirse. Una performance para repetir.

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