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Felipe VI: "La guerra no podrá destruir la cultura, ni los valores que representa Europa"

El Rey agradece a Fernández-Vega su liderazgo en "unos años llenos de incertidumbre" en su discurso en el Campoamor

VÍDEO: Así fue la emotiva entrega de los premios Princesa de Asturias 2022

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VÍDEO: Así fue la emotiva entrega de los premios Princesa de Asturias 2022 Chus Neira

La guerra de Ucrania, la amenaza de un conflicto bélico por toda Europa y la resistencia que la palabra, el arte, la cultura y la ciencia suponen ante ese horror fueron ayer telón de fondo y protagonistas de una ceremonia de entrega de los premios «Princesa de Asturias» sin más sobresaltos que el desgarro flamenco de Carmen Linares y María Pagés, premiadas en la categoría de Artes, con el breve cuadro que interpretaron al recoger el premio.

A la guerra se refirió el Rey varias veces en su discurso, hasta siete, las mismas que la palabra «mundo», dos de las más citadas: «La cultura es víctima de la guerra pero la guerra jamás va a destruir la cultura, ni los valores que representa, como tampoco la libertad y la dignidad de los seres humanos, que son la esencia de estos Premios y de nuestra Fundación, unos valores que también representa Europa». No fue Don Felipe el único en agitar esa bandera de la paz y en alertar de los peligros que amenazan al viejo continente. Lo hizo, con vehemencia, el premio «Princesa de Asturias» de Comunicación y Humanidades, el periodista polaco Adam Michnik –«Putin no puede ganar esta guerra; ayudar a Ucrania en su lucha es el deber de todos los demócratas del mundo»–, lo dejó caer el premiado de las Letras, el dramaturgo Juan Mayorga, cuando al hablar del poder que esos signos, las letras, citó los de «unir a un pueblo o dividirlo, declarar una guerra o detenerla»; y el propio Eduardo Matos Moctezuma, premiado en Ciencias Sociales, parecía estar trayendo el pasado al presente, ese camino que, insiste, nos muestra la arqueología, en el momento en que habló de la historia de México y España y recalcó que «toda guerra conlleva muerte, destrucción, desolación, imposición, injusticia y violencia».

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EN IMÁGENES: Así fue la ceremonia de entrega de los premios "Princesa de Asturias" 2022 Miki López

La edición de este año trajo algo de normalidad después de una serie de ceremonias marcadas por factores excepcionales, fueran el clima político nacional con la crisis catalana, el debut de la Princesa Leonor, el covid o las restricciones que vinieron después. Este año el Campoamor había recuperado su aforo al completo y no había separación entre gaiteros, vecinos con bandera, autoridades y fuerzas de seguridad. El grupo republicano de «los fartones» ya no tenían globo y parecían mermados en la Escandalera. Daba la impresión de que circulaban más coches y había muchos más metros de moqueta azul Oviedo, a juego con la ciudad y con las tonalidades dominantes entre los miembros de la Familia Real, tal y como se apreció cuando se bajaron del vehículo oficial. «¡Y qué piernas!», celebraba de la Infanta y la Princesa una trabajadora del teatro que seguía la ceremonia en un monitor de televisión en un pasillo del Campoamor.

Leonor este año ya no habló en inglés, pero habló más en castellano y de forma distinta a la de otros Premios. Fueron 699 palabras frente a las 403 de 2021, un incremento del 73,4% con giro en el punto de vista al reiterar la fórmula «me importa y me interesa», que le sirvió para ir hilvanando cosas y nombres de cada uno de los premiados. La estructura recordó a la del discurso de su padre, solo que en pequeño y pegada a los papeles, pero también con coda moralizante, en su caso, tomando la voz de los jóvenes que quieren mejorar el mundo mirándose en la excelencia de gente como los premiados.

Dentro del teatro, el acto de entrega siguió el guión sin salirse del carril, desarrollado entre dos himnos a la gaita. El de España, de entrada, y el de Asturias, de salida. Los premiados fueron llamados y ocuparon su lugar. Pagés y Linares ya iban repartiendo arte al avanzar por el pasillo, Eduardo Matos Moctezuma se paró un segundo para saludar al chelista mexicano Carlos Prieto y el premio de la Concordia, Shigeru Ban, ejecutó tres reverencias con cuarenta y cinco grados de separación, lo que, en realidad, le impidió orientarse hacia el palco real, ocupado por la Reina Sofía, siempre pegada a los discursos durante la ceremonia.

En el primero, el presidente de la Fundación Princesa de Asturias, Luis Fernández-Vega, aprovechó para despedirse –«llega el final de mi etapa»–, echar la vista atrás y agradecer el apoyo de los Reyes y de toda la institución durante los «difíciles» años de la pandemia en que lograron «mantener la esperanza». La idea del relevo en la casa que sostiene los Premios Princesa estuvo presente en su intervención y también en la del Rey, que dedicó a la nueva mujer llamada a ponerse al frente de la Fundación, la catedrática de Economía Financiera Ana Isabel Fernández, palabras de bienvenida: «Sabemos que tu compromiso es firme y te deseamos todo el éxito».

Las intervenciones de los premiados empezaron con uno de los mejores textos que se hayan pronunciado en voz alta en el Campoamor durante estas galas en los últimos años. El de Juan Mayorga, premio de las Letras, a las que dedicó, en su sentido puro de «puñado de signos», «magia de dibujos y sonidos», una de sus hermosas composiciones. Interpretándose a él mismo, el dramaturgo fue sin papeles y dijo lo que su hija Raquel al conocer que las letras eran unas pocas con las que se podían hacer muchas palabras.

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De esa magia del poder de las letras, «que pueden darnos tanta felicidad y hacernos tanto daño», saltó al teatro, otro lugar milagroso capaz de contenerlo también todo: «En un escenario cabía el mundo. En un escenario cabíamos todos». Relató su fascinación ante Lorca o Calderón, sus comienzos en la escritura dramática y, al fin, esa idea de «compañía» como «los que comparten el pan», aplicada también, en la noche de ayer, a sus colegas en las sillas de premiados: los científicos Yann LeCun y Demis Hassabis, al arquitecto Ban, a Moctezuma, a Michnik, a Ellen MacArthur, a Linares y a Pagés, a Thomas Bach y los deportistas refugiados Eldric Sella y Masomah Ali Zada. Mayorga confesó que estos días eran como un sueño, «después de verse acogido por gentes tan afectuosas como solo suele haber en los cuentos», palabras que recordaban las de aquel otro premio «Príncipe», el director Woody Allen, que pasó por aquí y dijo que había sido como estar en un relato de hadas.

El discurso de Mayorga, que dejó en el aire la posibilidad de acabar convertido en pieza dramática como ya hizo con el de su ingreso en la Real Academia, dio paso al de Michnik. El polaco, un hombre que agitó la señal de victoria en sus entradas y salidas, cargó sus tintas contra la guerra de Putin y aquel régimen, «una guerra malvada desencadenada por hombres malvados» y por las «señales preocupantes en Europa y Estados Unidos». Michnik habló del «populismo agresivo, del nacionalismo y del autoritarismo», del «desprecio expresado en el lenguaje de la izquierda y de la derecha». «Los fascistas», resumió citando al poeta polaco Ryszard Krynicki, «a menudo cambian de camisa». El historiador alertó de la «visión absurda» que propugnan los totalitarismos: «un mundo éticamente puro o perfectamente igualitario», como los campos de concentración, ironizó con amargura.

VÍDEO: Así sonó el "Asturias Patria Querida" que puso en pie al Teatro Campoamor

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Michnik acabó citando a Unamuno, y en esa alusión coincidió con Eduardo Matos, aunque en contextos muy distintos. El arqueólogo centró más su intervención en su peripecia biográfica y en el agradecimiento a todas esas personas que le ayudaron a lo largo en su carrera, también en la historia de México y España y en como se han de reconstruir las relaciones, lejos del rencor y cerca de los acuerdos, de los pactos, de las reconciliaciones.

También pegado a su experiencia discurrió el texto de la regatista y activista Ellen MacArthur, que aprovechó sus minutos para hacer un llamamiento a la economía circular, al reciclaje y al último logro: «Ser la generación que permitió que las futuras generaciones pudieran transmitir un planeta más saludable».

Entre unas y otras intervenciones, los premiados recogieron sus galardones, momento que Carmen Linares y María Pagés aprovecharon para regalar un pequeño cuadro flamenco que alteró la dinámica de la tarde y emocionó al público, descolgado en «¡oles!» y aplausos. Se habían aproximado a saludar, se fundieron en un abrazo, se hablaron al oído y Linares pidió un micrófono. De su voz noble y soberana se escucharon algunos de los últimos versos que escribió Juan Ramón Jiménez, poesía traspasada por el dolor de la pérdida: «Cuando esté con las raíces/ llámame tú con tu voz./ Me parecerá que entra / temblando la luz del sol». Eran parte de aquellos cantares dedicados al de Moguer con los que ganó el Premio de la música en 2008. Pagés, a su lado, jaleó y respondió con zapateo y atravesando el aire con su cuerpo y su mantón. Fueron tres minutos recibidos por el público como una actuación de una hora.

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EN IMÁGENES: Así fue la alfombra azul de los premios "Princesa de Asturias" para entrar a la ceremonia en Oviedo Miki López

Solo quedaban el Rey y su hija. Tras Leonor, Don Felipe repasó los méritos de los premiados y acabó con el mensaje antibelicista que extendió al europeísmo desde sus orígenes: «La idea de una Europa unida para conseguir y preservar la paz en el continente sigue estando plenamente vigente». En ese proyecto «de progreso, libertad, equidad y respeto» es donde España, concluyó, debe estar, «en forjar unidos un futuro de paz, justicia, libertad y esperanza». Toda esa hoja de ruta esperanzadora tiene en los premiados la demostración de que es posible ponerla en práctica. Se lo dijo a sus hijas, a los jóvenes y a todo el mundo, que ese ejemplo, un año más, se ha visto desde aquí: «Asturias nos demuestra, un año más, que es capaz de reconciliarnos con lo mejor del ser humano».

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