Opinión

Moisés Mori

Annie Ernaux, escribir la vida

La narradora francesa no explora el yo, sino sus condicionantes sociales

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022, reunió en 2011 el conjunto de su obra hasta ese momento bajo el título general de "Escribir la vida" ("Écrire la vie", Gallimard), pues toda su escritura es notoriamente de raíz autobiográfica. Sin embargo, dos años antes (2009), invitada por el College de France a participar en un seminario sobre literatura autobiográfica (llamado justamente "Escribir la vida"), había puesto a su intervención el título "Esto no es una autobiografía".

Y esto que, en principio, pudiera parecernos una contradicción, lo explica sin embargo la escritora. Pues aunque nosotros no dudamos en clasificar sus libros como autobiográficos, ella prefiere referirse a ellos con términos como autosociobiografía, etnología familiar y otras expresiones parecidas, que conducen en definitiva a entender el yo de su relato escrito como –el término también es suyo– un yo transpersonal o impersonal.

La obra de Annie Ernaux no debería entenderse, por tanto, como una autobiografía convencional; para la autora, escribir la vida no significa indagar en su vida particular, anotar los vaivenes de un sujeto singular, irrepetible. La intención siempre declarada de Ernaux es ajena a un "trabajo sobre el yo", ya que no pretendería analizar los oscuros pliegues de su personalidad o buscar explicaciones psicológicas a sus actos, sino presentar esa vida, su vida, como muestra de una corriente superior, como el resultado de unas circunstancias históricas que determinan asimismo otras muchas vidas. Su escritura parte abiertamente de lo individual, pero se orienta a un análisis de las condiciones sociales de esa existencia; aspira igualmente a que su experiencia particular esclarezca la vida de otros, desvele algunos mecanismos sociales e intervenga en el debate ideológico.

La advertencia de que "esto", su obra, "no es una autobiografía" apunta, pues, hacia este objetivo, trata de señalar esta dimensión que supera lo personal. Así, por ejemplo, en "Los años", uno de sus libros más celebrados, y a partir de los propios recuerdos, se evoca y repasa igualmente la historia reciente de Francia, las transformaciones más significativas (cultura, política, hábitos diversos) de la sociedad francesa desde 1940 a nuestros días. De hecho, algunos sociólogos han tomado diversos textos de la escritora como documentos para el análisis de las condiciones de vida en su medio de origen. Y Ernaux, a su vez, ha señalado la importancia que en su formación ha tenido la obra de Pierre Bourdieu.

En cualquier caso, al menos desde "El lugar" (1983) –y tras tres títulos que aún presentaban algunos rasgos de novela– todos sus libros, en efecto, se sitúan al margen de la ficción. La narradora no pretende transfigurar la realidad; por el contrario, con estilo conciso y muy directo (una escritura llana –dice–) quiere evocar lo vivido, rescatarlo por escrito. Así, "El lugar" recrea o rescata la vida de su padre (ya entonces fallecido), un obrero normando reconvertido, junto a su mujer, en patrón de un pequeño negocio familiar (una tienda-café) en el pueblo normando de Yvetot. "Una mujer", centrado en la decisiva figura materna, y "La vergüenza" recogen ese mismo ámbito familiar y social en el que creció la pequeña hija de los tenderos. Y es ese el espacio social del que a través de los estudios, de la cultura y, en definitiva, del esfuerzo de sus padres, se irá apartando hasta sentirse –así lo dice– como un tránsfuga social. Es la hora crítica, el momento de escribir.

"El acontecimiento", publicado en 2000, donde se recoge la experiencia de un aborto clandestino en la época universitaria (1964), cuando la hija de los tenderos terminaba en Ruan su licenciatura, representa el más claro entronque o enlace de esta materia familiar, original, con un segundo bloque o grupo de obras relacionadas más expresamente con la intimidad amorosa, sexual, con el género si se prefiere ("Pura pasión", "Perderse", "Memoria de chica"...). No hay sin embargo corte alguno entre los dos ámbitos; son totalmente interdependientes. La escritora resume así la intencionalidad de toda su obra: "Que mi escritura contribuya a la subversión de las visiones dominantes del mundo".

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