14 de octubre de 2018
14.10.2018

Carmona evita otro descalabro

Un gol del balear en el descuento y de penalti rescata un punto ante el Reus en medio de la bronca de El Molinón para pedir la destitución de Baraja

14.10.2018 | 00:41
Carmona evita otro descalabro
Carmona, abrazado por Djurdjevic, celebra el gol del empate ante el Reus.

El Molinón estalló. El Sporting necesitó de dieciocho disparos para salvar un punto, de penalti y en el descuento, ante el Reus. Los rojiblancos fueron de más a menos, desangrados por un centro del campo inexistente, la interminable sequía goleadora de Djurdjevic -que incluso falló un penalti- y giros inesperados como la entrada del inédito Juan Rodríguez, casi descartado en verano y recurso de emergencia en plena "minicrisis", entrando en lugar de uno de los diez fichajes de Torrecilla, el mismo que quince días antes era de plenas garantías. Así, la paciencia es normal que se agote y con Baraja queda poca o ninguna. El campo pidió su salida, junto a la de la directiva, y abroncó a los jugadores al final del partido.

El entrenador del Sporting tiene una papeleta extremadamente difícil. Arreglar una situación como la actual, con El Molinón, su gran bastión desde que llegó, levantado en pie de guerra contra el eslabón más débil de una cadena que continúa con el director deportivo y acaba en el consejo de administración, es complejo. Le ayuda que la memoria en el fútbol, muchas veces, es corta. También que le llegan ahora dos partidos fuera de casa, en Copa ante el Rayo Majadahonda, y en Liga ante el Cádiz, para ganar tiempo y calma a base de resultados. Justo es decir que el equipo tuvo poco que ver, de inicio, con el visto en el Wanda. Los problemas, sin embargo, se repiten.

Carmona salió al rescate de un Sporting que continúa con un centro del campo inexistente. Ni Cofie ni André Sousa se impusieron a la medular del Reus. Nadie espera que, con ambos, este Sporting dé una lección de combinaciones en el centro, pero tampoco se disfruta de ese fútbol agresivo e incómodo para el rival que se les presupone. El rendimiento de ambos en las últimas dos jornadas hace inexplicables ausencias como las de Nacho Méndez, en el banquillo o Cristian Salvador, en la grada. La luz la aportó, desde la mediapunta, Carmona, mudado a una posición en la que sí dio ejemplo de lo que deben desempeñar teóricas figuras como Robin Lod, ausente por su compromiso con la selección.

La tarde se quedó en buenos propósitos, como los elogiables homenajes en la previa del partido, al benjamín rojiblanco, campeón de España o el dedicado a Roberto Canella, por sus 300 partidos oficiales con la camiseta del Sporting. Dos signos de sportinguismo. Dos señales de por dónde deben pasar futuro y presente.

El Sporting salió avisado. El Molinón le recibió entre silbidos. Hubo amago de bronca cuando los jugadores saludaron desde el centro. El Reus, sabedor de que amenazaba tormenta, se marcó un Rayo Majadahonda. Apostó por tres centrales y dos carrileros largos, mismo dibujo que el del verdugo de los rojiblancos el pasado lunes, en el Wanda. Fuera por la presión del público, o no, no tuvo nada que ver el inicio de los del Pipo con el de días atrás. Cambió la actitud, la ambición. Al menos, de inicio. A los tres minutos, Edgar Badía, portero visitante, ya blocó el primer balón. La nueva cara del Sporting empezó por Carmona. La presencia del balear en la mediapunta dio otro vuelo al equipo. Participó en la creación, abrió y aprovechó pasillos. Incluso conectó dos cabezazos que se le fueron arriba. Los gijoneses tenían controlado un encuentro envuelto en el runrún de la grada, resabiada de tanta decepción cuando toca salir de casa.

Baraja ganó una primera batalla. El Sporting acabó sacando partido de su presión, a la que por momentos le obligó el público castigando sus dudas para ir a frenar los interminables pases horizontales de la zaga catalana, y también el empeño de un Carmona en el papel de líder al rescate. El Reus, a la media hora, renunció a sacar en corto. Parecía un paso. Sin embargo, los de Baraja siguieron tropezando en piedras como el desacierto de Cofie con balón y sin él, o el muro que se ha construido ante Djurdjevic. El serbio dejó un remate de cabeza, picado, a centro de Sousa, antes de aumentar la desesperación general con voleas al aire. Metió la mano en un balón que iba limpio a la cabeza de Álex Pérez y que el madrileño mandó a la red. Varón Aceitón anuló el tanto con justicia. Sin embargo, a la siguiente acción, castigó al Reus con un penalti inexistente que se pidió el fichaje más caro de los rojiblancos. Djurdjevic tiró a la derecha de Edgar Badía, blando. El meta rival despejó para mandar el partido al descanso.

El paso por vestuarios devolvió a un Sporting diferente. Con menos claridad y más prisas. El equipo empezó a romperse y la internadas de Traver, que debutó a buen nivel como titular, y Álvaro Jiménez empezaban a ser más actos precipitados que verdaderamente intencionados. El cordobés tuvo tiempo de poner un claro balón de remate a Djurdjevic que el serbio acompañó con la mirada. El castigado fue Álvaro, sustituido por Neftalí. Baraja quiso enmendar así su error en el Wanda. No cambió delantero por delantero, sino que esta vez echó mano al extremo. Carmona se fue entonces a la banda y la construcción del juego desapareció.

Cinco minutos después del primer cambio de Baraja, que le costó una buena bronca de la Tribunona, entregada a Álvaro, Mario Ortiz vio el pasillo a la espalda de Juan Rodríguez, sustituto del señalado Peybernes. El centrocampista del Reus le puso un caramelo a Linares que no desaprovechó. Gol de exoviedista para atizar el ambiente. El Molinón ya no aguantó más. La tormenta arreció. Empezando por el entrenador y siguiendo por la directiva en un palco en el que sólo se encontraba Fernando Losada para aguantar el tirón. Con el equipo ya a la deriva, con Nacho Méndez saliendo por Cofie para resolver el entuerto y más apariciones inesperadas como la de Geraldes por Molinero, Neftalí sacó un penalti de pícaro al veterano Olmo. Carmona lanzó y acertó. Salvó un punto en un partido en el que, probablemente, el Sporting mereció más, pero en el que pagó dudas y contradicciones convertidas en costumbres.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook