Todas las cuentas rojiblancas pasaban por lograr al menos un punto y despedir el año fuera de los puestos de descenso. Se las prometían tan felices los rojiblancos, como la niña del cuento de Samaniego. El primer tiempo alimentó la fantasía de mirar desde arriba a los puestos de peligro, pero algo se torció al descanso. El Espanyol dio un paso adelante pero el Sporting resistía en un escenario controlado y seguía prometiéndoselas muy felices con su punto en el zurrón, cuando un mal paso de Cuéllar hizo caer el equipo y, como en el cuento, rompió la lechera.

Hay decisiones que marcan el rumbo de un partido. Una fue la que tomó Abelardo para que Douglas marcase a Caicedo en las jugadas de estrategia, con clara ventaja física para el ecuatoriano. Otra la tomó Del Cerro Grande, que vio una inexistente falta de Rachid en una disputa con Jurado. La tercera, la más evidente, fue la salida en falso de Cuéllar, que facilitó a Caicedo el gol más fácil de su carrera. No estuvo fina tampoco la defensa en la marca de esta jugada. El buen Sporting del primer tiempo había mudado ya en un equipo timorato, incapaz de salir de su campo y sometido por el empuje blanquiazul. Ese dominio no se había traducido en grandes ocasiones de gol, hasta que el error flagrante del portero terminó condenando al equipo. El Sporting no dio síntomas de reacción hasta el sprint final, cuando puso cerco a la portería de un Diego López que ayer entró para siempre en la historia del Espanyol (récord de imbatibilidad). En un suspiro se pasó del empate a la sentencia. Y el bonito gol de Cop tuvo menos relevancia que un adorno navideño. El Sporting no logra salir de pobre.