06 de marzo de 2017
06.03.2017

El Molinón se asoma al abismo

La derrota del Sporting devuelve el pesimismo sobre la permanencia tras una jornada abierta con el himno a capela y la confianza en salir del descenso

06.03.2017 | 01:46
El Molinón se asoma al abismo

Ganar, ganar y ganar. La megafonía de El Molinón marcó el camino desde minutos antes de que los jugadores saltaran al terreno de juego. La afición del Sporting echó el resto para conseguirlo. Tras una semana envuelta en mensajes de apoyo al equipo repartidos por la ciudad, el intencionado olvido de la goleada en el Camp Nou y la cita para cantar el himno a capela como muestra de una unión inquebrantable, la derrota ante el Dépor ha devuelto el pesimismo al sportinguismo, que ve cómo la jornada marcada para salir del descenso, termina con la permanencia alejada ya a siete puntos.

Los 1.300 seguidores del Deportivo se hicieron sentir en El Molinón a falta de quince minutos para que echara a rodar el balón. El municipal gijonés, a media entrada todavía, respondió a los cánticos gallegos con silbidos, en una manera de marcar territorio. No hubo lleno, aunque faltó poco: 24.307 espectadores. El público recibió a los rojiblancos con un mosaico formado por bufandas extendidas, bajo las que cada sportinguista correspondió al llamamiento realizado en los días previos al encuentro y entonó el himno del Sporting. A capela, siempre suena más cercano, más intenso.

No intimidó al Deportivo, que tuvo el balón en el inicio del encuentro, aunque la primera ocasión fue para los de casa. Un disparo alto de Sergio que reforzó la confianza en la victoria. Las únicas dudas fueron las de saber si Moi Gómez, renqueante tras recibir un golpe, estaba en condiciones de seguir. Víctor Rodíguez no tardó en relevarle.

La siguiente acción de peligro del Sporting terminó con Traoré por los suelos tras ser agarrado por Fernando Navarro y el clamor de la grada para que pitara penalti Mateu Lahoz, que comió con Mejuto González el día anterior, con las redes sociales por testigo. Lo pitó, poco después, en el área contraria, para desesperación de la Tribunona. El visitante Çolak se encaminó a castigar las manos de Vesga y se topó con las de Cuéllar, el bicentenario. "¡A por ellos!", cantó entonces una afición rojiblanca enardecida, en buena medida para liberar los nervios. El jarro de agua fría llegó en los minutos finales del primer tiempo, con el cabezazo de Mosquera. El tanto de los gallegos silenció hasta las habituales tertulias durante el tiempo de descanso.

La reanudación dio para pocas alegrías. El Sporting siguió estrellándose contra la defensa del Dépor, a base de balones por arriba a Traoré, al que le gustan al pie, e internadas frustradas de Burgui. El paso de los minutos iba mostrando rostros cada vez más serios en la grada. El empate se planteaba ya como una bendición. La tensión se notó en el pique de Canella con el banquillo visitante y comenzó a tornarse en desesperación tras acciones como la mano salvadora de Lux a un remate a bocajarro de Traoré. La entrada de Cop mantuvo la fe en cazar algún balón arriba. El cartelón anunció entonces tres minutos de prolongación. Tiempo escaso para un Molinón que protestó una vez más, resignado a su suerte, asomado ya al abismo de un posible descenso.

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