13 de mayo de 2017
13.05.2017
Por libre

Puerta grande o enfermería

13.05.2017 | 19:50
Puerta grande o enfermería

En vísperas de un partido como en el que en esta jornada habrá de medir al Real Sporting (Sociedad Anónima Deportiva, para desgracia de todos los sportinguistas), frente al Eibar, y en el que lo más factible es que se dé el fatal desenlace que supondría el descenso a Segunda, saltan a mi memoria aquellas palabras que pronunciara en su día el ex entrenador rojiblanco Sandoval a su llegada a Gijón: "puerta grande o enfermería". Palabras que todo sea dicho, se ve que gusta de usar en situaciones límite, pues las repitió también cuando aterrizó en Granada. Que nadie piense que trayendo a colación al de Humanes, pretendo reabrir heridas del pasado (nada más lejos de mi intención); pero es que esa "puerta grande o enfermería", me viene que ni de perlas para definir la actitud con la que el Sporting debería saltar al césped de Ipurúa. No hay otra: hay que salir a ganar, ganar y ganar. Y luego esperar a que la suerte nos acompañe (porque nadie puede negar que solo un guiño de la diosa fortuna podría salvarnos), y podamos abrir esa puerta grande que supondría llegar a la última jornada aún con opciones. Y si no, pues eso: enfermería.

Después del fallido 'experimento Carlos Castro' de la última jornada, con el canterano en la demarcación de interior derecho (posición totalmente extraña para él), no parece probable que Rubi opte por nuevas aventuras de última hora. Es de esperar por ello que el once que busque salvar este 'match ball', se asemeje mucho al que vimos en el segundo tiempo frente a Las Palmas. Todo lo más, podría considerarse si acaso la posibilidad de un cambio en la punta de ataque. Tendríamos así un once como el que formarían Cuéllar en portería; línea defensiva para Douglas, Meré, Babin y Canella; centro del campo con Sergio y Vesga, acompañados por Moi, Carmona y Burgui; y arriba Cop. Aunque como digo, tanto Traoré como Carlos Castro pudieran tener sus opciones para sustituir al croata, así como por qué no, Isma López, quien habituado a los 'típicos milagros de todos los años', podría ocupar el puesto de un Burgui venido a menos en las últimas jornadas. Veremos a ver por qué se decanta finalmente Rubi, el más creyente de los creyentes, en unos momentos donde la fe de buena parte del sportinguismo parece haber decaído, en contra de lo que reza nuestro himno. Solo así puede entenderse la devolución de casi cien entradas que desde Eibar se habían enviado a Gijón.

Dentro del club, ajenos quizás incluso a lo que todavía nos estamos jugando, siguen trabajando (créanme que he sentido la tentación de entrecomillar esto último) en la búsqueda de un nuevo Secretario Técnico o Director Deportivo. Llámenlo ustedes como quieran, que tanto monta, monta tanto. Al final, el bacalao, no lo olviden, será otro quien lo corte. Pero siempre tiene que haber un pez al que cortarle la cabeza llegado el momento.

Quien por cierto corta (y mucho) dentro del Sporting, es el abogado sevillano Ramón De Santiago, mano derecha del hijo del ilustre hombre del apellido prohibido, y que tras el cargo de Secretario pero no consejero, influiría en muchas de las decisiones que se toman en la entidad rojiblanca. De ahí la expectación que suscitó la entrevista que concedió esta semana a Radio Marca. Si bien, si quieren conocer mi opinión, no dijo nada que a estas alturas no pudiéramos esperarnos. Porque lo de que la venta del club está parada (asunto mayor donde los haya) o lo de que con el descenso a Segunda, encontrar un patrocinador resultará más complicado (asunto menor, aunque no despreciable), no creo que pueda sorprender a nadie que posea algo de memoria histórica. Y es que como si de un 'déjà vu' se tratara, cada vez que se produce un descenso, o como es el caso, se está próximo a él, los discursos de intenciones se repiten. Ya saben: Mareo y tal y tal.

Les dije y lo mantengo que mi impresión es que si por este Consejo fuera, de descender, que sea ya en esta jornada. Esperarían que con ello y con el horario establecido para la última jornada (sábado a las 17:00), al que se podría unir un día soleado, la asistencia a El Molinón se viera mermada. Se ahorrarían en parte de este modo, la más que previsible protesta de los aficionados. Claro que no cuentan con que lo mismo hasta los propios aficionados béticos que nos visiten, pudieran unirse a las muestras de indignación que pudiesen vivirse en el templo gijonés. No ha sido tampoco para ellos una temporada en absoluto satisfactoria.

En todo caso, en estos días en los que gracias a Eurovisión, el karma está de moda, vamos a confiar en que el Sporting's karma acabe por poner a cada cual en su lugar. Si fuera así, más allá de personas e individualismos, el Real Sporting (nuestro Sporting de toda la vida), nunca debería abandonar el suyo: la Primera División.

Post Scriptum: en el hipotético caso de que se lograra la victoria en Eibar y se diesen los resultados favorables para que todo se decidiese en la última jornada: ¿se descolgaría el teléfono rojo?

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